Las mujeres desarregladas y sucias también paren

Tentación –su nombre de pila- se acostó temprano con la única
intención de madrugar: por lo que hizo buches esporádicos de agua de
vinagre con limón que la resguardara de una insolación de media noche
que al cruzar de un lado a otro en su excursión no tropezara con una
ronquera de las que se van y vienen sin ser invitadas a la mesa de la
servidumbre del aparato digestivo del gusto como parte de sus
sensaciones que se desvisten de malcriadez cuando, por la boca entra
algo extraño y, ella no pensaba en eso, lo presentía que a lo mejor un
caimán se le atravesaría en el camino de su mala suerte que pudiera
apartar la boa que siempre la perseguía y, que se escondía enrollada
en su memoria con perversas actitudes, pero, para deslastrar esos
malos pensamientos que fluyen en cualquier momento del día y de la
noche, se persigno arrodillada de emoción placentera y hasta besos
suntuosos envueltos de rodajas de amor, le lanzó a san Benito que no
deja pasar lo malo sin atraparlo y ella, se entregaba a su
consideración y se dejaba coger por ese santo sin precaución.

Media adormecida se acurrucó de lleno en los vaivenes de los sueños
que se saben como empiezan, pero nunca cómo finalizan y, en ese
remanso de dualidades, atrapó el toro de sus ronquidos por los cachos
y en su entrega brutal al capitalismo de su buena suerte comenzó a
contar los días perdidos de toda su vida y cuando ya los había
totalizado, los enterró en el almanaque de las pasantías por venir y,
en ese borrón de entrar en cuenta nueva, le entró la luz temblorosa de
la esperanza y forrada en dólares americanos se fue al Fondo Monetario
Internacional a comerse un conjunto de naciones que todavía viven
sumando partidas que le entran por la puerta trasera por el desplume
de los pueblos que no se cansan de estar hundidos bajo tierra y, sin
saber por qué: buscó hacia el Sur, donde muchos de sus habitantes
producto de sus antepasados que una vez vararon en tropel desde Europa
con una mano adelante y otra atrás, mirando el cielo y, hoy son los
dueños de las finanzas y, por qué no, de los destinos de muchos que
todavía vagan perdidos en el corralito del espacio de su configuración
y, de repente un relámpago que con su trueno de descarga que como
sorpresa sacó a Tentación de ese enredo húmedo que la despertó
asustada y con una pesadez inmisericorde se lamió los labios de su
pobreza que prensada de un susto instantáneo se tocó su barriga y
sintió que flotaba como un globo con algo que se movía dentro de ella
como un pordiosero más que salen de todos los rincones del mundo y,
entonces gritó con rabia: el mundo es mío ¡coño! Y seguiré pariendo
como una coneja hasta que me coma la tierra y, la tripa de la libertad
me dé consuelo con su asta.

Volvió a dormirse y a soñar con sus contradicciones que no dejaban de
rodearla y de embarazarla de pobreza y, soñando para convivir con lo
que no se tiene ni nunca se tendrá y, ella como Tentación no era la
excepción y con resignación se ahogó con sus propios suspiros y, sólo
alcanzó a decir, ¡pobre de mí: que no acabo de caer de esa nube de
mierda como rica!


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Esteban Rojas


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