Geoestrategia de la dominación y geoestrategia de la colaboración

En la historia contemporánea, bajo la premisa del dominio global el concepto de geoestrategia ha formado parte de las potencias que aspiraban a ser el centro rector de la economía mundo fundamentándose en tres pilares: el dominio económico basado en un centro rector y una periferia subordinada; la hegemonía cultural basada en valores civilizatorios supremacistas (políticos, culturales o religiosos) y, en última instancia, el poder militar para someter mediante la amenaza, las sanciones o la guerra a los países o sectores sociales rebeldes a la tutela de la potencia rectora.

Desde la Primera Revolución Industrial hasta la Segunda Guerra Mundial los centros de poder mundial se ubicaron en Europa en una relación colonial con el resto del mundo basado en áreas de influencia según imperios. La disputa entre potencias por erigirse en centro único rector mundial desembocaría en dos Guerras Mundiales.

Tras la Segunda Guerra Mundial los centros de poder mundial pasaron a localizarse en EEUU y Rusia. En la posguerra, el vacío de poder dejado por el desplazamiento de los antiguos imperios europeos favoreció la emancipación de los territorios sometidos colonialmente y su proclamación como naciones soberanas. Los nuevos países se alinearían en tres corrientes, los situados bajo la órbita soviética, los alineados con EEUU y los que se mantuvieron relativamente neutrales.

El modelo civilizatorio de confrontación por controlar el mundo desde un Centro Rector no cambiaría y daría lugar a una prolongada Guerra Fría entre Rusia y EEUU. Rusia lo haría a través de: promover la desconexión del sistema capitalista mundial creando un área de influencia económica basada en la estatalización de la economía; su proyección política y cultural con la propagación de los postulados del socialismo soviético en la que Rusia tenía su centro rector; el desarrollo de su poder militar de forma global con la presencia militar en los países bajo su tutela. Por su parte, EEUU lo haría con: la subordinación de los países en desarrollo a ser suministradores de materias primas y de mano de obra barata; su proyección política y cultural erigiéndose en defensor mundial de la democracia liberal, y desarrollando también su poder militar de forma global y con la presencia militar en los países bajo su influencia.

Si bien, durante la Guerra Fría no llegó a producirse una confrontación militar directa entre Rusia y EEUU, la rivalidad entre ambas potencias se manifestaría apoyando a las partes enfrentadas en: la Guerra de Corea (1950-1953); la Guerra de Vietnam (1965-1975), y la guerra de Afganistán (1978-1992), a su vez, en las respectivas áreas de influencia de ambas potencias también se produjeron cambios importantes. En el área de influencia soviética el cambio más importante sería la ruptura chino soviética que situaría a China fuera de la influencia de Rusia, y en segundo lugar, el surgimiento de un movimiento político en los países del este europeo contrario a su dependencia de Rusia. En el área de influencia estadounidense los cambios más relevantes se producirían en Latinoamérica donde EEUU para frenar los avances de los movimientos de izquierda tuvo que apoyar a siniestras dictaduras, conformándose en todo Latinoamérica un movimiento social y político contrario al dominio estadounidense que apoyado en oligarquías apátridas mantuvieron en el subdesarrollo a la mayoría de la población.

En la última década del siglo XX, con el desplome de Unión Soviética desapareció uno de los dos centros rectores mundiales, y los países del Este Europeo que dependían del Centro Ruso optaron rápidamente por la desvinculación de Rusia y, Alemania, dividida por la Guerra Fría, pudo reunificarse. La concepción geoestratégica basada en la premisa del dominio global quedó solamente en manos de una potencia: EEUU, que pasó a reformular la misma para ampliar sus postulados de subordinación al resto del mundo, incluido Rusia.

