Yo estuve allí, justo al lado de Guaidó

Tenía tiempo pensando en escribirle una carta, a través de Aporrea, pero me había contenido. Sin embargo, una vez visto, desde muy cerca y con mis propios ojos, casi desorbitados, la concentración que convocó, el 6 de abril, el nuevo dueño de la oposición venezolana, bajo la engañosa táctica dilatoria de la llamada "Operación Libertad", decidí hacerle llegar esta comunicación, a través de Aporrea, pues, comprendí el por qué la oposición no sale de fracaso en fracaso. Para el logro de tal cosa, me infiltré entre los asistentes al acto. Me situé al lado de quien ha tenido la osadía de creerse un Mesías.

Señor Guaidó: ¿Cuál es el tipo de ADN que compone su cuerpo? ¿Sus cinco sentidos le marchan bien? ¿Es que usted, mi señor, quiere desplazar al Pinocho? ¡Carajo!, señor, usted da pena. Mantiene engañado a unos seguidores, que aún piensan que su "nuevo líder", que no es otro que usted, los conducirá a la victor4ia final en contra del "dictador" Nicolás Maduro Moros. Usted es un mentiroso contumaz. Engaña a Trump y su pandilla de ladrones criminales, y engaña a quienes aún creen que usted es el hombre. Creen que usted no sirve para un carajo, pero no tienen otro palo donde ahorcarse. Y sueñan que usted les de la "libertad".

Mire señor Guaidó, le voy a decir una cosa: usted está jugando con juego y, mire, que se puede quemar. Yo que se lo digo de manera gratuita. Lo han transformado en pro hombre codicioso, y, usted, quien no estaba preparado para eso, no allá, ahora, que hacer. Dicen que "Un granjero se dirigió al gallinero para ver si su gallina había puesto algún huevo. Para su sorpresa, en lugar de un huevo normal y corriente, encontró uno de oro. Preso de una gran excitación, cogió el huevo de oro y corrió hacia su casa para enseñárselo a su mujer… Desde entonces, la gallina ponía un huevo de oro diariamente. Pero, en la medida en que se enriquecía, el granjero se volvía más codicioso. Y pensó que si mataba a la gallina, se haría, de un solo soplo, con el gran tesoro. La mató y la abrió, pero no encontró lo que tanto ansiaba, y, acabó perdiéndolo todo... La codicia se lo tragó".

Ojo pelado, señor: no le vaya a pasar como al granjero. Por cierto, como yo estuve allí, justo allí, a su lado. Pude ver las caras de la gente que ponía al tratar de comprender lo que les decía. Una confusión. El sonido no era bueno, por cierto. Y usted que no ayudaba nada con esos gestos estirados, al mismísimo estilo de Obama, pero sin resonancia alguna, sin la profundidad del afroamericano, cuando andaba en campaña. Las personas ansiosas de oír las palabras sabias del nuevo "líder", y usted enredado, tratando, vanamente, de encontrar la palabra adecuada para construir una frase que llegara a la gente que, ansiada, esperaba algo contundente, como para seguir creyendo en usted. Pero…

Ahora, bien, señor Guaido, hay algo que le reconozco, mezquindad alguna. Usted, con su prestancia, con su verbo, con su osadía y sus ganas, con tan sólo el grupito que integra a Voluntad Popular, ha logrado, lo que nadie en estos últimos años. Ha puesto a beber en sus manos a personajes como: Henry Ramos Allup, el más conspicuo de los sobrevivientes de la IV. A Edgar Zambrano, de la misma cada de Ramos Allúp, a Manuel Rosales, el filósofo del Zulia, al candidato perdedor de siempre, Enrique Capriles, y al novato pataruco, Henry Falcón, entre otras joyitas que lo rodearon el día 6 de abril, fecha que usted destinó para dar el primer paso para el entierro del "dictador" Nicolás Maduro. Y todos, toditos, estaban con caras de perro amargado, y como pajarito en rama… Esa medalla de oro no se la quita nadie. Reconozco en usted el verdadero sepulturero de aquella MUD, que se durmió pensando en Miraflores y nunca despertó.

En resumen, señor Guaidó: yo tengo el pálpito que le están preparando su habitación en el "Hotel Ramo verde". Lo que pasa es que la justicia, en su caso, ha ido paso a paso. Lenta, pero firme y efectiva. ¿Qué va a pasar en el seno de la oposición después que usted pase al olvido, tal como pasó a Leopoldo López? ¡Carajo!, no sé. Lo que sí sé es que usted fue la última carta que se jugó, con ganas, el imperio. Tal vez haya otra carta, pues, imperio es imperio. Sin embargo, lo que preocupa al pueblo oposicionista es que ya no les queda nadie, como para enfrentar al "dictador". Esa sí es una verdad del tamaño de una nube cargada de agua turbia. Para terminar, señor Guaidó, le recomiendo bajarle dos a sus mentiras y promesas incumplidas. No le hace nada bien, para los días que le quedan como máximo jefe de la MUD, o de lo que queda de ella. Y su partido, no es nada, hoy en día. El ejemplo más palpable es que ya no le paran bolas. Usted convoca y convoca, y la gente se hace la loca. Ya está saturada de tantas promesas, por parte de usted, sin que se cumplan una sola de ellas… ¿Y Maduro, el "dictador", mandando y mandando… Hasta luego, señor. No siga dando lástima.

Puerto Ordaz, 8 de marzo del 2019



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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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