Contribución a la construcción de una política emancipatoria

El sujeto histórico de la Revolución Bolivariana y la valoración del ser humano

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas.

Karl Marx

La única alternativa que tiene la humanidad para comenzar a construir un mundo justo e igualitario, es acabar con la barbarie que produce el capitalismo. La lógica de este sistema es garantizar la generación de plusvalía, utilizando cualquier medio y al costo social que sea necesario; y así mantener la hegemonía, de los grandes grupos económicos a nivel mundial, que permita la reproducción del capital. Es así como el socialismo se presenta como la opción histórica válida, con la que cuenta el proletariado, para enfrentar a la clase dominante que lo subyuga y lo somete a condiciones de trabajo y vida en general que niegan su propia existencia.

La capacidad que tiene el capitalismo de recuperase y salir de las crisis cíclicas que lo caracteriza, parecería ser superior a la que tienen los pueblos en lucha para acumular fuerzas para lograr la abolición de este sistema. Frente a cada crisis económica, se tiende a actuar en defensa de los derechos perdidos o las conquistas logradas con anterioridad, sin tocar la esencia que reproduce al capital. Por justa que sea la lucha reivindicativa la manera de hacerla puede desviar la transformación social de fondo, ya que cada conquista económica del proletariado tiene como contraparte el crecimiento del poder económico del otro, sea este a través del Estado o el capital privado directamente.

El que tiene el poder económico tiende a creer que “todo es susceptible de ser negociado". Los gobiernos se reducen a tomar acciones y medidas económicas y de controles sociales, sobre la base de que "todo es superable" sin cambiar la base de la sociedad. En un gobierno revolucionario lo fundamental es tener la claridad a qué clase se representa, porque la lógica del capital indica que toda crisis se supera reduciendo "los beneficios otorgados" a la clase trabajadora, o a un sector de ella. Nunca el perjudicado es un sector de la burguesía. Dentro de la economía capitalista se tapa un hueco por un lado y sale otro más grande por otro; que se trata de invisibilizar frente a los demandantes.

Todo cambio de raíz debe ser construido intencionalmente y sobre la base de una praxis revolucionaria que unifique al proletariado y demás sectores oprimidos en esta lucha de clases. Lucha que demanda acciones colectivas organizadas, deliberadas y previamente planificadas, para avanzar hacia el socialismo.

El trabajo y el rescate de la esencia humana

Se requiere con urgencia rescatar la esencia humana del ser, de su condición social natural y ésta exige la creación permanente de saberes colectivos para lograr el bienestar de todas y todos los que habitamos en este planeta. Todo cambio de raíz exige la generación de una política emancipatoria que propicie la creación y desarrollo de propuestas conceptuales y metodológicas que oriente la lucha de los pueblos para su edificación1. Propuestas que se apoyen en las relaciones que valoran al ser humano en su plenitud, en su potencial creativo, en su capacidad de aportar individual y colectivamente a la reproducción material y espiritual de su vida y la de los demás para el buen vivir.

Como dice Marx

Podemos distinguir al hombre de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida, paso éste que se halla condicionado por su organización corporal. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material.2

Para lograr un cambio radical en la manera de producir la vida material y espiritual de la existencia humana sin destruirnos a nosotros mismos y a la naturaleza a la que pertenecemos, es indispensable la emancipación del proletariado. Solo bajo la conciencia de clase se es capaz de iniciar un proceso de ruptura de la esclavitud asalariada expresada en las relaciones sociales jerárquicas de producción capitalista, en la división internacional del trabajo y en la división entre trabajo manual e intelectual que impone este sistema. Empoderarse del conocimiento emancipador permitirá liberarse de las cadenas de la opresión capitalista. Necesitamos descubrir cómo el capitalismo expropia el conocimiento de la clase trabajadora para impedir su proceso natural de crear, planificar y organizar.

Una de las consecuencias de la hegemonía del capital es la debilidad en la formación para el trabajo colectivo y complementario de los trabajadores y trabajadoras, tanto del sector productivo como el de servicio. Esta limitación puede ser superada con mayor o menor facilidad dependiendo de las herramientas cognitivas y el compromiso social revolucionario que posea para asumir aceleradamente el proceso de formación necesario y rectificar su forma de trabajo y de acción política. Esto significa, ni más ni menos, que en la práctica revolucionaria la persona se transforma a sí misma, a la vez, de sus circunstancias3.

¿Quiénes transforman?

