Directivos de medios que crean, procesan, refinan, moldean y gobiernan mensajes

La manipulación como técnica informativa

Tal y como está diseñado el modelo comunicacional venezolano, los directivos de los medios de comunicación en Venezuela crean, procesan, refinan, moldean y gobiernan la circulación de mensajes, -imágenes y sonidos- además de la información, las noticias y hasta las opiniones, las cuales van a determinar en la mayoría de los casos nuestras convicciones, actitudes, creencias y hasta nuestra conducta. Cuando estos directivos producen deliberadamente mensajes o discursos que no concuerdan con la realidad de los sucesos acontecidos en la sociedad, se convierten en vulgares manipuladores de cerebros.

Aquellos mensajes difundidos que de manera expresa generan imágenes falsas de la realidad, o que simplemente la ocultan y a su vez producen significados que no pueden captar las condiciones personales o sociales reales de la vida o simplemente las niegan y las rechazan de manera voluntaria, convirtiéndose en mensajes de manipulación.

La manipulación de las imágenes y los sonidos –conocidos como mensajes por la Ley de Responsabilidad Social- son “instrumentos de conquista” tal y como lo escribe FREIRE, “esta técnica es un recurso que utilizan las élites dominantes para que las masas se amolden a sus objetivos”. Los manipuladores de manera imperceptible nos inducen a apoyar un orden social que en todos los casos defiende sus propios intereses, y no sirve en ninguno de los casos a los intereses reales y futuros de las grandes mayorías.

Las técnicas de manipulación surgen como una necesidad que tienen las minorías convertidas en élites de dominar los cambios sociales, mientras esto sucede, lo que hay es una subyugación total de las mayorías adormecidas al denominado “status quo”.

Citando a Herbert Shiller, “…la división permanente de la sociedad en dos grandes categorías identificadas como ganadores y perdedores surge y perdura como consecuencia de la preservación, el reconocimiento y en verdad la santificación del sistema de propiedad privada de los bienes de producción, y de la extensión del principio de propiedad a todos los otros aspectos de la existencia humana…”

Entre las técnicas de la manipulación y control social podemos mencionar el control férreo del aparato de información y de las ideas en todos los niveles, lo cual es vital para garantizar la perdurabilidad del “stablisment”

¿Cómo aseguramos el funcionamiento de este círculo vicioso? Simplemente, mediante una básica regla o mejor dicho mediante la regla de oro de la economía del mercado; la propiedad y el control de los medios de comunicación de masas, como todas las otras formas de propiedad que están sólo al alcance de los dueños del capital. Por ello no es casual que a nivel local como a nivel mundial la industria cultural –léase- libros, discos, espectáculos públicos, cine, diarios, revistas, prensa, radio y televisión, esté en manos de grandes e intrincados conglomerados empresariales, en la mayoría de los casos imperios mediáticos.

Otros instrumentos de control que pasan inadvertidos por la mayoría de las masas y que constituyen uno de sus más grandes éxitos, han sido y son: Los mitos del individualismo y de la decisión personal, mediante el cual se busca reforzar la propiedad privada como un derecho natural y sacrosanto, inmutable, intocable y privilegiado frente a otros derechos vitales como la vida, el derecho a la salud y a la educación de las grandes mayorías excluidas. No debemos olvidar que al comienzo del desarrollo de lo que se conoce como “cultura” se implantaron las raíces de ésta basados en la cooperación y la comunicación, sin embargo lo que nos muestran los medios de comunicación tal y como se entiende en Occidente, reside en la existencia de un alto grado de opción individual, reivindicada desde el siglo XVII con el individualismo.

