Mística del mal

Hay gente que se ensaña consigo misma. Es misterioso porque se hacen daño para hacer daño. Sadomasoquismo que le dicen.

No es obligatorio envilecerse para oponerse a un gobierno. Todo lo contrario: raya en lo unánime la lista de quienes han ganado honra batallando contra diversos gobiernos desde tiempos próceres. Lo más viscoso es que se envilecen sin derrocar ni un condominio. Queman gente viva y lanzan puputovs para fortalecer la Revolución. ¡Y aquella arrogancia, caballero! Su vileza es directamente proporcional a sus ínfulas.

Profeso a Jorge Luis Borges una admiración literaria sin neblina, por eso me duele la decepción que me causó su Historia universal de la infamia. Conozco infamias de mayor envergadura. Monseñor Marcial Maciel Degolladeros, clérigo mexicano, no solo tuvo hijos, sino que los violó, lo que, me parece, va bastante más allá de una inobservancia del voto de castidad, práctica bastante rutinaria y comprensible dado que hay hormonas. Fundó los Legionarios de Cristo, ante quienes el Opus Dei es de extrema izquierda. En su infancia imponía a los peones de la hacienda de su padre que lo sodomizasen so pena de desempleo. La infamia fue bendecida: San Juan Pablo II lo refugió en el Vaticano hasta su sensible deceso. Por ejemplo.

Ante ese santo varón nuestro travieso Rosalio Cardenal Castillo Lara era un beato. No solo en la Iglesia hay truchimanes que bendicen a quienes salen a quemar a gente viva en la calle, aunque no los hallo peores entre los laicos. Los prelados nunca creyeron, en eso consiste su poder, dijo Jean Baudrillard.

En la oposición venezolana hay unos vistosos Ginesillos de Pasamonte, aquel delicioso pícaro del Quijote. No niego los que hay dentro del chavismo, pero reconozco que los de la oposición son más esplendentes, de un orden de magnitud mucho más egregio. No hace falta decir nombres porque ellos mismos se exhiben sin conocimiento de que existe una virtud llamada pudor. Vociferan la enigmática consigna de «libertad sí, elecciones no», porque ya el rrrÉgimen está tan caído que no hay para qué votar, y en una voltereta de minutos participan en las elecciones regionales y dialogan con la dictadura. Su gente se les enfurece y los insulta pero ellos no pestañean siquiera. ¿Entonces para qué tantos muertos? No sé, hay cosas para las que soy bien bruto.



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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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