Los médicos en la Batalla de Carabobo

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En los primeros años de guerra de independencia no existió del lado patriota ningún servicio de sanidad militar; los hospitales de guerra se improvisaban en las casas y se denominaban Puestos de Sangre. Los médicos de la guerra eran los curanderos y barberos y se les llamaba "Cirujanos Romancistas", porque recetaban en español o lengua romance y no en latín, el idioma de los médicos graduados en universidades. Juan José Flores, que llegó a ser el primer presidente de Ecuador, se inició en la guerra como médico romancista.

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En total durante la guerra trabajaron para el bando patriota doscientos diez médicos, y cuatro firmaron el Acta de Independencia. Casi todos los médicos patriotas en la Batalla de Carabobo eran de la Legión Británica: Richard Murphy, el más destacado, ocupaba el cargo de cirujano mayor; Willian Porter Smith, Stephen Macdavit, Ryding, Jacob Vale y Robert Fry. Entre los venezolanos estaban Francisco Valbuena, José Liceaga y Narciso Morales. Trabajó también un italiano: José Caffari de Barga.

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En la Legión Británica venía el doctor Eduardo Finlay. Discutió con el General Arismendi y se embarcó para Trinidad. Él es el padre del cubano Carlos Juan Finlay, a quien la historia reconoce como el descubridor del transmisor de la fiebre amarilla. Treinta años antes de Finlay, el venezolano Beauperthuy hizo el mismo descubrimiento, pero nadie lo tomó en cuenta.

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El médico realista más destacado fue Nieto Samaniego. Se hizo famoso porque le extrajo al General Morillo una lanza que le quedó en el abdomen, en la batalla de El Semen (1818), "empujándola por detrás". A esta contienda suele llamársele también tercera Batalla de la Puerta.

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El coronel Tomás Ferriar fue herido en la Batalla de Carabobo, pero no murió en pleno campo. Fue trasladado a Valencia. Las heridas se las curaba el Dr. Fry. Para calmar los dolores se le administraba aguardiente de caña en grandes cantidades. Murió el 17 de julio.

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En pleno combate de Carabobo, José Antonio Páez sufrió un ataque epiléptico. En sus memorias así lo comenta: "En esta ocasión estuve yo a pique de no sobrevivir a la victoria, pues habiendo sido acometido repentinamente de aquel terrible ataque que me privaba del sentido, me quedé en el ardor de la carga entre un tropel de enemigos, y tal vez hubiera sido muerto, si el comandante Antonio Martínez, de la caballería de Morales, no me hubiera sacado de aquel lugar". Cuando Martínez cayó en desgracia, más tarde, Páez lo ayudó generosamente.

El Dr. Julio de Armas afirma que los ataques epilépticos de Páez se acompañaban de convulsiones, gran ausencia, perdida de la memoria, cefalea y confusión mental. El cuadro clínico, según De Armas, es compatible con una epilepsia conformada por el gran mal.

FUENTE:https://drive.google.com/file/d/1FyMqfJ4S3770VogP71HjpLG3mjKJE1q7/view



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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