Ante el cardenal Jorge Urosa Savino me confieso

Cardenal, ha de creer que en esta Semana Santa en que se celebra, como
el más importante acontecimiento anual que atiza de clamor popular a
su iglesia católica por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús de
Nazaret y, con cierta precaución como un acto de contricción, me voy a
confesar ante usted y con la señal de la cruz que me hice, le digo de
todo corazón que, dudo de su amor y entrega por el cristianismo y, por
eso mi poca creencia de fe y de paz de su espíritu para nosotros y,
aún así tomé la decisión de arrodillarme frente a su confesionario,
algo tembloroso que me llena de gracia pesimista y, de satisfacción
también hacerlo, es decir, me entrego a usted como un mal creyente que
soy de la iglesia que representa y, que tan mal lo hace cuando sale
por lo general a declarar más sobre políticas comunes de la vida diara
que nada tienen que ver con los pobres y su problemática y, también a
confrontar y criticar -que lo es siempre- las políticas del gobierno,
primero contra Chávez y ahora contra Maduro, de allí mi aversión hacia
ustedes y, más por usted cardenal, además, por su poca sensibilidad de
sentimientos humanitarios que lo represente como un cristiano creyente
amante de Jesucristo -no lo ha demostrado jamás, por lo que morirá sin
gloria y, el infierno lo espera.


Tenga la seguridad -cardenal Urosa- que no le voy a pedir compasión
por nada, sólo soltaré lo que siento y, lo que he hecho desde que me
conozco por bien o, por mal sin infamia ninguna, ni de deprimentes
actos de inmoralidad que me pudieran crucificar moralmente, para bajar
mi cara ante usted ni confesarme como una persona despreciable cuando
no lo soy, pues me respeto y me quiero y, dentro de mi autorquía me
comporto a la altura de mis actos y no exijo nada, pero en sí que
vivan y dejen vivir y, bien sabemos que el que dice lo que quiere, oye
lo que no quiere (-no sé, si eso lo dijo, san Agustín o, algo
parecido-), me excuso por mi ignorancia de hechos católicos y, con eso
como introito, paso a lo que me interesa decirle:


Cardenal, le confieso que, no he matado a nadie ni está entre mis
planes matar a alguien. No odio, decir lo contrario es falso, amo con
tal intensidad que me perturba mi entrega a ello, jamás he robado, ni
envidio lo que tienen los demás que hayan ganado u obtenido de manera
honesta o deshonesta que si a ver vamos da lo mismo en este país, país
en el que casi nadie va preso por corrupto, en mi paso por esta vida
he ayudado a mucha gente pobre a cambio de nada, eso me sale me nace
del alma, me gustan todas las mujeres, eso sí, quisiera tener
haremnes, pero cómo mantenerlas eso me jode hasta pensarlo, envidió
cardenal, eso sí a los viajantes turistas que van por el mundo, me
disgusta no poder hacerlo, pero..., no soy de los que le sirve de
peldaño a otros para que trepen más alto no va conmigo, manifesté en
la Ucevé muchos años atrás y, más nunca lo he vuelto hacer, no me
entusiasma, eso de joderle la paciencia a los demás con pancartas o
sin ellas tampoco va conmigo. Alabo a veces, pero no me es fácil,
tiene que ser un acto bien positivo, tampoco le jalo bolas a nadie, no
lo he hecho ni lo haré, criticar me encanta, me divierte porque hay
tanto porqué hacerlo que no hacerlo es ser cómplice y no soy cómplice
de nadie. Y es más, cardenal:


Le juro, cardenal, que fui adeco por mi abuela cuando apenas sabía
leer y escribir (ella era analfabeta), pero que va al tener un poquito
de uso de razón y comenzar a leer y a ver y comparar y, ser yo mismo,
me sentí atraído y comparto esa herencia socialiasta que otros nos
dejaron y que me idealiza y me adapto más a ella que al capitalismo y,
por tal motivo me acojo y me gusta ese sistema distributivo social y
económico para Venezuela que anda con muchas incogruencias políticas
en el presente y, que ustedes llaman dictadura que, no lo voy a
fastidiar tanto sobre eso que usted más que nadie también debería
serlo y, ayudaría a cargar con la cruz de los pobres y, no lo es
porque no es cristiano como lo fue eso como el báculo para Jesús que
usted odia esa obra y no le interesa predicar, le fastidia por ser
proimperialista oligárquico.


Cardenal Urosa, últimamente me he sentido mal -aquí sí pido su
comprensión- una mala acción de mi parte me ha apartado de la mujer
amada como una acción mía que, se me escapó quizás por molestia
interna, pudiera decirle de poca responsabilidad o, quizás más bien
sería que fui inhumano que no lo creo, creo que fue por torpe y
desconsiderado la injusticia cometida, pero lo cierto es Cardenal
Urosa, que yo quiero mucho quizás más que mi vida a esa dama y, ha de
creer cardenal que me pidió que le comprara comida para dejarle a un
hijo que la necesitaba y, ella poder salir conmigo tranquilamente y se
la negue cardenal -no comprénada-. Que pena, no le di importancia en
el acto y, como persona preocupada y sensible que soy no la satisfici
a ella por su hijo que lo ama y, quedé mal muy mal y, ella como lo
merecía me botó, no quiero saber más de ti me escribió y me pegó como
no se lo imagina cardenal al perder algo que era como parte de mí y,
con ese mal proceder eché por tierra mi socialismo, mi preocupación
por los necesitados, como es mi deber, aunque soy hombre de lucha y no
me entrego a perder lo que quiero he tratado de enmendar el capote de
mi mal proceder y, como castigo qué me impongo cardenal: ¿perseverar a
la buena de Dios? La amo tanto más de lo que debo, pero la amo 8lo
comprové en solitario) que la sueño como un bien común que vale la
pena tener hasta la muerte, lo que, le pido es bastante cardenal como
amante y amado que deseo ser por ella de no desistir e insistir que
Dios existe y a través de Él usted me puede ayudar sin penitencia
alguna, sino por la paz y lealtad de nuestras almas que tal como
navega el país nos abstraemos en realizar el bien común que debe ser
nuestra principal actividad de condición humana y servir sin ver a
quién y cometemos tantos errores que nos ponen a padecer de angustia,
pero vuelvo y le repito cardenal, mi mayor pecado es tratar de ser
diferente a los demás y, hacer el bien sin interés ninguno que a éste
ni a ningún gobierno no le debo nada, porque nada les he pedido ni por
bien, mucho menos por mal. ¡Ah, cardenal! Se me olvidaba decirle que
así como no soy católico, tampoco soy santero, y le refiero lo que
usted mismo dijo, no soy chicha ni limonada y confesado.


Terminé de confesarme, cardenal Urosa, ahora le sale usted ver que va
a hacer con tantos pobres que peor que yo se encuentran en el país
clamando por su ayuda que nunca llega y, eso que se dice ser pastor
de la iglesia y enlace de Dios, para qué..., cardenal.



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Esteban Rojas


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