Alejandro Toledo -de cholo a chulo. El bobo Carlos Mesa, de cerdo a cerdo

No se reunieron en Honduras, ni en México ni mucho menos en Colombia –donde el desastre contra los derechos humanos es de padre y señor nuestro-, ya que la cosa es venir a joder un poco más en Venezuela donde suponen se encuentra el meollo de la gran guerra contra las putas mediáticas. A Alejandro Toledo le dieron buena pasta porque eso es lo suyo: pedir, coger, chulear. No tiene la menor vergüenza, y preguntó descaradamente cuánto le darían y le dijeron que 60.000 dólares, con los gastos de pasaje, hotel y comida pagados. No lo pensó dos veces, y le dijo a su catira Eliane Karp: “me voy para Caracas, dile al servicio que me prepare las maletas”. Esa es toda su moral, los grandes arrestos que le adornan para luchar por la democracia y por la libertad de expresión. Cuando le hicieron el depósito en su cuenta, cumpliendo con lo acordado, salió a declarar a la prensa mundial: “¿Hasta cuándo los venezolanos van tolerar esa situación tan amenazante para el pensamiento, para espíritu de la libertad?”

Alejandro Toledo que de cholo pasó a chulo, como digo, tiene aspiraciones de volver a gobernar a su país. De ancestro indígena se buscó a una catira de blonde hair, nariz perfilada, pechos enhiestos, y todo lo más lejana a una india peruana, “para mejorar mi raza”. Se fue a Estados Unidos a buscarla y la encontró en California. La catira es Eliane Karp, digo: judía, racista, de padre polaco y madre belga, nacida en París. Eliane Karp, quien odia a su cholo y lo llama “liendre”, “zafio”, “mono”, no tiene problemas porque su ego no come indio –ha dicho. Ella le había propuesto a su maridito que no viviría más en el Perú: le escuece el neuma ver tanta pobreza, tanto andrajoso miserable sin espíritu de superación y tan poco desarrollo económico. Ella le pidió a su cholo chulo que se fuera de campaña por el mundo para que se labrara una reputación de pensador, capaz algún día (mientras espera ejercer otro mandato en el Perú) de llegar a la presidencia de la OEA u obtener con la ayuda del Departamento de Estado un galardón como el Nobel de la Paz (“no sólo el babieca de Óscar Arias tiene derecho a tener el Nobel entre los presidentes de América Latina”). Por eso, mientras Aznar rebuzna por el sur, él lo hace por el norte de América Latina. Lo que le da nota (y mucha plata) en este momento es unirse a una gran campaña internacional contra el “caníbal Chávez”.

El chulo cholo fue enfático ayer en Caracas: "La fortaleza de la democracia no se mide por la capacidad, cantidad o calidad de sus armas; tampoco por las cifras económicas en las épocas de bonanza o por las cuidadosas alianzas políticas regionales y extrarregionales. La fortaleza de la democracia tampoco se basa en una falsa unidad nacional producto de la creación de falsas amenazas externas".

Por su lado el bobo Carlos Mesa, haciéndose el merotrópico, pelando extravagantemente sus dientes sucios, dijo genialidades por debajo de las del cholo-chulo: "Los poderosos de hoy manejan un discurso en el que le hacen creer a los ciudadanos que tienen voz, que antes no tenían, y esto no se percibe como verdad. Pero también hay que preguntarse por qué la gente vota por gobernantes que atacan la libertad de prensa".

A Carlos Mesa también le pasaron sus 60.000 dólares, y tenía que dejar constancia de su valiosa colaboración a favor de la democracia, por eso instó a los ciudadanos a luchar por la recuperación de espacios para la libertad de expresión. "Es una batalla que tiene que comenzar de cero, porque la interpretación que tenemos de la democracia de hace 15 años era universal, y hoy no lo es", señaló este pendejo universal.

El director de El Tiempo de Bogotá se llena la boca de papas calientes diciendo: "La impunidad sigue siendo el cáncer que alimenta la violencia contra los medios de comunicación"; claro, por eso él anda libre por el mundo, él uno de los más grandes narcotraficantes de Colombia, protector del bandido Uribe Velez y de su hermano Juan Manuel.

