Vamos por la gobernación de Carabobo

El sentido primitivo de la palabra partido

es un todo hecho partes.

Es consiguiente que las partes estén opuestas,

porque quedan unas en frente de otras,

hasta haberse separado o apartado;

pero no que sean opuestas: porque entre las partes que

componen un todo, no puede haber repulsión,

que es el sentido que comúnmente se da a la palabra

oposición.

SIMÓN RODRÍGUEZ

Toda época tiene una palabra que mejor la define, y la que mejor define la vida actual de los carabobeños es: "desastre". Pero el asunto no se reduce a eso, el problema es de una complejidad creciente porque este desastre es el espejo detrás del cual está oculta una realidad peor, Carabobo es un ejemplo dramático de lo que es un pueblo viviendo en el desastre. Por consiguiente, no podemos seguir el camino hasta ahora, es necesario cambiar y hacerlo radicalmente. Las antipopulares como irresponsables confrontaciones internas tanto de las cúpulas del Psuv como dentro de los partidos de la oposición de derecha por el poder, solo están dejando como saldo el destrozo de la vida social, la destrucción de los bienes públicos, el odio destructivo entre los ciudadanos y el desastre de un valioso tiempo histórico.

Pero, la manera más efectiva de eliminar esta amenaza y los flagelos sociales más importantes, es haciéndole un lugar a la emergencia de un Frente Unido del Pueblo que asuma con responsabilidad, ética y sentido común la dirección política del gobierno regional. Que se conecte con las necesidades reales de la gente a través de la democracia política directa, se comporte con decencia, construya la igualdad social, estimule la fraternidad ciudadana, promueva la producción de cocimientos, reconozca los saberes populares, enaltezca el trabajar juntos y todo esto en función de superar el conflicto vida-muerte que tiene atrapada a la sociedad carabobeña, para construir la riqueza pública a partir del interés productivo común.

Las esperanzas que mantiene el pueblo carabobeño no puede esperar a la realización de las grandes teorías, demanda en esta hora transformarse ya en un programa de políticas públicas de transición, que movilice a toda la sociedad carabobeña hacia los objetivos que siguen: reactivar el agro, levantar un aparato industria rentable y un comercio local formal y justo, desarrollar la pesca artesanal, llevar a cabo la vacunación masiva, restablecer los servicios públicos, impulsar el turismo, fomentar la investigación científica y la innovación tecnológica, organizar un poderoso subsistema de salud, fortaleciendo el nivel primario de atención, así mismo, modernizar el subsistema de educación, hacer un llamado, a quienes se fuero en la diáspora forzada, para que vuelvan. Recuperar, igualmente, el poder adquisitivo del carabobeño para ampliar el mercado regional y derrotar la especulación y la inflación.

La tarea política principal de la sociedad carabobeña es conseguir la superación radical de los factores que han engendrado este desastre, y no se logra sino desde una sólida unidad popular y con base a una planificación científica democrática en la cual se establezca con total claridad un horizonte común de transición, para reorganizar al estado Carabobo en un lugar donde quepamos todos. Es decir, se requiere poner todo el talento general de la humanidad pensante en función de llegar a un acuerdo único por la definición de un Plan de Desarrollo Regional contrahegemónico que nos enrumbe, conscientemente y donde se establezcan las alianzas pertinentes, las metodologías y los lenguajes que ayuden a conseguir los objetivos para alcanzar las metas establecidas, siempre teniendo como norte el bien común.

Lo contrario, es permitir que esta clase política ególatra, corrupta y lumpenizada que nos domina siga controlando nuestras vidas y los bienes públicos. Es necesario y urgente construir un Frente Unido del Pueblo que convoque a todo el pueblo carabobeño a una rebeldía electoral para asumir a partir del 21 de noviembre la liberación de Carabobo y comenzar la edificación de una vida buena donde se garantice comer, el buen vivir y bajo un techo, vestirnos, curarnos, cuidarnos, divertirnos, necesidades básicas para el desarrollo físico, moral, intelectual, político del ser humano. Una sociedad donde estos derechos y necesidades aparecen garantizados para todas y todos es una sociedad sana. Y más allá, necesitamos construir una ciudadanía democrática que controle y supere los límites impuestos por el estado y el mercado.



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Arnaldo Aguilar Dorta


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