Burusas del elevado

Estuvo más o menos aceptable la concentración sabatina de la rediviva coordinadora democrática. También fue un acierto evitar la avenida Bolívar y optar por la Libertador. Esta vía se abre en dos estrechos canales que se llenan fácilmente y cuenta con el elevado que impide a los asistentes dispersarse hacia los lados. Con una toma en alto contraste e imágenes disueltas, se ofrece una visión de espejismo, reverberación y multitud virtual. Más allá de la ilusión óptica, todo esto es plausible porque estimula la participación democrática y saca al país opositor del derrotismo en que su dirigencia lo hundió.

Por el mundo en que me muevo y donde he trabajado toda la vida, me sobran los amigos escuálidos. Esa amistad no se resintió un ápice ni en los momentos más duros de golpes, guarimbas y disociación. Me conmovió el entusiasmo con que algunos me llamaron al regresar de su marcha. Lo hicieron con la plena convicción de que tienen ganadas las elecciones del 3D. Me limité a felicitarlos porque de la poesía aprendí que el sábado no es día para contrariar a los amigos.

La gente traída de todo el país para llenar el elevado de la Libertador cree en la democracia y en la vía electoral. Esto es lo importante. Los juegos de lentes y cámaras para llenar huecos y vacíos son hechos secundarios y anecdóticos; rutina televisiva en este tipo de actos. Lo esencial es que el abstencionismo con planes B o C cada día pierde más terreno y aleja la posibilidad, siempre latente, de que el candidato opte por retirarse agobiado por los números y la realidad.

Es también plausible que el canal opositor que ayer apostó a la desestabilización y la conspiración, hoy cuadre con una opción electoral, no importa que el Conde del Guácharo ande diciendo por allí que ya casi no le dan chance en la pantalla. Tiene que entender que lo importante es que la gente concurra a votar. Ojalá, pues, que este canal no tenga una parrilla de programación oculta y se mantenga apegado a los principios constitucionales.

Revienta igualmente a los que creemos en la democracia, esa manía de interrumpir la oratoria del candidato con una musiquita metiche e inoportuna. Si el discurso es limitado y pobre, no importa, eso es lo que tenemos. Pero el reggeatón ese no deja al aspirante terminar las frases ni al soberano captar lo que quiso decir. Con la entrometida musiquita, en lugar de un discurso, pareciera que el eléctrico Rosales estuviera grabando un video clip. Eso tiene que acabarse.

Así mismo se debe evitar toda mala copia chavista. Hay que diferenciarse del oficialismo a todo trance. Abrir con música llanera con una intérprete leyendo un papel, seguir con el himno nacional, encaramar a un chamo en los andamios del sonido para que el candidato lo mande a bajar y lo llame a conversar con él en medio del mitin, son “recursos” que remiten demasiado a Hugo Rafael. Es importante, así muera en el intento, que el candidato procure ser original. Así no le salga del todo bien, ello es preferible a una mala copia. El politólogo Carrasqueño debería saberlo, se supone.

Lo de la cámara que captaba cuando al orador lo abastecían de “chuletas”, me parece un detalle intrascendente. Se trata de un recurso válido siempre que se administre con naturalidad. Lo que se debe procurar es cambiar los textos chuleteados para que el discurso no sea el mismo en los distintos escenarios. Todo lo demás son burusas de la elocuencia.


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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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