La comuna: legado fundamental de Hugo Chávez

Contribución a la construcción de una política emancipatoria

Arq. Elizabeth Alves

Invito a todos a que pensemos, diseñemos y pongamos en práctica acciones en todos los ámbitos para fortalecer y llenar de fuerza transformadora a la Democracia Revolucionaria.

Hugo Chávez Frías

A pesar de las innumerables veces en la que se ha mencionado el Estado Comunal como alternativa al Estado burgués existente y con ello la importancia de la conformación de las comunas, como organización que golpea en su esencia al sistema dominante, la historia en Venezuela registrará como trascendente, aquel 20 de octubre de 2012 en el que Chávez, en su condición de Presidente recién reelecto, en el Consejo de Ministros instó a impulsar a un cambio radical en la política y en las estructuras del Estado. Colocó el énfasis en la necesidad de la autocrítica, en el compromiso de estudiar y formarnos permanentemente para empoderamos del conocimiento transformador, en la necesidad de elevar la eficiencia revolucionaria para poder derrotar las amenazas, casi invisibles de la cultura burguesa que nos penetra y corroe. Pero sobre todo nos dio lecciones de una gran fortaleza para continuar construyendo Patria, que comienza con la conciencia y la claridad de lo que estamos haciendo. En su evidente preocupación ante su inminente desaparición física, la advertencia que con más fuerza nos señaló es la necesidad de construir el Estado comunal, ya que será el único que podrá superar al actual sistema capitalista, que propicia y crea la corrupción y la burocracia al desviar los intereses colectivos por los individuales.

La Comuna y la cultura capitalista

Toda transformación cultural tiene un carácter histórico y dialéctico, exige cambiar de manera simultánea y reciproca tanto la realidad concreta, en permanente construcción, como la apreciación que se tiene de ella y de los cambios producidos, a diferente ritmo e intensidad. Incluso tiene que ver con la participación que cada uno de nosotros haya tenido, de manera directa o indirecta, en los cambios históricos ocurridos, conscientes o no de ellos.

La comuna como expresión de la transformación sociocultural de esencia emancipadora, prefigura la nueva sociedad; sintetiza una visión de convivencia solidaria cuya consolidación solo es posible con la abolición del sistema capitalista, y dentro de una concepción de integración intercomunitaria que rompa con la fragmentación creada por el capitalismo, para mantener su hegemonía. En tal sentido, se trata de una construcción histórica compleja que comienza a ser planteada en la Venezuela bolivariana y, por tanto, requiere de una gran elaboración teórico-práctica revolucionaria para su concreción, apoyada en los referentes históricos y en un profundo conocimiento de la realidad socio-histórica y política en la que vivimos.

La cultura sintetiza el conjunto de todas las expresiones históricas sociales que son producto de la conjugación del conocimiento, la información y las habilidades que poseen y desarrollan los seres humanos en sociedad. Así, encontramos como manifestaciones culturales: costumbres, rituales, prácticas, normas, reglas, códigos y sistemas de creencias y valores; éstas explican los comportamientos y las tendencias de nuevas significaciones. Pero también la cultura se sintetiza en los productos y las obras tangibles e intangibles del trabajo humano, donde se expresa la racionalidad, la ética, la estética y la conciencia de sí mismo y su posibilidad de trascender[1].

En cada realidad geo-histórica particular se hallan desigualdades culturales entre grupos e individuos, de acuerdo a los procesos de confrontación generados por la lucha de clases. Dicha confrontación y las condiciones objetivas de vida que se van logrando, también se expresarán en transformaciones culturales asimétricas, con la presencia de efectos tardíos y asincronías técnicas y geográficas, poco comprensibles por los altos contrastes y desfases manifiestos.

