Ucrania en la encrucijada y la estrategia de la OTAN frente a Rusia

El 21/02/2014, la revuelta en Ucrania, particularmente en Kiev, contra el gobierno, que arrojó un saldo de 80 muertos entre manifestantes y policías, parecía que había entrado en un camino de arreglo político cuando, el presidente de Ucrania, Víctor Yanukóvich, y tres líderes de la oposición parlamentaria –Arseni Yatseniuk (Batkivschina), Vitali Klitschko (Udar) y Oleg Tiagnibok (Svoboda)– firmaron el acuerdo sobre la normalización política en la sede de la Administración Presidencial, en presencia de mediadores que representaban a la Unión Europea y avalado por EEUU, comprometiéndose Alemania, Francia y Polonia como garantes del mismo, y por el que se emitiría una ley para restablecer la constitución del 2004 (promulgada en aquel año durante la denominada “revolución naranja”); se impulsaría una reforma constitucional que concluiría en septiembre, y se convocarían elecciones presidenciales que se celebrarían en cuanto estuviera adoptada la nueva Carta Magna, a más tardar, en diciembre de 2014.

Pero los opositores más radicales instalados en la calle se negaron aceptar tales acuerdos. Un día después de la firma, con la Suprema Rada (Parlamento) rodeado por ultranacionalistas, los diputados declararon la destitución de Yanukóvich pusieron en vigor sin discusión y sin la firma del jefe de Estado la Constitución de 2004 y destituyeron al titular del Parlamento y al ministro de Interior.

El 23/02/2014, por vía express, los diputados transmitieron los poderes presidenciales de Yanukóvich al nuevo titular del Parlamento, Alexander Turchínov. Ese mismo día, en una declaración televisada, Yanukóvich, tras la ruptura de los acuerdos del 21/02/2014, denunció la nueva situación como un golpe de Estado afirmando que había sido intimidado para que renunciara. Yanukóvich se negó a firmar su dimisión y se declaró presidente legítimo, desapareciendo de la escena política, ante el temor de ser arrestado por los nuevos gobernantes, quienes posteriormente emitieron una orden de búsqueda y captura.

Tanto la UE como EEUU se desdijeron del apoyo efectuado al acuerdo del 21 de febrero y apoyaron incondicionalmente al nuevo gobierno de Kiev, considerando que no se había producido ningún golpe de Estado

Contrariamente, por su parte, el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, instó a garantizar el cumplimiento del acuerdo del 21/02/2014 entre Víctor Yanukóvich y la oposición, y denunció la toma del poder por los extremistas nacionalistas de forma inconstitucional.

El 24/02/2014, el primer ministro de Rusia, Dmitri Medvedev, aseguró que por el momento resultan invisibles para Moscú los interlocutores en Ucrania, pues la legitimidad de ciertas instituciones provoca dudas y su reconocimiento por algunos países deforma la realidad. “Francamente, no tenemos con quién dialogar y la legitimidad de varias instituciones que están funcionando en Ucrania parece dudosa”. Medvedev reconoció que algunos socios extranjeros difieren de la opinión de Rusia sobre la actual cúpula del poder en Kiev, pero consideró una aberración de la conciencia proclamar legítimo el resultado de un motín armado, reiterando que Rusia cumplirá todos sus acuerdos con Ucrania, incluidos los del gas. Sin embargo, apuntó, “todas las decisiones tomadas tienen plazos y lo que pasará cuando expiren es una cuestión aparte que se deberá discutir con los directivos de las empresas ucranianas y un gobierno legítimo y constitucional el día que exista”. Mientras tanto, las relaciones económicas de los dos países continuarán, ya que Ucrania es un socio importante”.

La ruptura de los acuerdos del 21/02/2014, y el apoyo explícito de la UE y EEUU a lo nuevos gobernantes, provoca de facto, no solo una ruptura institucional en Ucrania sino también abre el camino a una ruptura territorial y a una desestabilización que puede ser de larga duración.

Ucrania es una nación dividida política y culturalmente y la crisis económica ha hecho aflorar esa división y una vez abierta las puertas de la confrontación y el odio con sangre de por medio, la reconciliación se torna casi imposible y se impone el sentimiento revanchista. Ucrania de facto ahora ya se encuentra dividida, Crimea y las provincias de habla rusa del este del país, no van aceptar el nuevo poder de Kiev. El 19 de febrero, el presidente del Consejo Superior de la república, Vladímir Konstantínov, informó a los diputados de la Duma Estatal rusa que “Crimea plantearía la cuestión de la separación de Ucrania en caso de que se diera un cambio de las autoridades legítimas”, aunque también advertía que este escenario todavía no se contemplaba.

