Problemática ambiental del estado Mérida

Es impresionante observar la grave crisis ecológica, que sufre el turístico y fotogénico estado Mérida en Venezuela. Aquella hermosa región andina que estuvo llena de caballeros, de cóndores, de osos frontinos, de truchas arcoíris, de fresas con crema, de valores y de inocencia, está convirtiendo su helada geografía en un foco de permanente contaminación ambiental.

Resulta imposible salir a las calles merideñas del municipio Libertador, sin asfixiarnos con el tremendo laberinto de smog, que todos los días respiramos, tosemos, y estornudamos a capa y espada.

Detrás de cada unidad vehicular del transporte público, se halla la estela grisácea y negruzca del ecocidio urbano, con esa descomunal mezcla de gases tóxicos, que se inhalan desde la primera hasta la última estación del trolebús.

El referido inconveniente ambiental, provoca una colosal bruma de alergia, de lágrimas y de carraspera, para todos los peatones y conductores que deben usar sus narices rojas, sus gargantas resecas y sus ojos llorosos. A su vez, la desesperación por salir con rapidez del tráfico nebuloso, acrecienta el uso irracional del claxon frente a los semáforos, y el mal genio de los individuos que circundan el congestionado entorno merideño.

Es realmente una locura la gran contaminación del aire, que castiga al cielo azulado del municipio Libertador en el estado Mérida. Nos duele ver como abuelitos y abuelitas que representan la historia viva de la ciudad, han tenido que usar tapabocas al momento de salir a las calles, como mecanismo de prevención ante la enfermiza ráfaga de combustibles fósiles quemados.

Tristemente, hay ancianos que ya no asisten a la santa misa de la Iglesia, y niños que tampoco van a los parques cercanos a sus viviendas, por el temor constante que produce el laberinto de smog, en detrimento de la salud humana.

La aceitosa nube de polución que dejan los autobuses, las busetas, los taxis, las motocicletas y los camiones, se encargó de extinguir el galope de los caballitos, de las mulitas y de los burritos de carga, que viajaban con la esperanza de Arapuey hasta Santa María de Caparo.

Es lamentable que el caos de monóxido de carbono, de colillas de cigarrillo, de axilas sin desodorante y de chimeneas de pollo en brasa, NO se canse de recorrer el torrente asfáltico de Los Próceres, de La Hechicera, de Glorias Patrias, del Paseo de La Feria, de los Chorros de Milla, de La Floresta, de Las Américas, de Las Tapias, de Alto Prado, de San Jacinto, del Mercado Periférico y del resto de localidades capitalinas, donde el vapor se confunde con la profunda neblina de la majestuosa Sierra Nevada, y opaca el aroma húmedo de musgo en lo alto del Pico Bolívar.

Siempre que abordamos el tema del smog fotoquímico en Venezuela, identificamos al estado Zulia con sus infinitos “carritos por puesto”, como el gran vencedor de la irresponsabilidad ambiental venezolana. Pero no hay duda que la sinusitis por cabeza del estado Mérida, empieza a pisarle los talones al infierno maracaibero.

También hemos detectado un rotundo fracaso, en la recolección de los desechos sólidos y en la implementación de la Cultura del Reciclaje, dentro del corazón de la fría metrópolis merideña. En casi todas las calles, avenidas y aceras, se aprecian improvisados rellenos sanitarios que fueron magistralmente construidos, por el fervor religioso de los ciudadanos merideños.

Vemos que las cáscaras del cambur, los pañales desechables, las botellas de licor, los envoltorios de golosinas y las cajas de cartón, son algunos de los residuos preferidos para lanzar a mansalva, en el paradisíaco templo de la desidia ambiental.

Sabemos que se han hecho esfuerzos filantrópicos, para generar la práctica del Conservacionismo en el estado Mérida. Por ejemplo, se incorporaron los contenedores ecológicos en la archiconocida Plaza Las Heroínas, donde los recipientes presentan una sencilla infografía, para que la gente arroje los desperdicios de origen orgánico e inorgánico.

No obstante, NADIE clasifica la basura que se desecha en esos contenedores, y es por causa de esa falencia, que los novedosos pipotes amigables con el Medio Ambiente, terminan usándose de la misma forma incorrecta, que los antiguos e ineficaces pipotes genéricos.

Pese a que todos los fines de semana, la Plaza de Las Heroínas se transforma en un criadero de turistas consumistas, NADIE emplea los contenedores ecológicos para preservar las áreas verdes del lugar.

Es común que después de fotografiar sus hocicos frente a las heroínas, después de besarse los cuernos en la brillante fuente acuática, y después de trepar las cuerdas del indomable Teleférico Mukumbarí, los animales nacionales y extranjeros siguen disfrutando de la misma barbarie ambiental, sin pensar en las fatales consecuencias de aplicar la cultura del descarte.