No se trata tan solo del enfrentamiento de dos culturas: la dominante, en decadencia, con la dominada, insurgente. El proceso es altamente complejo por cuanto la cultura dominante burguesa, trata de sobrevivir integrando elementos de la resistencia para aparentar un cambio e identificarse con las masas. Se habla de salario digno, comercio justo, igualdad, universalización de derechos, incluso de autonomía, pero en la práctica se adoptan formas, cada vez más sofisticadas, de alienación para mantener el control social y con ello preservar el fin directo y el motivo determinante del capitalismo: la producción de plusvalía, que no es más que la apropiación del excedente de la producción que genera la fuerza de trabajo, en cualquier localización y fase del proceso productivo.

La cultura y el conocimiento histórico-social se encuentran en una relación dialéctica, donde aparecen de manera antagónica en la lucha de clases: la fuerza de dominación basada en el poder del conocimiento y convertido en cultura hegemónica como la de liberación de la especie humana, apoyada en el poder emancipatorio que está en la esencia de la producción de conocimiento de las culturas dominadas[2].

La cultura emergente se nueve en dos direcciones, la de resistencia, que permita preservar los valores culturales que han sido negados históricamente, y la que se contrapone a los valores impuestos por la cultura dominante para preservar su hegemonía. De allí la importancia de golpear la esencia de la cultura burguesa e iniciar procesos colectivos de construcción de una cultura solidaria y de conciencia de patria. Esta permita incidir en actitudes individualistas, consumistas y corporativistas propias del capitalismo, que no valoran las condiciones reales y las consecuencia ambientales y sociales hacia otros sectores, incluso los más cercanos. Resolver los problemas que nos atañe, exige mirar hacia los lados y entender la relación orgánica y estructural del conjunto de problemas sociales como única alternativa estable de resolverlos. Esto exige un gran sentido autocrítico y una conciencia colectiva de praxis política.

En la comuna se evidenciarían esas dos direcciones de confrontación cultural, ya que en esencia se valora tanto el saber popular generacional, con potencialidad para revolver problemas concretos, como la capacidad creativa contextualizada para transformar la realidad, a favor de los sectores oprimidos y más necesitados.

Todo proceso de planificación en la Comuna debería de partir del estudio de las necesidades concretas de la población, sus potencialidades de satisfacerlas y la necesaria asociación con otros productores directos. En otras palabras, cambiar progresivamente la concepción de valor de cambio, que impone el capitalismo, por el de valor de uso de los productos y servicios prestados a la comunidad. Como diría Marx () el  capitalismo ya está eliminado en su fundamento al presuponerse que lo que actúa como motivo impulsor es el disfrute y no el enriquecimiento mismo[3]. A partir de ahí, seremos capaces de planificar y gestionar el cambio deseado.

Hacia el Estado comunal

Algo que sin duda hay que tomar muy en cuenta, durante un proyecto de transformación social, es el riesgo de la aplicación de políticas dirigidas a mejorar las condiciones materiales de la mayoría de la población, dentro de la lógica del capital. Los altos beneficios económicos que se le otorgan a sectores de la burguesía bajo la figura de satisfacer la demanda de necesidades, se constituye en una especie de trampa que opera contra la transformación deseada, por cuanto reproduce con más fuerza al capitalismo. Favorece al modelo consumista dominante y a la acumulación acelerada de capital en manos de estos sectores, en su mayoría importadores. La lógica del capital que prevale es la de reproducción del valor, no la de satisfacer las necesidades. Las regulaciones y controles, solo contienen temporalmente las especulaciones y otras formas de enriquecimiento rápido, que siempre estarán presente en una economía como la nuestra, con tanto excedente petrolero al que hay que ponerle la mano a como dé lugar.

La inevitable insaciabilidad de lucro creciente, hace que la burguesía se las ingenie para crear nuevas formas de burla o superación de trabas de las regulaciones comerciales estatales, como control de precio, márgenes de ganancia y control de ilícitos cambiarios y contrabando, entre otros. Esto perdurará mientras la burguesía mantenga el control de la economía productiva, de mercado y financiera, y existan agentes desde la burocracia que así se lo permitan. Pedirle a un burgués que no extraiga plusvalía a la fuerza de trabajo, es como pedirle a un vampiro que no chupe sangre.

