Respuesta a Laureano Márquez

Un cómico y que venezolano ¿o será mejor decir un payaso? al que mientan Laureano Márquez hizo circular por las redes una nota en la cual expone, en forma de preguntas, las causas por las cuales no firma contra el decreto de Obama. En líneas generales, el arlequín expone que como hay delincuencia, escasez, crímenes y más problemas no vale la pena preocuparse por una invasión. O peor aún, es mejor que nos invadan.

Dice el payasito que Venezuela era un país donde se encontraba solidaridad, paz, amor y unión. Donde todos nos vivíamos como hermanos. ¿Había visto usted un manipulador más descarado? 

Para Laureano los venezolanos que vivían en los ranchos miserables, que hoy están siendo reemplazados por casas dignas de la Misión Vivienda, eran hermanitos de la gente que vive en la Lagunita Country Club.

El mojón se lo podrán tragar los descerebrados para los que escribe el payaso en cuestión, pero a los 18 millones de venezolanos que vivía en pobreza antes de la llegada de Chávez y los 7 millones de ellos que vivían en la miseria (pobreza extrema) no les pasan ese strike. Ellos nunca se enteraron de que tenían unos hermanos que estaban bien conectados y disponían de bienes y poder suficientes como para ayudarlos a salir de su estado de postración.

Habla el cómico de una solidaridad que había en Venezuela y se ha perdido (obviamente por culpa de Chávez). Para este pendejo esa cualidad intrínseca del venezolano era propiedad de los escuálidos y de la IV República. No son solidarios para él, los miles y miles de venezolanos que voluntariamente se incorporaron a la Misión Robinson para sacar de la oscuridad del analfabetismo (en la cual los habían abandonado esos hermanos de los que habla Laureano) a millón y medio de compatriotas.

No es un acto de solidaridad lo que se hace en la misión Negra Hipólita con los pobres en situación de calle y mucho menos son solidarios los venezolanos que albergaron en sus casas a miles de médicos y entrenadores cubanos que vinieron a brindar atención médica a un pueblo humilde que moría de mengua.

Solidaridad es para Laureano la que mostraban sus amigos del colegio médico que siempre respaldaron el que se dejara morir de mengua al que no tuviera una buena paca de billetes para pagar por adelantado.

También dice el arlequín, refiriéndose a la IV República,  que todos los domingos en familia se desayunaba arepa con queso guayanés, reina pepeada, perico caraotas y carne mechada.

¿A qué familias estará haciendo referencia? ¿Acaso a aquellas en las cuales los niños que comían perrarina y  tomaban por tetero el agua en la que se hervían los espaguetis (con azúcar si había)? O ¿a aquellas que hacían carne mechada con la concha de los plátanos verdes?

De lo que dice Laureano puede concluirse que el Padre Cantor (Alí Primera) mentía, cuando decía ¨qué triste viven mis niños en las casas de cartón… niños color de mi tierra, con sus mismas cicatrices, millonarios de lombrices).

¿Quién es el mentiroso, Alí o este payaso?

Aunque expone otra serie de pendejadas, no tenemos espacio para seguir dándole coñazos a este imbécil, pero no podemos dejar de mencionar esta: ¨El venezolano viajaba orgullosamente a otro país y a la pregunta ¿de dónde vienes? Respondía orgullosamente de Venezuela¨.

¿Será que en esa época, que añora el arlequín, viajaban esos hermanos pobres a los que hizo referencia?

Pero más allá de quienes viajaban antes y quienes viajan ahora es importante destacar que los que hoy no se sienten orgullosos de Venezuela y salen como Laureano a hablar paja de la patria en el exterior, son los que como él extrañan aquellos días en los cuales su clase era la única que viajaban, la única que comían arepa con carne mechada y la única que tenían derecho a una vivienda digna a salud y educación. En otras palabras, la minoría escuálida

 



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Alexis Arellano


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