El pueblo tiene la potestad de constituir un Estado y de darse la organización jurídica y política que más le convenga. Tal como lo señala nuestra Constitución la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, del cual dimana todo el Poder Popular, en tal sentido democracia revolucionaria y Poder Popular están dialécticamente relacionados para garantizar la soberanía popular y mantener el poder constituyente.

La heterogeneidad en la composición de clase, al interior del proceso social de producción, y la asimetría de las situaciones particulares de los distintos sectores, hace profundamente complejo y desigual el interés por transformar la realidad. Incluso la conciencia social no siempre tiene que ver con las condiciones objetivas de vida, pero resulta evidente que quien goza de privilegios sociales y los ve amenazados, hará lo posible para impedir el cambio; en tanto que el que vive en precariedad abogará por él.

La conciencia de clase no solo se forma en las luchas concretas de confrontación económica reivindicativa, sino en la posibilidad concreta de conquistar el poder político a favor de la clase dominada. Esto es lo que toca la esencia del sistema. Por eso es que en una sociedad de clases sociales, como es la capitalista, los interesados en transformar la realidad son los oprimidos, los explotados, los excluidos de toda posibilidad estable de elevar su condición de vida.

Sobre la base de un régimen de democracia representativa, el Estado burgués a nombre del pueblo, controla y ejerce las funciones de planificación, administración del presupuesto y de toma de decisiones fundamentales, incluso sobre la vida cotidiana de las comunidades. Por eso es que asumir el cambio para refundar la Patria, implica construir y consolidar un régimen de democracia participativa y protagónica, donde las instituciones del nuevo Estado Socialista serían expresión del Poder Popular para el autogobierno del pueblo.

El Poder Popular no se reduce a su organización ni a la existencia de leyes revolucionarias que los respalden. Debe expresar formas concretas de poder que le permita superar los obstáculos que genera la vieja estructura organizativa jerárquica, antidemocrática y alienante propia del capitalismo. Para avanzar se requiere identificar las manifestaciones de esta cultura nefasta con poca o casi nula capacidad para asumir el cambio de su propia historia.

Hoy el tema del Poder Popular va cobrando cada vez más importancia en la dinámica social que se está estableciendo en la Venezuela bolivariana, como soporte fundamental de la nueva sociedad socialista en construcción. La experiencia de poder del pueblo organizado, en las más diversas y disímiles formas de participación, para la toma de decisiones en todos los ámbitos de la acción social, tiene una larga historia no solo en nuestro país, sino a nivel mundial. Este sin duda está asociado al ejercicio pleno de su soberanía.

Para hacer realidad ese Poder Popular es inaplazable asumir el gran desafío de construir propuestas de empoderamiento de los saberes, por parte de los grupos organizados, para la solución de los problemas concretos que vive la sociedad en su conjunto. Se deben configurar posiciones alternativas que sienten las bases para la transformación social e impulsen una ruptura con las posiciones dominantes que permiten la preservación del actual sistema capitalista.

¿Cuál es la relación entre organización del trabajo y Poder Popular?

Los cambios en los dirigentes de alto nivel para superar las fallas o debilidades organizativas, no tienen ningún efecto si no viene acompañado de medidas radicales que incidan en la cultura organizacional a corto plazo. Por lo general, se cree que deben "salir los ineficientes, los equivocados y se sustituidos por los eficientes que están en lo correcto". El problema es de clase, de estructura y de cultura; trasciende a lo personal y entra en el terreno de lo colectivo y lo organizativo. La ruptura con las relaciones sociales de producción capitalista dominante para la construcción del socialismo, no se logra favoreciendo intereses particulares.

Las empresas del Estado en Venezuela son conceptual y organizativamente capitalistas, así que cualquier propuesta de estructura que se proponga debe iniciar por detectar, más allá de la apariencia, cuál es la esencia que dificulta o impide el cambio deseado. Por lo general, estas empresas han sido “profundamente ineficientes para el país”, por lo que pudiera tentar a muchos a creer que de lo que se trata es de hacerlas productivas dentro de una visión capitalista y conformarnos "con que ahora se produce y construye para el pueblo". Creer en esta ineficiencia productiva, que ha generado ganancias millonarias a la burguesía de las trasnacionales y algunos nacionales vinculados al capital multinacional, no es una inocencia política, sino que evidencia una posición ideológica, lamentablemente a veces disfrazada de bolivianismo. Los que todavía tengan dudas deberían reflexionar sobre lo que dijo Chávez al respecto:

Las fábricas construidas con fines capitalistas llevan las marcas indelebles de su “sistema operativo”, la división social jerárquica del trabajo en conjunción con la cual fueron construidas. Un sistema productivo que quiere activar la participación plena de los productores asociados, los trabajadores, requiere de una multiplicidad de procesadores “paralelos”, coordinados de la manera adecuada, así como de un correspondiente sistema operativo que sea radicalmente diferente a la alternativa operada de manera central, trátese de la economía dirigida capitalista o de sus bien conocidas variedades poscapitalistas presentadas engañosamente como “planificación”4.