El impulso de EEUU en el desarrollo de una geoestrategia para el dominio global se basaría en reforzar el modelo de su supremacía económica, cultural y militar mundial. En el ámbito económico a través de promover un ciclo consumista centrado en los países desarrollados cuyos beneficiarios eran las grandes corporaciones financieras occidentales, relegando a los países en desarrollo a permanecer como suministradores de materias primas y mano de obra barata; en el ámbito cultural, destacando su excepcionalidad política y económica mundial como justificación para invadir o desestabilizar países que no se avenían a su tutela, y en el plano militar extendiendo su presencia en los países del este europeo a través de la ampliación de la OTAN,  y en el Oriente Medio desestabilizando la región para controlar los centros productores de combustibles fósiles, lo que le llevaría a invadir Afganistán e Irak y acosar a Irán con sanciones económicas, política que en la actualidad persiste contra Siria.

No obstante, la pretensión estadounidense de erigirse en el rector indiscutible mundial entró en colisión con el soberanismo de otras potencias que renacían con vigor tras la Guerra Fría, principalmente China y Rusia, y en América Latina con los movimientos de izquierda. En el caso de China, la fuerza de la soberanía nacional que se había fraguado contra la invasión japonesa no podía ser rendida por las ambiciones estadounidenses; en el caso de Rusia, el estado de postración que como nación había caído en los años noventa traería un auge de las fuerzas soberanistas rusas que se impondrían a las oligarquías apátridas uncidas a los intereses de EEUU; paralelamente en Latinoamérica cobrarían fuerza los movimientos soberanistas de izquierda y, en el Oriente Medio, se consolidaría el eje de resistencia formado por Irán, Siria y Líbano.

Estas fuerzas políticas emergentes que se fraguaron latentemente en la última década del siglo XX, que comenzaron a manifestar su poder político y económico en la primera década del siglo XXI, tomaron un auge inesperado tras la crisis económica global del ciclo neoliberal (1973-2008). La paralización económica de los países desarrollados a pesar de incidir negativamente en los países en desarrollo ha constituido un revulsivo para su transformación económica, principalmente en China, que se encuentra inmersa en un cambio de su modelo económico básicamente manufacturero y exportador, a otro complementado con la promoción del consumo interno y el impulso para la transformación definitiva de la sociedad rural a urbana, lo que supone una modernización estructural de calidad de toda su economía.

No obstante, ni el ascenso de China ni su progresiva alianza con el resto de los BRICS supone que ninguna de estas potencias pueda ni quiera reeditar el viejo modelo de crear un nuevo centro rector de dominación mundial. El último vestigio civilizatorio de esta tradición es EEUU y su fuerza sigue rigiendo todavía los destinos del mundo, y esta potencia no puede evitar ser presa de su propia naturaleza imperialista que marca su destino, lo que le lleva de manera continua a persistir en su geoestrategia global de dominación económica, cultural y militar mundial.

La geoestrategia de la dominación se justifica en la necesidad de tener un oponente y, EEUU, no tiene ya oponente y debe recurrir a inventarse enemigos globales para justificar ante sus ciudadanía y la de los países con gobiernos bajo su influencia, de que está luchando contra las ambiciones de otras potencias, lo que le impulsa a promover un poderoso aparato de propaganda reviviendo falazmente en los medios de comunicación, en el cine y en la cultura  el esquema civilizatorio de confrontación entre potencias que, si bien en el siglo XX dio lugar a dos cruentas guerras mundiales y al periodo de la Guerra Fría, actualmente no existe.

Pero el hecho de que ya ninguna de las potencias más importantes del mundo, como son China y Rusia, no puedan ni pretendan constituir un nuevo centro rector mundial no implica que hayan renunciado a una geoestrategia global. El mundo se ha vuelto tan interconectado que toda potencia tiene la responsabilidad de tener una visión global que por oposición a la geoestrategia de la dominación global desde un centro rector, solamente puede basarse en una geoestrategia de destino compartido y de colaboración entre naciones, y es en ella en la que se sitúan los BRICS y los países en desarrollo que aspiran a un desarrollo económico soberanista.