En la actualidad las instituciones del Estado han propiciado procesos colectivos para la construcción de propuestas que permitan avanzar en un cambio de cultura; sin embargo este cambio no puede venir desde arriba y sin romper la reproducción del capital, de la que ya hemos hablado. El avance del proceso dependerá del grado de autonomía que vaya logrando, tanto la organización del proletariado y de las comunidades, como la capacidad autocrítica del Estado para reconocer, rectificar e incluso enterrar las actitudes autoritarias y represivas, propias de la cultura jerárquica que impone el capitalismo. Solo así se dejará de utilizar la protección como un arma para controlar y mantener el poder, así como la amenaza y el amedrentamiento para disuadir cualquier posibilidad de crítica que cuestione la continuidad del cargo -que otorga el poder- y se pueda mantener su utilización para fines personales o grupales.

Al referirse, precisamente a la importancia de la crítica, Chávez afirma que

seguimos aferrados a aquello que ya pasó, incluso dándole vocería a quienes casi no tienen nada que decirle al país, () ¿Será eso lo más importante en este momento? ¿Y la gestión de gobierno? ¿Por qué no hacer programas con los trabajadores? Donde salga la autocrítica, no le tengamos miedo a la crítica, ni a la autocrítica. Eso nos alimenta, nos hace falta. Hugo Chávez Frías[4].

En la nueva relación Estado-comunidad el pueblo es el verdadero soberano, tal como lo señala la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Los revolucionarios bolivarianos estamos en el deber de favorecer la autoformación y la auto-organización de la clase trabajadora y las comunidades organizadas en la construcción del autogobierno del pueblo. Más que transferirle el poder al pueblo, de lo que se trata es que el pueblo se empodere del control de la sociedad.

La revolución ha creado muchas herramientas legales para avanzar en la justicia y en la universalización de la seguridad social integral; así como en la organización popular para profundizar la democracia revolucionaria, sin embargo estamos muy lejos de considerarlas en nuestra vida cotidiana y de trabajo. Al respecto Chávez afirma que en estos años de experiencia ya tenemos nuevos códigos:

creo que tenemos una nueva arquitectura legal, jurídica, empezando por la Constitución; tenemos leyes de consejos comunales, leyes de comunas, economía comunal, las leyes de los distritos motores de desarrollo; pero no le hacemos caso a ninguna de esas leyes; nosotros, que somos los primeros responsables de su cumplimiento. Yo espero ver respuestas a estas reflexiones y a esta autocrítica pública que estoy haciendo. Hugo Chávez Frías[5]

Las leyes existen, el reto es construir un gran movimiento obrero y popular con suficiente autonomía para elaborar democráticamente un Plan emancipador que oriente la construcción del Estado comunal. Éste debe contar con el diseño, promoción y gestión colectiva de proyectos de inversión local, integrados al desarrollo regional y nacional. Para evitar las visiones instrumentalistas de la ejecución de proyectos y planes, es importante tomar en cuenta que su logró dependerá del desarrollo simultáneo de estrategias que garanticen la construcción del socialismo, tales como:

  1. La redimensión constante de la estructura organizativa, de cada unidad socio-productiva comunal, vista como parte integrante de una red social de asociación de productores directos, capaz de propiciar la ruptura con las relaciones sociales de producción capitalista.
  2. La construcción de una nueva cultura organizacional revolucionaria autónoma que impida la reproducción del sistema dominante. Rectifique las actuaciones, optimice los procesos internos y de relación con otras comunidades y entes del Estado.
  3. La articulación, integración, coordinación y concreción de los planes entre distintas comunas y entes del Estado que, de acuerdo a las áreas de competencias, puedan apoyar la ejecución de cada plan o proyecto en desarrollo.

