El obispo de Barquisimeto o los cazadores de brujas

 

Por las calles de Barquisimeto, la ciudad de los crepúsculos, pero también "la del cante y el corrío y puro sentimiento", la feligresía se desplazaba con lentitud, acompañando a la virgen de "La Divina Pastora. Era ese el día de la fiesta mayor del catolicismo barquisimetano. En gran medida, quienes habitan en aquella bella y acogedora ciudad, de cuyos hijos tuve y tengo numerosos amigos, el pueblo católico que es chavista, opositor y de lo que a cada quien le parezca bien serlo porque es su derecho, seguían los pasos de quienes portaban en sus hombros a la virgen. Digo "en gran medida", porque es esa fiesta una de las de su naturaleza más acompañada del mundo; según he podido leer por allí, una de las pocas que la supera en ese sentido, es ni más ni menos, la de la virgen de Guadalupe, la patrona de los mexicanos. ¡Y eso ya es demasiado!

Si uno se atiene a las cifras o sondeos de las encuestadoras, en cuanto al respaldo que los grupos o tendencias políticos gozan en Venezuela, no tiene otra cosa que aceptar que oposición y gobierno, sobre todo eso que llaman el chavismo, tienen buena parte de lo suyo; aunque pareciera ser, que la mayoría de los nacionales no se inclina, en estos tiempos, por ninguno de esos dos sectores. En cuanto a católicos, que es el universo que marchó el sábado 14, como lo hace todos los años, tras los lentos pasos del cortejo de la virgen, se reparte de la misma manera que dicen las encuestas en lo relativo a las preferencias políticas.

Es decir, esa multitud que siempre va tras la virgen con igual devoción, la conforman, no sólo partidarios del gobierno, NI-NI y de oposición. Son simplemente ciudadanos venezolanos y unos cuantos extranjeros que a esa fiesta acuden cada año, devotos del catolicismo. Es pues una fiesta de católicos y estrictamente religiosa.

Pero ese día, según la agencia o portal de noticias NOTI-MINUTO, el obispo de Barquisimeto, algo así como el gran anfitrión de aquella divina y religiosa fiesta, donde acuden todas sus ovejas, rompió lo que debería ser el buen comportamiento y actitud respetuosa ante aquellas y por ellas, y se lanzó con unas declaraciones ajenas al acto, ambiente, pero sí coherente con la de un dirigente político opositor y lo que es peor, con la de aquellos cazadores de brujas de la edad media europea o del período macarthista, en Estados Unidos, en la primera mitad de la década del cincuenta del siglo pasado, que sirvió de base para que Arthur Miller, una de las víctimas de aquella barbaridad fascista, escribiese "las Brujas de Salem".

Dijo el obispo, de cuyo nombre no me acuerdo porque no vale la pena, o mejor da pena, "no creemos en el comunismo socialista" y agregó que este socialismo comunista "ha ofrecido hambre y miseria a Venezuela".

El Papa Francisco, hace pocos días, curiosamente dijo, palabras más o menos, que "los comunistas dicen lo mismo que los antiguos cristianos".

¿Y qué es lo que dicen esos militantes de los partidos llamados comunistas que no necesariamente lo son?

Pues que el hombre debe ser libre, solidario con su semejante, equitativa la repartición del producto del trabajo, dentro de una sociedad altamente productiva y donde los hombres, en todo sentido, serían iguales. Es decir, el comunismo es propuesta idealista, utópica, donde hasta el Estado debe desaparear porque no tendría justificación dada la alta calidad humana del hombre. Es pues la utópica sociedad comunistaa lo más parecido al cielo cristiano y católico. Lleno de santos y gente desdorando buena fe y amor.

Eso es lo que dicen y pregonan los comunistas y lo mismo que decían los primitivos cristianos. De allí la expresión de Francisco.

Pero para el Obispo de Barquisimeto, comunismo es todo lo contrario. El hambre, la miseria que él denuncia, lo que tiene mucho de verdad o al menos es inocultable, no es en Venezuela producto del comunismo sino de una sociedad capitalista y de eso que el anterior Papa llamó capitalismo salvaje. ¿Qué otra cosa sino eso es el bachaqueo, la escasez promovida para aumentar los precios y crear descontento, peor que la provocada por la ineficiencia del gobierno? ¿Acaso en esta crisis aparte de la falta de puntería de los gobernantes, la intermediación de corruptos que como ventosas se han adherido a alguno de ellos, no media la conducta, avaricia de los empresarios capitalistas y agentes del capital internacional? Quien esto no perciba es el bobo aun cuando crea lo es el otro.

El obispo de Barquisimeto no es ignorante; si lo fuese no hubiese alcanzado el rol que ahora desempeña en la iglesia. Es como esos políticos en abundancia que lo dicho sobre el comunismo saben mentira, pero se empeñan en desdibujar la realidad, torcer los conceptos, lo que es lo mismo en mentir para lograr sus fines. Suelen tener sus intereses que van más allá de sus simples simpatías políticas.

El obispo, además, es por demás irresponsable. No sólo siendo parte importante de la iglesia se manifiesta con su discurso contrario al diálogo, paz y convivencia, sino como promotor de la discordia. O lo que es lo mismo, contraviene el bello anhelo del Papa. Los de la CEV, de los cuales él forma parte, hacen lo mismo, pero desde allá de sus espacios estrechos y cerrados, tanto que sus palabras sólo llegan a pocos por los medios que solícitos recogen todo lo pernicioso que digan. Este obispo de Barquisimeto fue a más. Lanzó su macarthista discurso, en medio de una multitud y en el momento que factores políticos intentan promover la violencia en Venezuela, como medio de acceder al poder.

Según alguien que declaró a ciertos medios, más fue el repudio que halló el obispo, entre partidarios del gobierno y la oposición, que por conscientes, consideraron aquello una conducta ajena a la religiosidad, la hermandad entre católicos que tienen derecho a sus particulares simpatías políticas. La constitución misma lo confirma. Lo anterior lo respalda que, pese al imprudente e irresponsable llamado, la manifestación católica a la Divina Pastora no se transformó en una guarimba.

Y no es extraño que la multitud haya reaccionado como lo hizo. Ese es el espíritu que prevalece entre los venezolanos, el de vivir en paz y aislar a los violentos.

Pero es necesario aclarar conceptos y reponer la verdad. Dígase lo que se diga, la sociedad venezolana nada tiene que ver con el socialismo y menos con la bella utopía comunista. La nuestra es capitalista que no pierde sus rasgos clásicos, porque haya un gobierno con un concepto distinto de repartir la renta, en veces hasta excesivamente generoso, más allá de lo que permite la continuación e intensificación de la producción de la riqueza y estímulo al trabajo. Eso bien lo sabe el obispo porque que es un conocimiento elemental que, para alcanzarlo, no es necesario ir a Academia alguna. Lo que pasa es que él actúa como político clásico, de la vieja escuela, donde lo importante es alcanzar los objetivos aunque sea mintiendo. Pero tampoco se trata de una mentira piadosa, sino de mucho peligro, porque dicha allí, en medio de aquella concentración, pudo producir los efectos de una bomba de cien megatones. Pero además, estimula el odio, rechazo de unos contra otros, siendo todos ellos católicos y cristianos.

No es extraño que, entre miembros de la alta jerarquía eclesiástica, pese estar en la era de Francisco, existan entre y más allá de las páginas amarillas, fósiles como este y otros obispos que alienten el fascismo, macartismo, cacería de brujas y enfrentamiento entre los hermanos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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