La geoestrategia de la colaboración está en construcción y por ello precisa ampliar su bagaje intelectual, mediático, cultural y artístico a nivel mundial. Si bien, la respuesta a los graves problemas que atenazan a la humanidad de: subdesarrollo, guerras y deterioro medioambiental, actúan a favor del avance de las naciones que apuestan por la geoestrategia de colaboración.

A diferencia, la geoestrategia de la dominación cuenta con el pasado histórico y la tradición intelectual de haber sido la que ha guiado los destinos de la humanidad en los últimos siglos, y ello, pesa de forma importante en la percepción de gobernantes, analistas internacionales y políticos, principalmente de los países más industrializados que temen la posible pérdida de su estatus mundial, lo que les induce a resistirse a los cambios y a considerar la geoestrategia de colaboración entre naciones como la emergencia de otro poder de dominación mundial.

El pasado de las potencias que fueron imperios no puede cambiarse y acentúa la percepción negativa que unas naciones puedan tener de otras como, por ejemplo, es el caso del enfoque que las élites políticas y oligárquicas de algunos países del Este europeo hacen de su pasado bajo la URSS, y lo siguen extrapolando a Rusia, cuando los hechos muestran que Rusia ha superado ese periodo de su historia para proyectarse en un mundo multipolar. Y paradójicamente, estas élites han pasado a añorar las cadenas que cercenan la soberanía de sus países, pero esta vez bajo la tutela estadounidense. De manera diferente, en Latinoamérica, la percepción de opresión por parte de EEUU está llevando a que las naciones que la componen se hayan embarcado en hacer de la dignificación de su soberanía su principal seña de identidad, y a situarse en la geoestrategia de la colaboración entre naciones.

El valor de la soberanía de las naciones es el mayor escollo político para el avance de la geoestrategia de la dominación, y por ello, las naciones que hacen de la soberanía su principal valor político son las más acosadas por EEUU. La retórica estadounidense sobre la democracia es una falsedad pues no existe democracia sin soberanía, la soberanía de la nación es lo primero, porque  cuando la soberanía está mediatizada por un centro rector de dominación foráneo es una soberanía tutelada y el poder democrático del pueblo no puede ejercerse libremente.

 

Fundamentos de la geoestrategia de la dominación y

de la geoestrategia de la colaboración

Geoestrategia de la dominación

 

Geoestrategia de la colaboración

ECONOMÍA

- Centro rector financiero mundial.

- Concentración de la riqueza en el centro rector; periferia económica subordinada (neocolonialismo)

- Relaciones de dominación basada en el principio de que los países ricos ganen.

 

ECONOMÍA

-Instituciones financieras mundiales compartidas.

- Desarrollo de las naciones en base al criterio de destino común compartido.

- Relaciones de igualdad basada en el principio de ganar todos.

CULTURA

- Supremacía política mundial de las naciones ricas.

- Exportación de la ideología supremacista basada en valores civilizatorios superiores.

- Justificación del excepcionalismo del centro rector mundial para intervenir e injerir en otras naciones vulnerando su soberanía.

-Centro mediático mundial; promoción en los medios audiovisuales de la cultura de la violencia y de la supremacía política occidental

 

CULTURA

- Respeto entre naciones, a sus sistemas políticos y a su propia evolución pacífica.

- Relaciones entre naciones basadas en la no injerencia y el beneficio mutuo.

- Promoción de la paz entre naciones, el respeto a su soberanía y de la paz como base para alcanzar el desarrollo y la democracia.

- Promoción en los medios audiovisuales de la cultura de la soberanía, la paz y el desarrollo compartido.

DEFENSA

- Doctrina militar ofensiva.

- Distribución mundial de las fuerzas militares terrestres.

- Servicios de inteligencia destinados a la desestabilización de naciones.

 

DEFENSA

- Doctrina militar defensiva.

- Fuerzas militares terrestres dentro de las fronteras nacionales.

- Servicios de inteligencia para la defensa nacional.

 

*Doctor en Geografía e Historia


jacolomo@movistar.es

 

 



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Javier Colomo Ugarte

Doctor en Geografía España


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