(Más de un “vivo” se salvó)

La Mesa de la (des)Unidad se fue a pique

La Mesa de la Unidad, remanente de la oposición venezolana, que ni corta ni perezosa: la representación del conjunto de vivarachos que la formó dentro del intervalo de su espacio abierto de entre (0,002 al 0,2) de los representantes de los mini partidos que andan de aquí y de allá buscando de que cinturón agarrarse para que no se los lleve el viento del olvido, se pusieron de primero con la opción de salir a un curul a la Asamblea Nacional y, los que no, tienen que pagar o ir a primarias por ilusos a ver si los dejan llegar a la lista para lidiar en las elecciones de septiembre de obtener el cambur que está más lejos que ir a Beijing pedaleando el aire.

Las carreras de aliento al Parlamento están de moda, por lo que cada desplazado anda muerto en vida arrastrando su cruz y quizás maquillando la envidia que los embarga al tener que soportar a los que madrugaron su escogencia de primeritos, para cogerse la brújula política que los llevará adelante sin tropezar con el norte del “agarra sin protestar por el sur”.

Desayuno, almuerzo y cena con su sobremesa de confrontaciones de quítate tú para ponerme yo, que así lo desea la unidad del triunfo que no es otra que “a luchar milicianos” como dice el himno de uno de ellos y, a sombrerazo limpio con la complicidad de otros, durmieron varios meses, para siempre morir en la orilla de los encontronazos dentro del simulacro de acatar decisiones de “más de lo mismo” con el peine de la complicidad, que no escapa a los empujones de los copartícipes que salieron airosos en la batalla liderar de los que más méritos pusieron sobre la mesa del currículo indivisible de madurez y paciencia para levantar la mano en señal negativa sin un relámpago de voz que vislumbre el hemiciclo de tiniebla moral.

Qué puede hacer un Enrique Mendoza o un Omar Barboza o un Stalin González en los predios del Capitolio por la dignidad legislativa del pueblo que los elija, fuera de la guasa de chiflarse la confianza del puñado de escuálidos que vote por ellos, que junto con Julio Borges harán comparsa para disfrazar a un cochino de burgués parlamentario que les dé la presteza de firmar autógrafos como lamedores del imperio que los calora.

La ambición dentro de la Mesa de la (des)Unidad juntó lo variopinto de la oposición, para ponerse sin mucha discusión a la espera de un cargo de elección popular dentro del coroto político-administrativo-legal. ¡Vaya sutileza!

¿Quiere un curul –amigo, amiga mía? Acérquese a la Mesa de la Unidad que por el precio de dos se lleva uno y el otro lo pagará en cómodas cuotas. Que su suegro o su suegra quieren ser legislador o legisladora, no importa que hay para todos en la lista que los llevará a madrugar su ambición personal por un buen puesto en la escala de la esperanza. Aspire que allá en la “Mesa” lo oxiginarán de antemano la respiración pública y lo enseñarán a coleccionar aplausos para que hable seguro en la tribuna sin cortapisas ni traba lenguas.

Escuálido, abra bien los ojos como aspirante y no se meta un autogol. Cuidado que se equivoca y se va para la otra acera que allá no le brindarán como en nuestra mesa de los partidos de oposición: un cafecito con leche de cabra coriana y un bocadillo de dame acá de deslealtad, relleno de firmeza para su futuro inmediato. Piense y sueñe y no sueñe solo.

La morcilla de la tristeza está presente en los aspirantes desahuciados por dicha mesa y hasta coja la dejaron por intransigencia desbocada y, la alegría de pocos tracaleros se convirtió en tristeza de muchos adecos-copeyanos y apéndices.


estebanrr2008@hotmail.com


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Esteban Rojas


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