El Movimiento Comunal

La Economía política del trabajo para alcanzar un triunfo más completo todavía sobre la Economía política de la propiedad: Nos referimos a los movimientos comunales, y, sobre todo, a las fábricas creadas, con apoyo de los trabajadores audaces. Es imposible exagerar la importancia de estos grandes experimentos sociales que han mostrado con hechos, no con simples argumentos, que la producción en gran escala y al nivel de las exigencias de la ciencia podía prescindir de la clase de los patronos, que utiliza el trabajo de la clase de los asalariados; han mostrado también que no era necesario a la producción que los instrumentos de trabajo estuviesen monopolizados y sirviesen así de instrumentos de dominación y de explotación contra el trabajador mismo; y han mostrado, por fin, que lo mismo que el trabajo esclavo, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría.

Al mismo tiempo la experiencia ha probado hasta la evidencia que, por excelente que fuese en principio, por útil que se mostrase en la práctica, el trabajo asalariado, limitado estrechamente a los esfuerzos accidentales y particulares de los trabajadores, no podrá detener jamás el crecimiento en progresión geométrica del monopolio, ni emancipar a las masas ni aliviar un poco la carga de sus miserias. Este es, quizá, el verdadero motivo que ha decidido a algunos charlatanes burgueses y hasta “economistas agudos”, a colmar de repente ridiculizándolo como una utopía de soñadores o estigmatizándolo como un “sacrilegio socialista”. Para emancipar a las masas trabajadoras, la comuna debe alcanzar un desarrollo nacional y, por consecuencia, ser fomentada por medios del Estado.

Pero los señores de la tierra y los señores del capital se valdrán siempre de sus privilegios políticos para defender y perpetuar sus monopolios económicos. Muy lejos de contribuir a la emancipación del trabajador, continuarán oponiéndole todos los obstáculos posibles. La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto el gran deber de la clase trabajadora.

La clase obrera posee elementos de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber. La experiencia del pasado nos enseña cómo el olvido de los lazos fraternales que deben existir entre los trabajadores de los diferentes entes y que deben incitarles a sostenerse unos a otros en todas sus luchas por la emancipación, es castigado con la derrota común de sus esfuerzos aislados.

Si la emancipación de la clase trabajadora exige su fraternal unión y colaboración, ¿cómo va a poder cumplir esta gran misión la burguesía con una política que persigue designios criminales, que pone en juego prejuicios nacionales y dilapida en guerras de piratería la sangre y las riquezas del pueblo?

No ha sido la prudencia de las clases dominantes, sino la heroica resistencia de los trabajadores a la criminal locura de la burguesía. La aprobación impúdica, la falsa simpatía o la indiferencia idiota con que las clases superiores han visto al imperialismo apoderarse de países y asesinar a pueblos enteros; las inmensas usurpaciones realizadas sin obstáculo por esa potencia bárbara, cuya cabeza está en Washington y cuya mano se encuentra en casi todos los gobiernos del mundo, han enseñado a los pueblos el deber de iniciarse en los misterios de la política internacional, de vigilar la actividad diplomática de sus gobiernos respectivos, de combatirla, en caso necesario, por todos los medios de que dispongan.

“Mientras tal sea la característica de importación, Fedecamaras, y no el Gobierno, fijará precio a los insumos de consumo masivo; Fedecamaras, y no el Gobierno, será el centro de la producción y distribucción de los productos de la alimentación, la débil renta segura de la gran propiedad irá a consumirse a los grandes centros mercantiles de importación y no a mejorar la alimentación del pueblo; toda iniciativa de adelanto en los métodos de producción luchará con la dificultad de no poder transformar fácilmente su capital fijo en circulante”.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cuatro antiterroristas cubanos héroes de la Humanidad!

¡Tú ausencia Comandante! Después de Tú dolorosa partida, la nave está acéfala, sin rumbo, a la deriva y hace agua por todas partes.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!


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Manuel Taibo


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