Presente y Porvenir

Quien haya leído la historia de cualquier revolución, sabe que las grandes reformas institucionales no se realizan en cortos períodos de tiempo, y que no es posible evitar ciertos episodios desagradables para algunos de los que las hacen o de los que las resisten. La Revolución no tiene por objeto aumentar la quietud de los contemporáneos, sino conquistar nuevos derechos y libertades para las generaciones siguientes. Por eso es natural que la revolución sea aprovechada y loada por los hijos de ciertos padres egoístas que la combaten y difaman.

La vida individual es demasiado breve para que una misma generación siembre y coseche; sólo pueden aceptar el sacrificio de la siembra aquellos padres generosos que desean para sus hijos la dicha de cosechar los frutos. No lo ignoran los idealistas de la Revolución Bolivariana. No son ilusos ni tontos. Procuran el bienestar de los adultos, porque ellos forman el pueblo actual y su cooperación es indispensable; pero saben que las rutinas y prejuicios de algunos constituyen una dificultad casi invencible para que se adapten al nuevo régimen. Por eso han puesto su esperanza en los niños y se ocupan de educarlos en una moral de amor y solidaridad, que los prepare para vivir sin la maldad y el odio que nos envenena a los envejecidos en este régimen que se está muriendo.

La fuerza del hábito y la rutina, la educación en ideas falsas que siguen suponiéndose eternas, los intereses creados de clases y de individuos, los desplazamientos de una inmensa masa parasitaria o privilegiada, todo se suma, en gentes que tienen la práctica del poder y la habilidad en el manejo de sus innumerables resortes. Esta convergencia de intereses y prejuicios, contrarios a todo progreso, logra necesariamente organizar una oposición tanto más formidable cuanto más innovadores sean los principios revolucionarios.

Es sabido, por otra parte, que los elementos conservadores tienen a su disposición las múltiples retóricas del tradicionalismo, de la religión, del patriotismo, lo que no les impide solicitar y aceptar la cooperación de los dólares y las armas extranjeras que siempre acuden copiosas al llamado. Con la ayuda extranjera se aísla y se bloquea al pueblo que lucha por la Justicia Social; con la ayuda extranjera se traman arreglos encaminados a corromper los principios básicos de la Revolución misma. Es necesario decir, a pesar de todo, que los más graves inconvenientes de la revolución no son debidos a la revolución, sino los provocados por la insensata resistencia a su desenvolvimiento natural.

Los medios de comunicación les permiten falsificar el espíritu de la Revolución, para lo cual les basta limitarse a narrar los episodios desagradables, exagerándolos si existen o inventándolos si faltan. Las revoluciones verdaderas, alcanzan a todos y molestan a los amorfos, cuyo único ideal es continuar con los ojos cerrados a todo beneficio ulterior. La violencia no es la finalidad de la Revolución, sino la dolorosa defensa impuesta por las amenazas de los reaccionarios. Pero eso no es todo. Las revoluciones son siempre la obra de minorías educadoras y actuales. Son minorías también, los grupos reaccionarios.

“Yo he dicho mi verdad, y no es ya cosa mía si es o si llega a ser la verdad de otro”.


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Manuel Taibo


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