Alarma

La alarma está de moda. Alarmar a cuántos más mejor es otro reflejo más de la crisis mundial y de la española en particular de los tiempos que vivimos…

Todo empezó en marzo de 2019, con una epidemia de gripe severa, de esas consideradas toda la vida hasta entonces, como parte de la existencia en nuestras latitudes. La alarma entonces, acompañada de un histerismo agudo transmitido por los medios de comunicación y patrocinada por los gobiernos y por la clase médica, se disparó al declarar la OMS una pandemia de gripe con una etiqueta científica aparatosa para mejor impactar psicológicamente que nos encontrábamos en estado de alarma. Pero es que la OMS, un apéndice de la ONU, entonces y ahora, está en manos de un puñado de mil millonarios. Alrededor del 75% de su financiación procede de fuentes privadas. Lo que por sí solo también era, y es, motivo de alarma. Pues a la sospechosa, desaliñada y vacilante manera de tratar el asunto los gobiernos y los médicos (entre los que había suficientes discrepantes) similar a las sirenas en los bombardeos para que la gente entre en el refugio, se unió enseguida la certeza de que tarde o temprano seguirían las "vacunas". Y en efecto, no pasó mucho más de un año y empezamos a asistir al enriquecimiento de desconocidos que sospechábamos estaban detrás de la solemne declaración de la OMS, con la venta a los gobiernos de millones de dosis de sueros que llamaron vacunas. A ello se sumaron otras dos sospechas: la de sombríos propósitos de quienes en el mundo manejan muchos hilos desde la sombra, por un lado, y la de divertirse estos mismos y otros muchos alarmando al mundo, por otro…

A partir de aquel día, de aquel evento, se dispara lo que parece una erótica de la alarma de quienes la difunden, pues la mayoría de las noticias, sobre ese asunto pero también sobre otros, están redactadas y difundidas en formato de alarma. Parecen aprovechar cualquier circunstancia y coyuntura las fuentes de información y los informadores, para sobrecoger a la población… Alarma, por el peligro de "okupas". Alarma, por más virus que se avecinan. Alarma, si no tienes alarma en casa. Alarma, de "hackers" que intentan asaltar tu cuenta bancaria y tu tarjeta. Alarma, por el cambio climático, por otra ola de calor, más adelante de frío. Alarma, por la amenaza de Apocalipsis atómica. Alarma por tambores de guerra en África… Sin haberse declarado oficialmente en ninguna parte el estado de alarma, se transmite cada noticia de tal modo que, sobresaltados, alarmados, parece que "alguien" está interesado en hacernos vivir sobre un volcán inactivo que en cualquier momento puede entrar en erupción.

En cuanto al cambio climático, más valiera que los responsables del mundo se hubiesen dado cuenta hace muchos años. Y si se dieron cuenta nada han hecho pese a 25 Cumbres del Clima. Pues hace muchos años un profano de la ciencia como yo, escribió y publicó señales inequívocas de lo que empezaba a suceder. Cualquier cabrero, cualquier hombre o mujer del campo lo estaba percibiendo también. Se le da demasiada importancia a la ciencia, en detrimento, en ciertas materias como ésta y la salud, de la importancia que tienen el instinto y el sentido común. Yo lo califiqué de mutación climática, pues "cambio" sugiere un orden o secuencia en el comportamiento atmosférico estacional, que casi ya no existen. Lo mismo puede hacer un calor insoportable en invierno que nevar en agosto en la meseta. Y ahora empieza el bíblico crujir de dientes. El ser humano que predomina podrá ser muy inteligente, pero no hay un ser viviente más necio que él…

Menos mal que hay una fácil manera de sacudirnos de encima tanta noticia en formato de "alarma": basta no asomarnos en modo alguno al exterior...



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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