Esta situación de ruptura institucional y de confrontación territorial, ya era predecible cuando se rompieron los acuerdos del 21/02/2014, y por ello tanto la UE como EEUU, al apoyar esa ruptura y aliarse con los sectores ultranacionalistas del oeste de Ucrania y de Kiev sabían que Ucrania se adentraba en una situación de crisis duradera. La ruptura de esos acuerdos suponía, pues, la apuesta premeditada por la desestabilización de esa nación, primando los intereses geopolíticos de la OTAN de acoso a Rusia sobre las soluciones para instaurar una gobernanza consensuada en Ucrania.

La Ucrania gobernada por Kiev es económicamente la más retrasada, y la UE no tiene medios para que se revitalice económicamente, pero eso no le importa a la OTAN pues cuanto peor este Ucrania mejor sirve a sus intereses de crear países inestables en las fronteras de Rusia, una política que le gustaría extender a Bielorrusia, y que ya lo hizo en Georgia.

En esa confrontación geopolítica se abre un periodo en el que a las regiones pro-rusas, Rusia no las va abandonar, lo mismo que sucedió con Abjazia y Osetia del Sur. Kiev no tiene capacidad militar para imponer una constitución nacionalista e impositiva sobre los territorios pro-rusos por la fuerza, y Rusia tendrá que defenderse apoyando territorios aliados que hagan de tapón al acoso de la OTAN, y en esa contienda Crimea y las regiones pro rusas de la actual Ucrania considerarán más positivo distanciarse de Kiev.

Ucrania, durante sus más de 20 años de independencia, debido a las diferencias socioeconómicas no ha sabido implementar proyectos del desarrollo nacional, y ahora cualquier proyecto solo sería viable desde el consenso de todos los agentes sociales y territoriales, pero no parece el caso. Ucrania actualmente es un país sin proyectos ni futuro como nación.

Lo llamamientos de la UE y de EEUU a Rusia a apoyar al actual gobierno no es sino una invitación a aceptar la política de hechos consumados para minorizar su influencia como nación. Un llamamiento, hipócrita pues si fuera sincero lo más coherente hubiera sido no haber roto los acuerdos del 21/02/2014.

Las nuevas autoridades de Kiev, una vez en el poder se han asomado al abismo financiero en el que se encuentra Ucrania. El viceministro ucraniano de Finanzas en funciones, Yuri Kolobov, ha pedido a Estados Unidos y a la Unión Europa (UE) unos 35 mil millones de dólares en ayuda hasta el fin de 2014 para estabilizar su situación económica. Estados Unidos y la Unión Europea han mostrado su apoyo y prometido brindar ayuda financiera al Gobierno interino de Ucrania, pero de momento solo son palabras, y si llegara ayuda financiera sería bajo unas draconianas condiciones, lo mismo que lo fue para Grecia, unas condiciones que las regiones más desarrolladas y pro-rusas no van a aceptar.

La estrategia de la OTAN de acoso a Rusia es la que se impone, y Rusia ya no puede evitar que la inestabilidad se apodere de Ucrania, a conveniencia de la OTAN, incluso la “ayuda Occidental” podría estar condicionada a la adhesión de Ucrania a la OTAN, lo que en caso de una confrontación militar dentro de Ucrania dirigida a las regiones pro-rusas, podría enfrentar directamente a la OTAN con Rusia.

Rusia no puede ignorar ese escenario, y tendrá que reforzar militarmente sus fronteras con Ucrania lo mismo que tendrá que hacerlo Bielorrusia, a la vez que vigila su frente interno de provocaciones organizadas.

Las potencias occidentales han sido responsables de dos guerras mundiales en el siglo XX, en momentos en que se han encontrado asediadas por graves crisis económicas, ahora el mundo ha cambiado, y la política de una invasión de Rusia por parte de la OTAN carece de sentido, pero lo que es obvio históricamente que la agresividad de Occidente en momentos de crisis aumenta para controlar países ricos en materias primas, y la estrategia de propiciar un cambio político en Rusia por medios de una guerra irregular, para controlar los enormes recursos de Rusia y para cambiar la política de Rusia de colaboración de Rusia con China por otra de confrontación, y debilitar la emergencia de ambas potencias, está presente.

Las tensiones geopolíticas durante un largo periodo se debatirán entre: la agresividad occidental para debilitar la soberanía de los países emergentes intentando cambiar gobiernos soberanistas por otros dóciles a sus dictados, y la conformación de un nuevo mundo donde se fortaleza la soberanía política de los países emergentes, grandes y pequeños, para avanzar hacia un mundo sin hegemonías y basado en la búsqueda de la paz y el desarrollo mundial.

En esa línea, la reafirmación de gobiernos soberanistas en Rusia, China, América Latina, y de los países en desarrollo en general, forma parte del impulso de ese nuevo mundo. Una línea que se verá constantemente acechada por las intrigas e injerencias de Occidente que se resiste a perder su estatus predominante mundial desde la revolución industrial basado en la concentración de la riqueza mundial y en la pobreza de la mayoría mundial para evitar que la fortaleza política y económica de esa mayoría relegue su estatus hegemónico mundial.

jacolomo@movistar.es


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Javier Colomo Ugarte

Doctor en Geografía España


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