Nos asombró visualizar en plena vialidad de Mérida, a una bandada de zamuros revoloteando y picoteando la basura, que se hallaba dispersa y muy cerca del Hospital Universitario de Los Andes, creándose un espectáculo deprimente que genera insalubridad, infecciones respiratorias, y plagas de insectos, mosquitos y roedores.

En ese sentido, también hemos visto crecer muchísima maleza, en los espacios abiertos del estado Mérida. La falta de poda, pico y pala, ha permitido que desde la carretera del Viaducto Campo Elías, pasando por las adyacencias de la plaza Los Conquistadores, y llegando hasta el Monumento de las Cinco Águilas Blancas, se observen cerritos de monte, culebras y atracos, perjudicando el paisaje 100% natural del estado andino.

Por otro lado, tenemos la inevitable erosión, sedimentación y desecación del ancestral Río Chama, por la gran cantidad de bacterias, de microbios y de gérmenes, que los millones de traseros zulianos siguen produciendo y defecando, para que el diabético Coquivacoa siga ensuciando a nuestra bella Mérida.

En paralelo, es relevante mencionar el déficit que existe en el suministro del agua potable, para los habitantes que yacen en la población merideña.

Aunque Mérida tiene el agua potabilizada más limpia y mejor tratada de Venezuela, esa cristalina carta de presentación ha generado el abuso en el consumo de los usuarios, y por ende, se viene agudizando el racionamiento del vital líquido en la mayoría de los sectores y comunidades, para salvaguardar el derecho y el acceso a fuentes confiables de agua.

En cuanto al tema de la energía eléctrica, el estado Mérida no ha escapado de los apagones repentinos, de los cortes programados del servicio, y de las ruidosas máquinas auto-generadoras de electricidad.

Es cierto que por varias décadas, los merideños supieron aprovechar la naturalidad del frío andino, para gratuitamente ventilar y refrescar casas, comercios y edificios. Pero ahora vemos un gran número de aires acondicionados empotrados en Mérida, buscando que el jalón de innecesaria corriente eléctrica, congele la necesaria aplicación de la eficiencia energética.

Un caso particular de derroche eléctrico, se vislumbró en la sede de la Inspectoría del Trabajo en el municipio Libertador, donde nos quedamos perplejos al observar 5 compresores de aires acondicionados Split, sobresaliendo por la retaguardia del diminuto organismo público.

Otro malestar ecológico que resiente la capital merideña, es el gran número de perros y gatos que viven deambulando en la calle. Es difícil conciliar el sueño de madrugada, mientras escuchamos tantos ladridos y maullidos de animalitos, que padecen el grito de la indiferencia en la cuna de Nevado.

Pero basta con la resplandeciente luz del sol, para ver en vivo y directo a todas esas mascotas abandonadas, que se reproducen con rabia durante las 24 horas del día, y que son atropelladas por los jadeos de hambre y sed, frente a la lujuriosa Catedral de los más pobres.

Seguro que el mártir San Clemente, jamás pensó que su hogar se quedaría vacío de lunes a viernes, y que los domingos se quedaría a medio llenar.

Pero nuestro querido mártir, NO imaginó que el estado Mérida afrontaría un agresivo proceso de Transculturación, que viene degenerando su idiosincrasia con el acordeón del vallenato, que viene afianzando el sexismo con la vulgaridad del reguetón, y que viene denigrando a sus devotos con la música electrónica.

Es demasiado chocante salir de paseo por las calles merideñas, y escuchar las mismas estúpidas conversaciones, que se oyen en cualquier suburbio puertorriqueño, colombiano o caraqueño.

Pero es todavía más escalofriante, sentir que Mérida empieza a “evolucionar” como un estado más boricua que andino, como un estado más neogranadino que andino, y como un estado más anglosajón que andino.

Todos recordamos la sabiduría de la saludable gente merideña, que ayer nos hablaba sobre los beneficios del Aloe Vera, sobre la paz terrenal de las Carmelitas Descalzas, sobre el tradicional bizcochuelo de la Paradura, sobre los suéteres bordados con hilo artesanal, sobre las lúdicas campanadas del parque Beethoven, y sobre la sabrosa Vitamina con una pizca de canela en el centro.

Pero ahora los nietos y bisnietos de la saludable gente merideña, solo hablan sobre los inolvidables viajes de Panamá a Miami, sobre las urgentes transferencias bancarias en línea, sobre los escandalosos carros con bombas triaxiales Pioneer, sobre las clínicas que ofrecen medicina prepagada, y sobre los mejores trucos para robar comida en Garzón.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando pasábamos la tarde en las “maquinitas” del Hotel Altamira, jugando una y otra vez Mortal Kombat, Street Fighter II, Sonic, Tetris y Super Mario World.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando visitábamos mil pesebres de Navidad en una sola noche de viacrucis, porque las monjitas se iban a dormir sin miedo, y sabiendo que nadie se robaría al Niño Jesús.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando el olor de las pomarrosas llegaba hasta La Culata, y no había que prender una fogata en el páramo, para sentir el calor de una familia presa de amor.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando “La Venezuela de Antier” era un atractivo destino recreacional, y no había que bostezar la dramatización del frailejón, con un limón en el puño cerrado de la mano.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando visitar la famosa Heladería Coromoto en El Llano, era una gran oportunidad para compartir el sabor del mantecoso récord Guiness, sin obsesionarse con protagonizar una nueva selfie en Facebook, en WhatsApp y en Youtube.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando los bailadores bailaban felices en Bailadores, y llevaban el folklore de su tierra natal hasta los suelos de Mucuchíes, Tovar, Jají, Ejido, Lagunillas, Timotes y El Vigía.

