Falta Temporal como Estado de Excepción Perpetuo

Es un hecho público notorio y comunicacional lo ocurrido en Venezuela la madrugada del 3 de enero de 2026. Estados Unidos primero administró el conflicto venezolano mediante una estrategia de presión selectiva, diseñada para actuar sobre figuras concretas sin alterar el sistema autoritario de poder.

Trump no utilizó una intervención militar en sentido clásico, tipo Irak o Afganistán, que consistió en la ocupación territorial, control del Estado o administración del país, con figuras externas colocadas a dedo por los invasores, aunque sí recurrió a medios militares y aeronaves para ejecutar operaciones puntuales.

Fue extraído del territorio quien ejercía -de hecho- la presidencia de la República y su esposa, capturados en medio de la noche escudándose en el cumplimiento de una herramienta judicial y ejecutiva, amparada en el derecho penal federal de EEUU, a través de causas judiciales abiertas por narcotráfico, terrorismo y crimen transnacional, hecho deleznable e ilegal.

Una estrategia prohibida en el marco del derecho internacional, que combinó la aplicación extraterritorial del derecho penal de Estados Unidos, sanciones financieras y presión diplomática y una acción bélica focalizada, que ocasionó además más de 300 víctimas -cifras aproximadas porque no hay reporte oficial y los que existen se contradicen- entre militares y civiles asesinados, heridos y daños materiales.

El ala tecnocrática neorreaccionaria del gobierno de Trump, optó por recomendar -con base en sus estudios de escenarios y riesgos de la IA- una solución maquínica, técnica, basada en lo que ya advertimos explicaba Hanna Arendt en la Alemania post caída del régimen nazi: en el marco de países devastados, -cómo es el caso de Venezuela-, se presenta el fenómeno de la administración técnica como única vía para que los ciudadanos vuelvan a tener una vida normal.

Tesis peregrina por demás pragmática -la de los neorreaccionarios-, que nos somete a un "protectorado" con unas autoridades -que nadie eligió- y que según algunos Diputados del clan alacranistico, debe prolongarse mas allá de los tiempos taxativos establecidos constitucionalmente, que admiten interpretaciones acomodaticias del TSJ, sobre cuándo se produce una falta temporal del cargo de presidente, y según su sabiduría no existiría falta absoluta, -así pasen los 90 días, más los otros 90 días reglamentarios, para luego convocar a los 30 días elecciones, y la justificación de no declarar la falta absoluta se apoya en que eso equivaldría a reconocer el secuestro del presidente y su esposa. Por cierto, si es un secuestro, ¿dónde está la exigencia de rescate monetario o condiciones de ventaja que reclama el secuestrador?

Esta visión sesgada -por decir lo menos-, que intenta darle "legitimidad" a un manejo "administrativo técnico" de la crisis que viene desde hace muchísimos años y que hizo clímax el 28J y sus días posteriores, pretende imponernos unilateralmente desde adentro, por órdenes del gendarme externo, un estado de excepción perpetuo (Agamben) de facto, para justificar un "gobierno encargado" que perduraría más allá, hasta el infinito si es necesario, vaciando de contenido no solo la soberanía que reside intransferiblemente en el pueblo, sino el ejercicio de derechos civiles y políticos, y con ello, la propia Constitución.

Cuando vemos el comportamiento de Trump respecto al poder en Venezuela y que permanezca intacto con la "administración tutelada" lo que podemos concluir es que no hubo ningún cambio, pues lo que mutó es el poder. Después de esta "administración tutelada" pueden poner a cualquiera. Para ellos la democracia, la soberanía individual, son estorbos. Y se comportan como piezas de una estructura superior que ordena y manda. Solo cumplen funciones, las funciones no cambian, cambian, los personajes.

Pareciera entonces, que Trump obedece a ese mismo poder que ordena que se quede todo como está, incluyendo el estado de excepcionalidad perpetua dónde las elecciones y la voluntad popular obstaculizan para sus planes matemáticamente diseñados por sus asesores tecnócratas neorreaccionarios -Thiel, Yarvin Curtis, Grenell, entre otros-. Es simplemente, una usurpación que cambia de rostro. Lo que están intentando normalizar es la usurpación de la voluntad popular. Para ellos, el pueblo, la ciudadanía no existe. Somos gastos inútiles, nada más. ¿Cuál es la utilidad de una ciudadanía qué no tiene derechos?

Ése es el modelo que intentan aplicarnos. Un modelo sin ciudadanía. Pura gestión, sin política. Pura técnica pura administración y contabilidad, con ausencia de la política y lo político -Arendt diría, la banalidad del mal-.

Cumplida la primera fase de destrucción de la economía, las instituciones, la política como salida a los conflictos sociales, de la Constitución, de los derechos laborales, de la infraestructura y someter al pueblo a shocks permanentes y sucesivos, ahora se vienen con la segunda fase de la de pauperización del venezolano. Sin derechos fundamentales y ahora sin derechos ciudadanos. Para estos tecnócratas, somos un abasto, una gasolinera. No somos una Nación, mucho menos un Estado.