La profundidad de esta afirmación, sobre todo en el contexto crítico en el que lo hizo, y su coherencia con el pensamiento de avanzada contra el sistema capitalista, nos permite concluir que el “sistema operativo” expresado en la organización del trabajo de las empresas que se orienten hacia el socialismo, no puede ser igual al que tienen hoy las empresas capitalistas, y que se empeñan en su mayoría mantener, bajo la excusa de la urgencia productivista.

La reflexión crítica, de este pensamiento, unido a otros que ya hemos hecho, nos permite sintetizar al menos tres principios fundamentales que nos pueden guiar el cambio organizacional esperado:

  1. La ruptura de la división jerárquica del trabajo que propicia la alienación del mismo, debe ser sustituida por una visión que tienda a humanizar a los centros de producción y sus relaciones sociales de producción, incluidas las espaciales o geopolíticas, que permitan rescatar los valores y principios de la revolución socialista.
  2. La garantía productiva está en la asociación orgánica entre productores asociados, así como en la coordinación y articulación de los múltiples procesos que se generan en ella.
  3. La planificación centralizada reproductora del capital niega la participativa democrática de los productores asociados; en tanto que la planificación democrática y revolucionaria permite la elevación de la capacidad creativa, organizativa y de innovación para transformar la realidad en favor de la mayoría del pueblo.

Otra consideración básica para el cambio de organización del trabajo es que toda nueva estructura reclama el análisis de procesos y subprocesos desmembrados por el capitalismo en la división del trabajo. Debe construirse sobre bases democráticas que permitan la creación de equipos de trabajo multidisciplinarios y corresponsables que le den vida a la posibilidad de romper con lo establecido. Re-establecer el trabajo unitario, cooperativo, de articulación entre productores asociados en la producción material exige la participación democrática en las decisiones que le atañen a todos y todas.

Esta nueva estructura, al igual que las del poder popular, se deberá fundamentar en una concepción filosófica inspirada en valores y principios revolucionarios y tradiciones históricas y culturales del pueblo, para garantizar el cumplimiento de las políticas sectoriales y regionales derivadas del proyecto de País. Valores que nos atrevemos a proponer como de actitud colectiva y solidaria, de corresponsabilidad social y de compromiso revolucionario, para la construcción del saber emancipador, la gestión democrática de la sociedad y la creación de un nueva cultura de soberanía y justicia social, que permitan vencer las sombras del individualismo, el egoísmo, la competencia y la confrontación estéril entre camaradas y compatriotas, que induce el capitalismo para mantener la segmentación, la desunión, la dispersión y la desesperanza que impide y dificulta el cambio revolucionario.

Las organizaciones del Poder Popular deberían estar orientadas, tanto en su estructura como en su accionar, por principios sólidos que les permita actuar con fuerza y decisión colectiva y solidaria, en el marco de una democracia revolucionaria. Entre ellos destacamos la sustentabilidad ambiental, la racionalidad ecológica, la soberanía tecnológica, la integración geopolítica, el desarrollo integral del ser humano y el reconocimiento histórico y cultural de las comunidades y pueblos. La visión dialéctica e integral de estos y otros principios, en el marco de una praxis revolucionaria, permitirá la transformación social deseada, que tiene como fin el desarrollo pleno de buen vivir para la sociedad en su conjunto.

 

1 Elizabeth Alves (2013) Dialéctica del Saber Emancipador. Ruptura de reproducción del capital y valoración del Ser. Caracas: Editorial El Perro y la Rana.

2 Karl Marx, La ideología alemana, Grijalbo, Barcelona 1970, p. 19-20

3 Elizabeth Alves (2013) Dialéctica del Saber Emancipador. Ruptura de reproducción del capital y valoración del Ser. Caracas: Editorial El Perro y la Rana.

4 Hugo Chávez Frías (2012) Golpe de Timón.

 

 



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Elizabeth Alves


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