Atrás quedaron los nostálgicos días de la abuela, cuando los aviones del Carnevali pasaban por encima del cementerio, y el color de las flores que avivaba la oración, perfumaba cada minuto del sagrado silencio.

Es obvio que el estado Mérida se olvidó de lo bueno, y empieza a subsistir de los malos recuerdos, junto a la pandemia de las mujeres embarazadas en cada esquina, de los bebés recién nacidos chillando en cada esquina, y de una inédita sobrepoblación en cada preocupante esquina merideña.

Por desgracia, Mérida se queda con seminaristas que estudian el inglés del Tío Sam. Mérida se sigue quedando con fuegos artificiales, que contaminan la luna del 31 de diciembre. Mérida se queda con muros ilegales de piratería audiovisual, que se compran y se venden con el consentimiento de los cuerpos policiales, y con el descarado copyright de los delincuentes.

Mérida se sigue quedando con un lucrativo zoológico, que mata de soledad a los angelitos enjaulados. Mérida se queda con la trompeta del mariachi, por encima del violín campesino. Y Mérida se quedó con las sangrientas corridas de toros, en el ruedo de la monumental ignorancia.

Queremos de vuelta a la Mérida que pensaba antes de hablar, a la Mérida que ayudaba sin esperar nada a cambio, y a la Mérida que no le importaba que la llamaran gocha.

Si llamamos gocha a la Mérida del siglo XXI, seguro que por venganza sacará el mismo cuchillo que los malandros de Petare, seguro que por venganza talará y quemará los árboles más bonitos de la ULA, y seguro que por venganza te envenenará la hamburguesa que compraste en La Nota.

Aunque el hipnótico Viaducto Miranda, fue pintado con alegría para evitar el suicidio de los borrachitos, de los solitarios y de los atormentados. Sabemos que en la oscuridad de la noche, el fantasmagórico puente sigue sin alumbrar la penumbra del abismo, por lo que sería muy fácil lanzarnos al vacío y vivir eternamente en las tinieblas.

Pero pensando en un futuro ecológico para el estado Mérida, creemos que la ciudadanía debe rescatar el ADN de su identidad cultural, para volver a respetar la palabra del prójimo, para aprender la educación ambiental en los colegios, para que las jovencitas no salgan casi desnudas a la calle, y para que la niñez andina no viva de las limosnas frente al espejo.

Cada vez que llegan las temporadas de vacaciones en el mes de agosto, en Semana Santa, en el asueto navideño y en Carnaval, los venezolanos somos los principales testigos, cómplices y culpables, de continuar ahogando a la preciosa Mérida en toneladas de basura, en llamaradas de smog y en obleas de desolación.

Dicen que los incendios forestales, los terremotos y las avalanchas, son divina potestad de la gloriosa Madre Tierra. Pero las condiciones climáticas del telúrico estado Mérida, vienen siendo diariamente alteradas por una industrialización de los recursos naturales, que casi se desplomaron de la maciza Cordillera de los Andes, con el peligrosísimo “enjambre sísmico” ocurrido en el mes de noviembre del 2015, y que sacudió al tembloroso territorio merideño con sus más de 130 réplicas a cuestas.

Sabemos que el capitalismo salvaje compró a la Mérida de España, y también compró a la Mérida de México. No queremos que la Mérida de Venezuela, sea la última y fatal víctima de la destrucción moral, social y ecológica, que solo el Dios Dinero es capaz de producir en sus víctimas.

El artículo que estamos publicando y compartiendo en Aporrea, fue escrito durante el mes de julio del año 2016. Queremos que nuestra información sobre la problemática ambiental del estado Mérida, pueda seguir siendo actualizada por aquellos lectores, que conozcan otros escollos latentes sobre la referida temática. Por eso, les dejamos dos link de acceso público para visitar y ampliar el contenido:

https://carlosrupertofermin.wordpress.com/2016/08/10/problematica-ambiental-del-estado-merida/

http://ekologia.com.ve/

Hoy más que nunca, abre los ojos valientes de Anastasia, alza el vuelo rapaz del Vultur Gryphus, y que la fe mueva las montañas conservacionistas.



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Carlos Ruperto Fermín

Licenciado en Comunicación Social, mención Periodismo Impreso. Egresado de la Universidad del Zulia en Venezuela.

 carlosfermin123@hotmail.com

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