Otro mito desarrollado hábilmente desde las élites que controlan los medios como técnica de manipulación, es el mito de la neutralidad de las instituciones claves, tales como: medios, educación y la ciencia -entre otros- y para que éste sea mucho más eficaz debe pasar inadvertido y hacer creer que estas situaciones son inevitables y naturales, y que las cosas son como son y por lo tanto son inmutables. El mito descansa sobre la fe en la integridad e imparcialidad de las mencionadas instituciones. Mientras tanto nadie visibiliza las redes de interconexión que existen entre estas instituciones y sus intereses comunes que al final lo que persiguen es mantener intocables sus ganancias y la forma cómo hasta ahora han hecho “negocios” con la producción de información, programas, música, libros, teorías científicas, económicas y sociales reforzando el actual sistema neoliberal excluyente y capitalista.

Otro de los mitos desarrollados por los especialistas en manipulación, consiste en presentar como una verdad absoluta la inmutabilidad de la naturaleza humana, reafirmando mediante los mensajes difundidos por una industria cultural, que funciona bajo la lógica y guiándose por los principios comunes de la competencia, mostrándonos por ejemplo como tesis: que existe una relación entre la criminalidad urbana y los hábitos de apareamiento de los carnívoros. Que se consigue con esto aislar a las grandes masas para comprender que el pesimismo acerca del ser humano sirve para conservar el status quo, sin embargo se olvidan tal y como lo plantea Schiller que “...para que nuestra especie conquiste su humanidad, los hombres y mujeres deben creer que el género humano puede hacerse totalmente humano…” Los manipuladores de cerebros hacen enormes esfuerzos –hasta ahora lo han conseguido- por convencernos de que la naturaleza humana no cambia por lo tanto el mundo no cambia, sin embargo y de manera solapada se abstienen cuidadosamente de estudiar los cambios que se producen en las relaciones sociales o en las estructuras institucionales que apuntalan la economía.

De manera vulgar nos muestran otro mito, como lo es el de “no mostrar los conflictos sociales” lo hacen mostrando el panorama interno pero a su vez negando la existencia de conflictos sociales, la cuota diaria que se le ofrece desde los medios a los usuarios y usuarias de los mismos de violencia y sexo, es abrumadora, y se ocupan de todos los días y sistemáticamente mostrarnos y convencernos de que la violencia es un problema individual, tanto en sus manifestaciones como en su origen.

Para los conglomerados mediáticos, las raíces sociales del conflicto no existen. Los negros, los latinos, los gordos, feos, amarillos, cobrizos, los árabes y los indígenas, y todos aquellos que pertenezcan a minorías étnicas, religiosas o físicas, siempre salen mal parados -delincuentes, ladrones, narcotraficantes, violadores, en el mejor de los casos-, o simplemente no existen, es decir son invisibles. El análisis y la discusión seria acerca de los conflictos sociales, sus raíces, causas y soluciones no son temas de interés para los grandes empresarios de los medios de comunicación.

Quizás el más descarado de todos los mitos en los cuales la manipulación mediática se basa, está en el hecho de que “existe pluralidad de los medios” ¡Cuánto más falso esta aseveración de la realidad¡ esta ilusión se nutre en la predisposición que ellos mismos han creado hacia las masas de que la abundancia de medios es diversidad de contenidos, y los medios fomentan de manera deliberada esta información. Es fácil pensar que un país donde hay aproximadamente 800 radios y más de 60 televisoras no puede existir ninguna forma de cartelización de la información, de la programación y del tratamiento de diversos temas. La mayoría de los venezolanos están básicamente, aunque de manera inconsciente, prisioneros en lo que es la cartelización de la información, que no es otra cosa que una trampa de información sin alternativas. En los medios no existe prácticamente diversidad de opiniones sobre noticias extranjeras o nacionales o incluso sobre asuntos de la comunidad, y esto es comprensible desde el punto de vista de la economía de mercado y sus intereses materiales e ideológicos idénticos. El monopolio restringe la opción informativa, ofreciendo una sola versión de la realidad: la suya propia. La mayoría de los diarios, revistas, películas, así como los temas tratados en radio y televisión producidos por conglomerados mediáticos son idénticos, se reparten el mercado publicitario sin mayores sobresaltos y los niveles de competencia entre unos y otros es prácticamente nulo.