La acción transformadora desde la Comuna

En este proceso de construir colectiva y democráticamente una política emancipatoria que sea capaz de iniciar la desalienación del trabajo y la elevación de la conciencia de clase trabajadora en su proceso de liberación, consideramos que cada espacio para el trabajo socio-productivo, como parte de las fuerzas productivas, expresa las relaciones y la organización del trabajo dominante.

Cada organización comunal deberá entender y asumir que el trabajo es una condición humana que nos permite crear nuestras propias condiciones de existencia, por tanto, la primera interrogante que surge es ¿para qué, en qué y cómo trabajamos? Las respuestas desencadenarían propuestas de organización socio-productivas comunitarias, bajo la orientación de un trabajo cooperativo y asociativo. El carácter social de la producción mundial ha incidido en la fragmentación del espacio para la producción y la imposición del interés económico por encima de la natural relación humana entre lugar de trabajo y de convivencia social, para procurarnos el buen vivir; de allí que, la segunda interrogante sea ¿Cómo y dónde vivimos? La respuesta a ambas interrogantes pasa por garantizar, de manera simultánea, el derecho a la convivencia solidaria de los pueblos y al ejercicio de la democracia revolucionaria; por eso nos tendríamos que preguntar ¿Cómo nos unimos y compartimos?

A partir de estas y otras preguntas, los colectivos podrían establecer líneas de reflexión-acción transformadora que permitan la creación y ejecución de planes y proyectos, desde el Poder Popular, para transformar la realidad radicalmente y hacerla viable desde el punto de vista político, social, cultural y ambiental.

Esta nueva cultura comunitaria exige el empoderamiento colectivo del saber emancipador, el impulso de una democracia revolucionaria y el establecimiento de nuevas relaciones del Estado/Poder Popular. Así que para ubicarnos y contextualizarnos en situaciones históricas, culturales y territoriales concretas, definir con precisión el tipo de conocimiento que necesitamos y el método para empoderarnos colectivamente del mismo, nos orientamos con las preguntas: ¿Dónde y para qué actuamos en la realidad? ¿Quién y cómo se conoce la realidad donde vamos a actuar? Y ¿Quién, cómo y dónde se transforma la realidad?

Las respuestas no serán iguales, aunque con elementos socio-históricos comunes que nos identifican como pueblo. No serán rígidas ni acabadas, aunque firmes y precisas, porque forman parte de una nueva cultura y praxis revolucionaria en permanente construcción.

El reto implica, simultáneamente, superar las dificultades frente a las amenazas, revertir la cultura de la opresión en fuerza liberadora y anteponer el poder creativo del pueblo a la destrucción generada por el sistema capitalista. Aquí se halla la esencia para la construcción de una praxis que permitirá la abolición de la actual hegemonía capitalista[6].

El legado de Chávez compromete a los revolucionarios en la conformación de las comunas y los demás instrumentos de organización, lucha y producción desde el poder popular, y en la evidente necesidad de acumulación de fuerzas fundamentada en una democracia revolucionaria, con capacidad crítica y profundamente creadora. Solo así se evitará el no retorno, y podremos seguir construyendo la Patria Socialista.

Ciudad Guayana, 21 de noviembre de 2013

elizabeth.alves88@gmail.com


[1] Elizabeth Alves (2013) Dialéctica del Saber Emancipador. Ruptura de la reproducción del capital y valoración del ser. Caracas: Editorial el Perro y la Rana. MPPC

[2] Idem.

[3] Marx K. (2006) El Capital II-4, Madrid: Siglo XXI de España Editores. pg. 141.

[4] Hugo Chávez Frías (2012) Golpe de Timón.

[5] Idem.

[6]Elizabeth Alves (2013) Planificación emancipadora. Subversión contra el capital desde la Venezuela bolivariana. Buenos Aires: Editorial Herramientas.

 



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