Se murió Caldera… que comience el show

¡Se terminó de morir Rafael Caldera!
Se terminó de morir, porque políticamente tenía años muerto y físicamente era un cadáver insepulto.
No vamos a usar este espació para exponer lo que pensamos del expresidente, ya lo hicimos en su debido momento. Lo que sí vamos a hacer es a expresar nuestra opinión sobre el sainete montado por los hijos del difunto.

Como los humanos tenemos la mala costumbre de morirnos, sobre todo cuando llegamos a viejos, la noticia sobre la muerte de Rafael Caldera sorprendió a muy pocos. Lo que si llamó la atención fue la intención de los hijos del muerto de atribuirle un documento (supuestamente escrito pocas horas antes de morir) en el cual atacaba al gobierno de Hugo Chávez.

A kilómetros de distancia se “le ven las costuras” a la estrategia. El pobre Caldera ya no podía ni escribir su nombre, mucho menos un documento de este tipo. Hace tiempo que había reventado la guaya del kilometraje, pero sus hijos, con ese odio que llevan por dentro, no tuvieron el más mínimo reparo en atribuirle unas líneas que de ninguna manera le hace honor a su intelecto.

Si el viejo Caldera hubiese estado en condiciones de escribir algo, habría producido un documento de mucha mayor calidad.
No sentimos ni sentiremos admiración alguna por el expresidente, pero seríamos necios si dejamos de reconocerle que además de intelecto tenía olfato político y sentido de la oportunidad.
No iba Caldera después de casi una década de silencio a romper el mismo (si hubiese estado en condiciones de hacerlo) para generar un documento lleno de lugares comunes y cargado de frases tan repetidas por otros, que más bien pareciera escrito por un guionista de Globovisión.

El hombre que tomó la decisión de implantar la política de pacificación en el momento que más le convenía a los intereses de la oligarquía criolla; el mismo que supo montarse en la ola del cuatro de febrero para llegar nuevamente a la presidencia de la república; el político que usó al “máximo representarte de la izquierda venezolana” para confundir a los trabajadores y quitarles sus prestaciones sociales; el dirigente que “leyó” el momento de romper con el partido que el mismo había fundado, no pudo ser tan torpe (en el supuesto de que estuviese lúcido) como para salir de un silencio tan prolongado con un documento al que nadie, absolutamente nadie iba a prestarle la menor atención.

Desde aquí, a cientos de kilómetros de distancia del lugar de los acontecimientos, nos atrevemos a segurar que el “genio” de la comedia fue Andresito… pocos políticos en Venezuela tienen tan poco en el cerebro.
El show lo completaron con la exhibición de una bandera de Venezuela con siete estrellas y con gritos de ¡Viva Caldera! ¡Abajo Chávez!
Es tan grande el odio que esa gente tiene por dentro que ni siquiera en el velorio de su propio padre pudieron dejar de pensar en como intentar hacerle daño al gobierno.


ALEXIS.ARELLANO@pequiven.com


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Alexis Arellano


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