La Hojilla cambió para mejor

Cosas Veredes Sancho

Primero que nada hablaré de los lugares comunes pero pertinentes en este caso. Estoy seguro que Mario Silva sabe cómo y de quién defenderse. Como muchos otros camaradas, lo conozco solo como figura pública, por su trabajo mediático. Además es justo decir que muchas, pero muchas de sus críticas, las comparto. Amén de sus implacables análisis de la propaganda fascista que cunde en la oposición.

Luego yo mismo de alguna manera lo he criticado un par de veces por estas páginas ante ciertos planteamientos que ha hecho con respecto al PSUV y a las luchas contra el aparato mediático nacional, tristemente detentado por mafias empresariales, por ahora. De modo que todos estamos expuestos a la crítica cuando entramos a la batalla de las ideas, principio fundamental de la dialéctica.

Entonces, quiero expresar mi opinión sobre la Hojilla, pues aquí no uno sino varios “camaradas” han agarrado el rábano por las hojas. La Hojilla es la alarma comunicaciónal que tenemos en la Revolución para desenmascarar, denunciar, contraatacar y picarle adelante a la ribazón de excremento que todos los días y cada minuto descarga el terrible aparato mediático privado para tratar de echar abajo los logros del proceso. A través de ella se canalizan buena parte de las informaciones recabadas por la inteligencia social.

Y he aquí que surge la “iniciativa” de dudar sobre la continuidad, el estilo, los alcances o propósitos de la Hojilla con un argumento por demás sospechoso: Que solo reacciona ante lo que hace Cloacavisión (así le digo yo, guste o no guste), que solo está pendiente de Kiko, Roland y otros personajillos quienes, de existir una máquina del tiempo que los arrojara al Medioevo, solo servirían para entretener señores feudales o aterrorizar en sus mazmorras.

Entonces ¿Cuál es el sentido y propósito real de esas filípicas orquestadas que surgen coincidencialmente una tras otra? ¿Acaso es producto de una miopía política que trata de achacársele a un bastión del proceso, apelando a adagios del Che? Habría que ser bien pendejo para suponerlo.

Así como se ataca al Líder Comandante con la vana esperanza de detener el proceso, aquí lo que se pretende es crear una matriz de opinión adversa a La Hojilla con el mismo método, por una razón bien sencilla que la contrarrevolución si ve a través de las hojas: Que los cambios de ese espacio, donde la audacia, valentía y dinamismo de un grupo de irreverentes comunicacionales les expone en sus propios reductos, funcionó. Eso duele y ese dolor es la fuente de todo esto.

La verdadera pregunta que debemos hacernos es ¿Cuándo los empresarios mediáticos dejarán de desestabilizar y jugar al golpe? ¿Cuándo dejarán de disociar, incitar al odio y al magnicidio? El desmontaje de esa superestructura es fundamental en el avance y apenas le hemos aflojado unos tornillos. Al contrario, camaradas, necesitamos más programas para descubrirlos, ponerlos en evidencia y develar sus recurrentes planes antidemocráticos. Es bueno recordar que este complejo empresarial (Incluidas las agencias publicitarias) es el que mantiene cegada a la clase media con la vanidad consumista, hija predilecta del capitalismo.

Solo el echar mano de pinzas para extraer una frase de Mario Briceño Iragorri - Autor de verdaderos vomitivos mantuanos en pleno siglo XX- nos da pistas de por donde vienen los tiros. No me vengan con buenas intenciones ni con caminos olorosos a melón.

La jauría ha dejado de ladrar solo para emitir aullidos, signo de avance. Y eso no tiene nada que ver con la crítica revolucionaria que endereza el rumbo. Yo cargo mi buen tramojo ideológico.


pladel@cantv.net


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Plácido R. Delgado


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