Aré lo que pude

Vivita y coleando

El odio anda vivito y coleando en las filas opositoras como un ente extraído del realismo mágico. Casi es perceptible en sus marchas marchitas, un silbón mediático que les sale al paso por los senderos oscuros del fascismo, nublándoles la carne y el espíritu. Ya los espantos de los cuentos de camino no desandan sabanas en noches tempestuosas ni acechan oscuras esquinas de pueblos, haciendo lo suyo entre incautos y trasnochados. Ahora el espanto es radioeléctrico y en horario corrido. Y quiere sangre.

En las filas opositoras la alegría solo es genuina durante una guarimba. Sin Erato para despertarles la inspiración, suelen abusar de la prosa en sus atrabiliarias exégesis ¿políticas? No es coincidencial la contradicción retórica sobre libertad y principios democráticos y sus elucubraciones sobre la LOE. Es simplemente un acto más de su particular visión de país: acabar con la revolución.

De allí parte todo. La llegada del Líder Comandante señala el comienzo del desalojo del poder de la derecha, la cual lo detentó para mancillar constantemente al Pueblo Soberano y a la Patria. La soberbia de antiguos dueños de casa, aderezada con el desprecio secular hacia los pobres – producidos por ellos mismos- insufla la violencia que exhiben desaforados.

En vísperas de sus cíclicas locuras, la oposición nos dice a través de cámaras que es pacífica y fraterna, que quiere diálogos y acuerdos, que es respetuosa de las garantías ciudadanas y de las instituciones pero cada vez les cuesta más compaginar sus actos y gestos con lo que vociferan. Como lo que tratan es de ocultar sus verdaderas intenciones, al final siempre existe concordancia entre sus arremetidas y sus discursos alevosos y sobre todo quién es el gran culpable.

Quieren ellos troquelar con sus empresas mediáticas la vana alegoría de que seamos como aquella esclava apodada la “pagapeos”, cuya ama mantuana expelía horrendos flatos en plena misa y achacándoselos a aquella, le asestaba su coscorrón. De eso vive esta infame prole pitiyankee, de encender calles y árboles, de auto atentados, de la maledicencia, de la carta oculta, del sacrilegio contumaz, pero siempre la culpa es del gobierno, de los funcionarios, de los colectivos que apoyan el proceso revolucionario. Si se les descubre, no importa, igual te culpo y da acá el 350 de la CRBV, artículo polivalente para excusar todos sus desmadres y golpes.

La iconografía opositora tiene en su haber elementos distintivos que evidencian un profundo desprecio por el Pueblo y sus reivindicaciones sociales. Contienen los jugos esenciales de la pestilencia fascista. Los logotipos de los canales golpistas, un capelo que corona pecados capitales de un cardenal, las manitos blancas de oscuros estudiantes, el puño del cirílico OTPOR con arte de la CIA, las marcas comerciales de empresarios que acaparan y producen desabastecimiento artificial, carcomidas iniciales de cascajos políticos y siga usted.

En cada una de sus “marchas pacíficas” aparecen sus apacibles militantes, sus “grupos de buena voluntad” ejecutando su rol activo en el libreto sempiterno de violencia promovido por los entes fachada del imperio, cuyos símbolos – sobre todo el inorgánico billete verde- les obnubila la conciencia.

No dejo de pensar en el video presentado en cámara lenta en la Hojilla, donde Jorge Amorín casi resulta agredido por un furibundo opositor armado de un picahielo. La imagen congelada donde se ve claramente su pretensión de herir a este camarada es expresión contundente de las intenciones que cunden en filas opositoras. Intenciones que están vivitas, coleando y que son como una alegoría de su sino. Con guadaña y todo, compa.


pladel@cantv.net


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Plácido R. Delgado


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