La política imperialista

Analicemos la política imperialista: Las naciones imperialistas tratan de azuzar a unos Estados contra otros, de avivar los conflictos surgidos de las acciones políticas o militares; del terrorismo de Estado contra los regímenes que no son de su agrado; de adiestramiento, armamento y financiación al oposicionismo; a los separatistas y terroristas; del bloqueo económico y el empleo de la deuda; de toda clase de sabotajes e intrigas políticas e ideológicas; de la injerencia en la lucha política interna y de otros intentos de minar los regímenes progresistas desde dentro. La posición de fuerza, está calculada para subordinar la voluntad ajena, para menoscabar los intereses de otros, y a veces, simplemente, para aplastar a los desafectos. “Los amos del mundo” coaligados promueven invasiones y les caen en cambote a países indefensos; organizan conflictos armados para destruir y aterrorizar a los pueblos, esto lo vemos ahora en varias regiones del Medio Oriente, Asia, África del Norte y otras partes del mundo.

¿Y qué es lo que vemos ahora? Si se llama a las cosas por su nombre, hay que decir también: el imperialismo hace cuanto puede y le sea posible por derrotar los procesos de independencia y emancipación económica. La concepción del neoglobalismo lo inventó precisamente para eso. Es la opresión más generalizada de la política del colonialismo moderno y del militarismo. El apoyo material y la fuerza de choque de esta política son las multinacionales y las distintas agencias de intromisión en los problemas internos de nuestros países. Es un mecanismo que sirve a los países capitalistas industrializados para extraer las riquezas y los recursos de los países en desarrollo. Además no se detienen ante nada.

Sabemos qué en muchos de nuestros países puede haber y hay retrocesos, demoras, atolladeros en este movimiento de las naciones en desarrollo. Esto es también natural. Pero son superables y se vencerán. Se crearan o se encontraran las formas políticas y sociales acordes con las condiciones nacionales, los partidos, organizaciones y líderes que saben ver las necesidades del pueblo, tener en cuenta su voluntad y justificar sus esperanzas. Pero lo principal es no impedir que los pueblos marchen por su propio camino, que busquen, prueben y luchen por los objetivos elegidos, por su opción.

El ritmo de desarrollo de los jóvenes Estados, el éxito en la superación de las dificultades heredadas del pasado y el cumplimiento de las tareas nuevamente surgidas, dependen en mucho de si logramos o no hacer frente al neoglobalismo, que es el mal principal en el camino del progreso. De esto dependerá también la solución del problema global del desarrollo; de eso van de la mano también las perspectivas del nuevo orden político y económico. Están llamados a desempeñar su papel, las organizaciones regionales de América Latina, Asia, África, los llamados Países no Alienados que son enorme fuerza internacional, y otras asociaciones progresistas y foros, capaces de movilizar la energía social y política de los pueblos, y que están obligadas a defender sus derechos y su soberanía.

Claro está que no tenemos ningún remedio universal y eficiente para salvar de las dificultades a este inmenso macizo humano y ecológico del planeta tierra. Es verdad, por lo visto, nadie tiene esa varita mágica. Por eso, instamos a los pueblos en desarrollo del mundo a aunar los esfuerzos en las búsquedas de vías de paz, del renacimiento y de la prosperidad.

Esto hay que hacerlo, por lo visto, en muchas direcciones, incluidas las relaciones económicas sobre una base nueva. El peligro de esta creciente tendencia no sólo es político-militar, sino también económico, con las consecuencias sociales inevitables. Y es que esto atañe a Estados que todavía tratan de potenciar su economía, y toda carga relacionada con el despliegue de los programas militares les afectará a los procesos sociales en estos países. Todo esto lo estamos viendo en Latinoamérica y otros países del mundo.

En Venezuela queremos que nuestra economía trabaje más eficazmente, con mejores resultados. Esto es necesario para resolver muchos de nuestros problemas sociales, para dejar resuelto por completo el problema de la vivienda, para satisfacer las demandas de los venezolanos, en alimentos, ropa y calzado, en servicios públicos, en condiciones para el descanso y la enseñanza, para satisfacer las demandas culturales; en una palabra, se trata de todo lo que compone la vida diaria del pueblo y determina su estado de ánimo y de salud.

Sabemos que no es fácil y que no se trata de cosas sencillas. Pero, claro está que es una tarea de enorme importancia. Y de aquí dimana nuestro rumbo.

La primera: combinar nuestra economía socialista planificadora con los adelantos de la técnica y la Revolución Socialista.

Segunda dirección: debemos activar la actitud cívica, el comportamiento del mismo pueblo por mediación de su conciencia, mediante la democratización, aún mayor, de toda nuestra sociedad.

Los aspectos de la justicia social están expuestos con gran agudeza. Nosotros los planteamos así: en la sociedad socialista debemos tener un solo enfoque, es decir, debe asentarse en el aporte laboral del pueblo a la construcción del socialismo. Y esto debe determinar su situación, las condiciones políticas y sociales de este. Todo lo debemos poner en dependencia de la cantidad y la calidad del trabajo.

El pueblo está en movimiento. En todo el país tienen ahora lugar muchos debates por los grupos comunales. En estos períodos no todo transcurre suavemente: la reestructuración, el aceleramiento y la democratización; todo ello no es ningún paseo por un camino llano, pavimentado. Se asemeja más a la subida de una montaña empinada, con obstáculos, cuando se requiere tanto esfuerzo, como habilidad para escalar. Hay que calcularlo todo: tanto la fuerza como la respiración, y no perder de vista la meta a alcanzar. Y este proceso nos abarca a todos a todo el pueblo venezolano. Y no transcurre fácilmente. La mayor dificultad está en que hay que reorientar las mentes, hay que reorientar el intelecto. Esto concierne a todos: tanto dirigentes, como intelectuales, como trabajadores y técnicos. Es un período difícil pero interesante.

Los caminos que llevan al futuro pasan por la confirmación de una nueva mentalidad política, por la comprensión de las realidades de cada uno, por la comprensión de la interdependencia de todos los países, por la convicción de que en la construcción de la paz y de una sólida seguridad deben participar todas las naciones, todos los pueblos, todos los Estados.

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para Gerardo! ¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

Hasta la Victoria Siempre. Patria Socialista o Muerte ¡Venceremos!


manuel.taibo@interlink.net.ve


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Manuel Taibo


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