EE.UU tiene carta blanca para manipular elecciones en todo el mundo

Plan golpista incluye operaciones encubiertas mas allá del NED

"…Hay una daga escondida, un plan golpista, un plan de deslegitimación de las instituciones y un plan de desestabilización de la Revolución y eso viene directamente de Washington."
Presidente Hugo Chávez Frías, 20 de Julio de 2005

El presidente Chávez tiene absoluta razón cuando acusa a la administración Bush de promover la abstención en los comicios del próximo 7 de agosto como parte de un plan golpista que busca desestabilizar a la nación de cara a las elecciones presidenciales de 2006, y así evitar que la voluntad de los venezolanos se exprese democráticamente, tal y como lo hizo en las elecciones del 30 de enero pasado en Irak.

El insigne periodista estadounidense Seymour Hersh, ganador del premio Pulitzer por su reportaje sobre la masacre de My Lai en Vietnam y primero en revelar las atrocidades de la prisión Abu Ghraib en Irak, revela en un extenso artículo (New Yorker, 25 de Julio de 2005) que la administración Bush decidió intervenir y manipular las elecciones de Irak por medio de operaciones encubiertas ante la clara posibilidad de que la población iraquí eligiera un parlamento Shiita anti-imperialista y muy cercano a Irán que influenciara de manera determinante en la redacción de la nueva constitución y nombramiento del Primer Ministro.

De acuerdo a Hersh, el plan inicial de Washington consistía en la creación de un sistema electoral indirecto que le permitiera al gobierno estadounidense tener mayor influencia dentro del aparato político, pero el Ayatollah Ali al-Sistani, líder espiritual de los partidos Shiitas, condicionó su participación en las elecciones y exigió que el voto fuera directo. El presidente Bush aceptó, pero solapadamente ejecutó operaciones encubiertas para intervenir y manipular las elecciones a su antojo. En marzo de 2004, reporta Hersh, la administración Bush estuvo debatiendo la mejor forma de apoyar directamente a su candidato Iyad Allawi, un pro-estadounidense que había trabajado durante su exilio para el Pentágono, hostil a Irán y con muy poco apoyo popular. El objetivo de Washington no era lograr una victoria para Allawi, lo cual habría develado el fraude, sino minimizar la influencia de los grupos Shiitas pro-iraníes y evitar que conformaran la mayoría absoluta en el nuevo parlamento, además de mantener a Allawi como una figura importante en el escenario político que le permitiera participar en un eventual gobierno de coalición. Bajo este plan, la administración Bush destinaría 40 millones de dólares a grupos pro-estadounidenses, pero la oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado se opuso, obligando al gobierno a recurrir a sus organizaciones "no-gubernamentales" como el National Democratic Institute (NDI), International Republican Institute (IRI) y el National Endowment for Democracy (NED), tal y como lo hizo en Venezuela. Quizás la nefasta experiencia de estas organizaciones en intentar derrocar al presidente Chávez fue lo que las obligó a rechazar la estrategia estadounidense en Irak a pesar de las intensas presiones y reuniones de alto nivel que sostuvieron con el entonces embajador John Negroponte, debido a que "la idea de escoger a los favoritos nunca ha funcionado." No obstante, el plan prosiguió su curso y el dinero fue entregado a Allawi, cuya popularidad no llegaba siquiera al 4%, contrastando con el mas de 50% que tenían los partidos Shiitas.

El gobierno estadounidense debió promulgar una "resolución presidencial clasificada" en la que se autorizaba a la CIA proveer dinero y otro tipo de apoyo encubierto a candidatos políticos, quienes de acuerdo a voceros de la administración Bush, "buscaban expandir la democracia en cualquier parte del mundo." Sin embargo, las leyes federales estadounidenses establecen que cualquier resolución presidencial debe ser aprobada por el congreso, o en casos excepcionales, por sus comisiones de inteligencia. Esto le permitió a la congresista demócrata, Nancy Pelosi, protestar enérgicamente contra cualquier interferencia de la administración Bush en las elecciones de Irak, logrando así detener la operación, no sin antes haber sido vilipendiada por la logia neoconservadora de Washington. Aun así, Hersh asegura que en noviembre de 2004, la administración Bush decidió pasarle por encima a las objeciones de Pelosi y manipular las elecciones en Irak debido a que "no podía darse el lujo de permitir un desastre." Esta decisión se enmarca en los esfuerzos del gobierno estadounidense por expandir su "guerra contra el terrorismo" bajo el control absoluto del Pentágono, para lo cual, según revela Hersh, el presidente Bush ha firmado una serie de resoluciones y decretos que autoriza a grupos de comando secretos y otras unidades militares a conducir operaciones encubiertas contra blancos terroristas, "libre de las restricciones legales impuesta por la CIA" que obligan al ejecutivo a solicitar autorización y rendir cuentas al congreso. (New Yorker, 24 de Enero de 2005) Según cuenta Hersh, un asesor del Pentágono que trabaja con altos oficiales militares le confió que las autoridades en Irak "ejecutaron una operación para tratar de influir en los resultados electorales…", al tiempo que otro consultor del gobierno vinculado también al Pentágono, dejó claro que Washington "no podía tomar ningún riesgo" dentro del sistema, por lo que la operación conducida por oficiales retirados de la CIA y personal "no-gubernamental" para financiar de manera directa a grupos pro-estadounidenses, intimidar a los electores en centros de votación, violar el contenido de las urnas y obstaculizar la presencia de observadores electorales (Democracy Now, 19 de Julio de 2005), se debió realizar "off-the-books", sin dejar rastros. Al mantener la operación encubierta, se eliminaba la necesidad de rendir cuentas y presentar reportes formales al congreso que mas tarde pudieran ser desclasificados y dados a conocer a la opinión publica.

