La oposición: apuesta difícil

L o que voy a escribir lo hago con toda responsabilidad y consciente de desafiar ciertos fundamentalismos. En uno y otro campo.

Pero considero que el liderazgo nacional necesita reflexionar sobre el "tema oposición".

Lo necesita el chavismo y el antichavismo. Es urgente que lo haga tanto el Gobierno como aquellos que lo adversan.

Lo digo por lo siguiente: cada día que pasa es más evidente la necesidad de que el proceso que está en marcha en Venezuela requiere de contrapesos.

Si como Chávez -líder de la revolución- lo ratifica de manera permanente, la propuesta socialista tiene rasgos novedosos que la caracterizan, el pluralismo, la libertad y una praxis democrática incluyente, se impone trabajar con racionalidad el tema. Hay que debatir acerca de la pertinencia de contar con una oposición. Si ésta es compatible con el proceso revolucionario, y si en los sectores que se oponen a Chávez, al Gobierno, a lo que representa lo que se suele calificar como chavismo, hay madurez y disposición para asumir tan importante función.

La apuesta es difícil; pero hay que hacerla con audacia.

Considero indispensable que el actual proceso tenga ante sí a una oposición bien conformada, seria, coherente, dispuesta a jugar el papel de fuerza alternativa. Desde luego, no una oposición sumisa al Gobierno, entreguista y traidora a sus principios, pero que obviamente esté dispuesta a renunciar a la tentación de moverse en el terreno de la ambigüedad, mezclando el apego formal a la ley con prácticas desestabilizadoras. En concreto: que desde una posición de firmeza acepte las reglas de juego; respete el Estado de derecho y tome distancia -de verdad verdad- de un pasado plagado de aventuras.

Es tiempo ya de que exista este tipo de oposición acorde con el desarrollo institucional.

Que el vacío actual lo llene un movimiento capaz de comprender y trabajar en el marco de la situación que se ha creado en los últimos diez años.

Que admita, de una vez por todas, que Venezuela cambió.

Que hay una realidad social, económica, política, institucional, cultural, imposible de revertir vía atajos. La propia oposición es la que más necesita tomar conciencia de su precaria situación. Del desafío que encara. Ejemplo: que si no se emplea a fondo en el trabajo legal, en la actividad de masas, y se olvida que a Chávez hay que sacarlo por la fuerza de Miraflores, no tendrá futuro electoral. Que a través de la conspiración y de la insistencia en apelar a políticas desestabilizadoras -como hasta ahora lo ha hecho-, sólo cosechará derrotas y terminará siendo un factor marginal.

Chávez, el Gobierno, el proceso bolivariano, la propuesta socialista, también necesitan con urgencia de una oposición crítica que contribuya con su actitud a combatir lacras, a prevenir errores, a denunciar con seriedad la corrupción y cualquier tendencia autoritaria. De lo contrario, el proceso se expone a la burocratización; a que las perversiones que se gestan a la sombra del poder terminen imponiéndose. Que, incluso, pueda evitar que en el seno del propio movimiento se reproduzcan conductas que, al no ser debidamente evaluadas, conduzcan a absurdas disidencias y a duros enfrentamientos internos como lo registra la experiencia histórica. Por eso pienso que la madurez del proceso revolucionario se expresa, además de sus logros -que en el caso venezolano son considerables- a través de su capacidad para entender que es necesario el funcionamiento de una oposición respetuosa de la legalidad que contribuya al afianzamiento de las instituciones mediante el debate libre de las ideas, en democracia, y con participación de todos. No se trata de coartadas o de juegos politiqueros, sino de la conveniencia del país.



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José Vicente Rangel

Periodista, escritor, defensor de los derechos humanos

 jvrangelv@yahoo.es      @EspejoJVHOY

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