La verdad es la siguiente: en el plano internacional en sus diez años de gobierno el Presidente Hugo Chávez ha visto caer en América Latina, de la manera más infame y vergonzosa, a muchos mandatarios. Cayó Gonzalo Sánchez de Losada, en Bolivia, e inmediatamente este Presidente señaló en Washington que el culpable de su derrocamiento era nuestro Comandante. Claro, no era Chávez, fue el modelo neoliberal que no pudo aguantar el pueblo boliviano. En el instante en que estaba por caer, Condolezza Rice le exigió a la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, que hiciera lo imposible por ayudar a Sánchez de Losada. Comenzaron a llover titulares en defensa de la institucionalidad, pero el gringuito se fue de nalgas y un hubo tinta suficiente para alzarlo por lo calzones. La prensa llamaba a la calma; la prensa se entregaba a hacer sesudos análisis anunciando que dentro de poco todo se arreglaría el asunto de la paz en Bolivia y pronto el progreso renacería en todos los rincones de la patria. Sánchez de Losada mediáticamente era un gran estadista, en la realidad un pobre diablo. Este boliviano se había entrenado y educado de tal manera en el Norte que casi no habla español.

Al presidente Lucio Gutiérrez de Ecuador le pasó lo mismo, aunque Lucio no había sido un burgués como Sánchez de Losada. Lucio había llegado con el proyecto de apoyar al pueblo en sus reivindicaciones sociales: Poco a poco fue cediendo y desviándose de su camino inicial hasta que entró en las fauces del monstruo. Fue a Estados Unidos y adquirió serviles compromisos con el FMI, por lo que a los pocos meses no le quedó otra opción que cumplir las recetas funestas de este organismo y meter a su país a las decisiones de la estrangulante banca internacional. Tomado su palacio por el pueblo tuvo que salir en la maletera de un auto, escondido como un vil miserable. Lucio Gutiérrez también estuvo diciendo que Chávez lo había derrocado. No era Chávez sino el espíritu de Chávez que ahora está en todos nuestros pueblos. Sin que Chávez moviera un dedo Lucio se fue de culo. Es verdad, en el fondo fue Chávez el gran culpable. Del continente de los oprimidos surge su sombra, surge su verbo, batalla su corazón bolivariano. Su fuego en cada barrio, en los campos, en las fábricas.

La caída de la popularidad de Vicente Fox fue igualmente catastrófica, tan catastrófica que Felipe Calderón no lo quiere cerca y le ha exigido a su entorno que no lo meten en ningún acto protocolar donde él esté presente. Por eso la SIP no lo invitó. Fox, de cacique de México, de soberbio ranchero (ex Presidente de la Coca Cola), salió de su presidencia como un verdadero cachorro del imperio: apagado, lánguido, totalmente acojonado. Por la puerta de atrás de la historia de su propio país, y dejando a México en un estado de postración moral como jamás se había visto. Nuestro Presidente Hugo Chávez con su espada de claridades le llamó así, “el cachorro del imperio”. Aquella verdad había dejado una estela muy grande, y peligrosísima para Washington. Se movieron todos los medios para defender lo suyo. Se hizo una horrible campaña electoral donde se despedazó sin contemplaciones y violando todas la reglas electorales a Manuel López Obrador. Se trató por todos los medios de comparar a Obrador con un Chávez grosero, violento y hasta criminal. Se hicieron spots en las más poderosas televisoras, en los que se hacía aparecer a Chávez como un dictador cuyas medidas arbitrarias y tiránicas serían las que le sobrevendrían a México en caso de que López Obrador saliese triunfante. Peo lo que jodió a López Obrador fue decir que atacar a Fox era atacar a México, la misma horrible pendejada que hoy anda diciendo en Colombia el candidato (de la CIA) Gustavo Petro.

Igualmente pavoroso fue la campaña electoral del Perú, en el que involucraron a nuestro Presidente Chávez durante todo el proceso; una campaña que fue llevada a cabo con los mayores insultos a Chávez. Fueron incontables los epítetos vulgares de los que echó mano Alan García para atacar a nuestro Presidente y para tratar de hacer ver que era protector y financista de la candidatura de Oyanta Humala. Allí se presentó todo un cuadro plagado de delitos electorales, nunca del todo aclarados, que hacen presumir encerró un espantoso fraude.

Así está la vaina que no cesa. La SIP cogerá sus corotos y volverá dentro de poco con la misma cantaleta. Están mal, y esos espacios que todavía detentan en nuestros países, hay que arrancárselos. No más magnates de los medios jodiendo a nuestros pueblos. RIP.


jsantroz@gmail.com


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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