Finalmente la operación encubierta de Washington logró su propósito. A pesar de convertirse en la primera fuerza política con el 48% del apoyo popular, los Shiitas no lograron la mayoría absoluta que le permitiera controlar el parlamento, tener mayor influencia en la redacción de la nueva constitución y nombrar al Primer Ministro, mientras que Allawi remontó el 4% que auguraban las encuestas para obtener el 14% del voto. A decir por Ghassan Atiyyah, un Shiita que ha trabajado con el Departamento de Estado en la reconstrucción de Irak y presidente de la Fundación para el Desarrollo y Democracia en Irak, los resultados electorales fueron el resultado de la intervención y manipulación directa de Estados Unidos. Incluso el Washington Post (18 de Julio de 2005), revela que la administración Bush efectivamente admitió haber autorizado un plan encubierto para apoyar a grupos pro-estadounidenses en las elecciones de Irak tal y como lo reporta Hersh, aunque asegura que dicho plan fue abortado debido a las objeciones que presentó el congreso. No obstante, el simple hecho de haber realizado tal reconocimiento sienta un precedente sumamente peligroso, ya que el plan no solo abordaba las elecciones en Irak, sino también en aquellos países como Rusia y Venezuela que han sido blancos de la retórica "democrática" estadounidense. Para Hersh, la administración Bush ha dejado claro que no requiere acudir al congreso para poner en práctica operaciones encubiertas contra "amenazas terroristas", así que cualquier acción del ejecutivo, por muy inmoral que sea, podrá ser ejecutada bajo el alegato de la "seguridad nacional". Es por ello que la negativa del congreso a manipular las elecciones en Irak no significó un obstáculo para Bush, sino la posibilidad de hacerlo de manera encubierta. Precisamente, uno de los temas mas recurrentes que encontró Hersh para su historia fue la tendencia de la administración Bush a recurrir a operaciones encubiertas, "off-the-books", para evitar cualquier tipo de obstáculo legal y no dejar rastro alguno en su proceder.

En este contexto, no es descabellado afirmar que ante el 80% de popularidad del presidente Chávez, la administración Bush buscará mecanismos similares a los ejecutados en Irak para intervenir y manipular los resultados de las elecciones presidenciales de 2006. Como primer paso, el gobierno estadounidense ha comenzado a dirigir sus ataques contra las instituciones democráticas bolivarianas de manera directa y a través de Súmate y demás agrupaciones ultra-reaccionarias venezolanas que funcionan como agencias del Departamento de Estado. A diferencia de la estrategia utilizada en el pasado en la que se canalizaron enormes recursos financieros hacia grupos opositores extremistas por medio del NED, IRI y USAid, entre otros, que de alguna manera permitió que a través del "Freedom of Information Act" se pudieran desclasificar documentos que revelaran la estrategia golpista, Washington podrá recurrir esta vez a operaciones encubiertas, "off-the-books", que no dejen ningún rastro en su intento por derrocar al presidente Chávez. De esta manera, la administración Bush no tendrá impedimento alguno en tratar de comprar conciencias fuera y al interior del gobierno y las instituciones bolivarianas, como tampoco encontrará obstáculos legales para intentar crear una crisis institucional artificial mediante la exportación de grupos paramilitares desestabilizadores que provoquen un escenario de caos y anarquía facilitando su intervención directa o solapada por medio de la OEA. Ante este posible escenario, es preciso que el pueblo bolivariano asuma conciencia y acuda masivamente a votar el próximo 7 de agosto como una forma de neutralizar las pretensiones imperialistas de Washington. Por su parte, al gobierno nacional le toca la inconmensurable tarea de sobreponerse al pesado burocratismo para promover y defender en el escenario internacional la nueva institucionalidad bolivariana, libre, independiente y verdaderamente democrática.

(*) Internacionalista


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Antonio García Danglades ( *)


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