Ciudad Guayana

Ciudad Guayana nace al calor del potencial hidroeléctrico del rio Caroni que fue un ápice para que aquí se instalaran las grandes empresas que demandan por sus grandes proporciones energía eléctrica de bajo costo. Ya en la década del 50 comienza a vislumbrarse esta región como polo de desarrollo. Ya se tenía conocimiento de los yacimientos de hierro que comienzan a explotarse en 1950. Para 1952, como parte de un proyecto para darle albergue a los trabajadores que iba a requerir ese parque industrial naciente se coloca la primera piedra (1953) de Puerto Ordaz y así formar una sola ciudad junto con San Felix, que se llamaría Santo Tome de Guayana (Ciudad Guayana). Para este mismo año se hacen los primeros estudios que concluirían en 1961 con la puesta en marcha de SIDOR. Es propicia la ocasión para traer a colación el nombre de Puerto Ordaz para esta ciudad. Nos cuenta Don Evelio Lucero, en una de sus amenas crónicas de Cuenta la Leyenda, que semana a semana escribe en el Diario Primicia. Nos narra que supo de este hecho por una revelación que le dijera el Dr. Virgilio Vivas Zambrano, que llego a estas tierras proveniente de Colon –Tachira por allá en la década del 50. Se impuso el nombre de Ciudad Caroni; pero como siempre una corriente menos nacionalista impuso el nombre de Puerto Ordaz; en honor a Diego De Ordaz.

Ahora bien a estas dos populosas ciudades se puede apreciar dos realidades, dos modelos de crecimiento; uno vertical con grandes edificaciones y grandes urbanizaciones y otro horizontal con amplias barriadas. Desde sus inicios hasta hoy, siempre ha existido como un sesgo de discriminación de clase y hasta racista. Se quiso hacer de Puerto Ordaz una ciudad muy particular donde privaría el criterio capitalista. Para crear este magno proyecto de ciudad volvió a salir a flote el criterio extranjerizante de alguno de esos personajes que manejan como un prurito que lo que viene de afuera y más si viene con el sello gringo es lo mejor, a pesar de contar el país con profesionales en esa especialidad de altísima capacidad. Fue así como apelaron a los urbanistas de la Harvard y Massachusetts Institute of Technology de los EEUU. Hicieron el proyecto con una marcada discriminación de clases sociales; en donde la mayor inversión oficial la centralizaron en Puerto Ordaz, dejando por fuera a San Felix. Como era de esperarse estos urbanistas diseñaron un proyecto de ciudad a sus medidas y a sus intereses capitalistas, que seria como un espaldarazo a las empresas trasnacionales y a la naciente economía. Apartándose de la concepción, de construir una ciudad para las empresas y no una ciudad para los trabajadores; acogedora, bonita, humana, transitable, sin las molestas colas, con parques y áreas de esparcimiento y de distracción, sin ranchos y los consabidos terrenos ejidos que se prestan para revivir las nefastas prácticas de otras ciudades. Pero intervino esa fatal apreciación que manejan algunos, donde lo nuestro es malo y lo de afuera si es gringa es lo mejor. Ahora bien, la tal manifiesta planificación choca con la presencia de dos ciudades con un solo municipio; dividiéndolo se podría enfrentar con mayor eficiencia sus ingentes necesidades. Puerto Ordaz dispone de redomas, que además de ser ineficientes no agilizan el libre tránsito vehicular en la ciudad. Una sola fue eliminada, la llamada de CANTV, por la presión de la misma comunidad. El agua en la ciudad donde está concentrada la más alta cantidad de habitantes es racionalizada; no obstante que frente a la ciudad chocan dos majestuosos ríos: el Orinoco y el Caroni. La luz eléctrica falla en ocasiones. A lo largo de algunas calles y avenidas se observan improvisados botes de basura. Los contenedores de basura que alivian y controlan esos botes no existen. Calles con baches y en mal estado; rupturas de tuberías de aguas limpias y de cloacas. No tiene un hospital general; el Uyapar no da para mas. No se entiende que una ciudad que iba a ser la vitrina de la modernidad, no se le fuese a construir un hospital para esas exigencias.

Rafael Marrón González, un historiador acucioso nos dice que el hombre de Ciudad Guayana no fue eficiente y, no es un destino, la gente dice nos vamos Puerto Ordaz o San Félix, pero no dice voy para Ciudad Guayana y tiene razón. Puerto Ordaz no se diseño a altura de las exigencias, que no contemplaron el crecimiento inusitado que iba a tener con el correr de los años y con ello el colapso de los servicios públicos.

Habíamos dicho que uno de los nombres que barajaron para colocárselo a lo que hoy es Puerto Ordaz fue Ciudad Caroní. Hay que rescatar, como ya se esta haciendo, muchos nombres de ciudades y de estados que se lo dieron en honor a una caterva de asesinos. Al estado Mérida, ya existe una fuerte corriente de oipinion en ese estado de colocarle estado Terepaima. Recordemos que quien fundó a esa ciudad fue Juan Rodríguez Suarez; llamado el jinete de la muerte o de la capa roja, asentamiento indígena que visitaba, con la mayor crueldad quemaba, empalizaba y asesinaba a sus habitantes. Otro fue Juan de Villegas, que mediante votación de los vecinos acaban de quitarle ese nombre a una parroquia, del Municipio Iribarren del estado Lara. O los zulianos que están impulsando un movimiento en el sentido de cambiarle el nombre de Ciudad Ojeda por Ciudad Paraunte, un líder indígena que en 1529 combatió la invasión española y la parroquia Alonso de Ojeda por la Parroquia General Rafael Urdaneta. Recordemos que el conquistador Alonso De Ojeda acompaño a Cristobal Colon en su segundo viaje y no deja de tener un grueso currículo como exterminador de indios . Aquí esta Diego De Ordaz, a quien en su honor le dieron el nombre a Puerto Ordaz. Asesino de la misma ralea que los anteriores. Lugarteniente de otro demoledor de indígenas llamado Hernan Cortes. Llego a estas tierras buscando el mítico Dorado y inicialmente monto su cuartel general cerca de lo que es hoy Barrancas; en las comunidades de Uyapari, Cumaca Borotuparo; en este ultimo asentamiento propicio con ensañamiento y alevosía una de las matanzas más crueles de indígenas. El padre Casiano Garcia en su libro: Vida del Comendador Diego de Ordaz, Descubridor del Orinoco; nos narra que en una oportunidad Diego de Ordaz agarro a unos indios y luego “los mando a una choza, diole algunos regalos y chucherías para con facilidad engañarlos y cuando estuvieron dentro, mando a prender fuego a la choza, quemándolos a todos a los que estaban alli encerrados”. Mas adelante el cura replica y escribe: “crueldad innecesaria de inocentes y culpables, que ni siquiera las circunstancias difíciles pueden disculpar”.

Quinientos años ha retrocedido el gobierno nefasto y autoproclamado de Bolivia, montándole un golpe de Estado al mejor presidente que ha tenido ese país; asesinando indígenas, quemando sus casas. Arreciando contra su ancestros y creencias en nombre de unas religiones al mejor estilo de Rodriguez Suarez. Villegas, Ordaz y Alonso De Ojeda-


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Luís Roa


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