La televisión se presenta como una democracia cultural, una democracia que responde a los intereses de la mayoría de los usuarios y usuarias y contrariamente a esto, ellos, los directivos de los medios deciden –por tener la experticia, escuché argumentar a la representante legal de un conocido medio de televisión venezolano en una consulta pública- cuáles programas sirven o no y con ellos se desarrolla y potencia el mito del “rating”. En realidad se suprimen programas muy populares cuando los efectos deseados por los anunciantes no responden a sus intereses. En resumen quienes deciden si una programación funciona o no son los niveles de rating de cada segmento y la capacidad de que en esos espacios puedan los anunciantes vender más o menos productos y esto no es más que responder a la lógica del mercado, de la cual los medios y los anunciantes son esclavos.

Allí en estos espacios mediáticos, es donde surgen dos técnicas que se utilizan para dominar a la gente, una de ellas conocida como: la fragmentación, esta actúa como una forma de comunicación privilegiada en el sistema comunicacional venezolano, heredado del sistema norteamericano, basado en la economía del mercado y en el mantenimiento del status quo establecido por la potencia mundial, la fragmentación o focalización de la información y su distribución es el único formato, mediante la cual la realidad –la que ellos escogen presentar- se presenta dispersa, casi al azar, deliberadamente interrumpida por los espacios publicitarios. La necesidad de llenar todos los espacios de los medios –revistas, libros, Radio, televisión, prensa, vallas, etc..-, con mensajes comerciales es propia de la economía de consumo, aumenta la fragmentación, la indiferencia y canalización de distintos temas políticos o sociales introduciendo cualquier tipo de material que esté en el aire o en el ambiente, reduce el conflicto social y las necesidades de las grandes mayorías a simple “shows mediáticos”.

Lo más grave es que esta situación no sólo se presenta en los medios, sino que la fragmentación sirve para que el aparato cultural, científico y educacional la use, fomentando la atomización, la especialización, la subdivisión microscópica que refleja las divisiones arbitrarias que por ejemplo se han realizado y siguen vigentes en las disciplinas sociales que se estudian en nuestras universidades, siendo además que cada una reinvindica su propia pureza frente a la otra, alejándonos del todo y aislándonos de que es imposible por ejemplo, que la ciencia comunicacional, se estudie y se interrelacione con todos y cada uno de los aspectos de la vida de los ciudadanos del país..

Finalmente la más peligrosa técnica de manipulación de cerebros es la pasividad, cuando las técnicas antes descritas dan resultados lo que sucede invariablemente es que los ciudadanos –todos- permanecen en estado de pasividad individual, autoreforzándola y destruyendo la capacidad para la acción social que es la que al fin, la única opción para cambiar las condiciones de la sociedad y la propia humanidad.

En el marco del desarrollo de estas ideas proponemos al colectivo nacional, detectar, conocer e identificar semiótica y prácticamente estas maneras perversas de seguir manteniendo el control por parte de las élites mediáticas nacionales y con ello mantener el control del poder, los invito a movilizarnos, agruparnos y los invito a conocer los alcances de un instrumento legal como lo es la Ley de Responsabilidad Social, que desde el punto de vista práctico, más allá de una simple propuesta de ley tiene más que ver con una propuesta liberadora del pensamiento que rescata nuestros valores e idiosincrasia, que nos da el derechos a dejar de ser espectadores y pasar a ser protagonistas del cambio en el modelo comunicacional, con propuestas democratizadores vitales tales como la producción nacional independiente que constituyen en conjunto nuestra mejor arma para defendernos de estos manipuladores de oficio y por sobre todo a percibir críticamente los mensajes que éstos nos difunden.

Solo las presiones sociales ejercerán el suficiente empuje como para mover las estructuras de poder hasta ahora inmutables en muchos casos.

NO a la pasividad, conciencia crítica camaradas….



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María Alejandra Díaz Marín


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