Es una población nula. Una nuda vida, despojados de lo humano, lo socio político y lo jurídico. (Agamben). Lo único que les falta decretar vía "administrativa tutelada" es: "Estimados venezolanos, por causas de fuerza mayor, sus derechos políticos, derechos sociales, los derechos civiles y derechos económicos están suspendidos. Se acaban los derechos fundamentales". Con esto, estamos en presencia de una operación de demolición de la existencia jurídica política de la nación y de la población toda. Una cosificación por vía del despojo de todo derecho incluso los derechos naturales. Una nula existencia. ¡Despojados y triturados! Una vaporización de todo derecho, una cosificación o evaporación existencial. Una sopa.

Mientras eso sucede, Trump se hace el indiferente, es cómo si no existiéramos como seres positivos, sino que fuéramos pura negatividad. ¿Qué quiero decir? Que el trato de nos dan unos y otros es de malezas a eliminar. No se conforman con el despojo del suelo, vía Ley Orgánica de Hidrocarburos, entre otros instrumentos legales, por aprobarse por la Asamblea Nacional de mayoría madurista; nos enfrentamos con el supuesto irregular de la extensión al infinito y más allá de la falta temporal, a un exterminio ciudadano, pues ni derecho a elegir tenemos. No vale de nada el voto ni la voluntad popular.

Esta Administración, solo cumple con otras fases de lo que el régimen anterior adelantó, ahora con medidas de eliminar ciudadanía, identidad, una desaparición forzada ontológica del ser nacional. Es un campo de concentración para el exterminio ontológico. Detrás de todo, está la visión corporativista de eficacia y eficiencia con extremas ganancias.

Es una versión de lo que hacen en Gaza con bombas. Una geometría del poder. Ocupación letal cono dice el autor Eyal Weyzman. En Gaza lo hacen incluso con armas que vaporizan cuerpos según lo denunciara Euro-Med Human Rights Monitor quiénes pidieron una investigación internacional sobre el posible uso por parte de Israel de "armas térmicas" o "bombas de vacío" en zonas civiles.

Una "teoría letal" (Eyal Weizman) que explica cómo el ejército israelí utiliza la teoría crítica posmoderna, la filosofía y el urbanismo para reinventar la guerra, transformando el entorno construido en un arma. Weizman describe la táctica de "caminar atravesando muros" como una forma de navegación no lineal que desdibuja los espacios privados y públicos, convirtiendo la arquitectura en parte del combate. El Operational Theory Research Institute (OTRI) de las FDI aplica conceptos de Deleuze, Guattari y Debord para re-conceptualizar la guerra urbana como una red y destruir el espacio mediante ataques a infraestructuras, hospitales y la agricultura en Gaza. Estos ataques no son fortuitos, sino una destrucción sistemática y combinada de la vida palestina.

Mediante una "guerra de baja intensidad que no cesa" se convierte en una "teoría letal" al difuminar las barreras espaciales, convirtiendo los hogares en vías de paso y el entorno construido en ruinas. La guerra moderna no solo ocurre en el espacio, sino que opera a través de la reconfiguración y destrucción del espacio mismo.

Y en el caso venezolano no es sólo es la destrucción del espacio material, sino que ahora van por el espacio ciudadano. Para ellos la democracia y las estructuras estatales no son necesarias ni suficientes para proteger a los ciudadanos. Están aplicando micropolíticas para construir una guerrilla afectiva y mental en los niveles íntimos del cuerpo, la sexualidad y la intersubjetividad; dando como resultado a un individuo despolitizado y posicionar lo privado sobre lo público, destruyendo lo político, mediante tácticas, que fueron concebidas para transgredir el "orden liberal-burgués" de la ciudad y representaban los muros domésticos, urbanos o geopolíticos, en el caso nuestro, hasta el nivel personal íntimo y ciudadano.

Es el poder colonial/imperialista con armas teóricas postmodernas y así nos deconstruyen. Si no hay reacción y no se activa _el conatus de la Nación_ la voluntad, el esfuerzo innato, inmanente para perseverar en nuestro ser como nación, esta situación no cambiará. Nadie vendrá a salvarnos, solo nosotros mismos. Ése conatus, es la esencia misma de cualquier objeto, ser o de un colectivo (Nación en este caso). Así, todo lo que existe desde una piedra hasta un ser humano, poseemos el impulso de seguir existiendo y mantener nuestra naturaleza como ciudadanos y como Nación. No sólo se trata de sobrevivir, sino de aumentar nuestra potencia para actuar, actuar en favor de aquello que nos es más beneficioso para nosotros como país.

Trump por supuesto no entiende del espíritu del venezolano, de su voluntad de poder, de su resiliencia y consciencia. Mucho menos entiende de nuestro espíritu caribeño y sangre caliente, que de un momento a otro debe organizarse en torno a un bien mayor como lo es, rescatar la República, y como fuerza mayoritaria y multitudinaria expresarse.

Él cree ciegamente en los intereses de estos grupos delirantes del tecno control, que pudieran estar destruyendo -aún más, después de la Ley Patriota del 2001- incluso a su propia Constitución, y su rica historia constitucional, llevándose por delante la oportunidad auténtica de construir una verdadera alianza para el futuro con el mundo y convertirse en una "potencia responsable" con valores compartidos y principios tradicionales comunes, como lo acuñan los chinos, su incapacidad de ver más allá de los asesores neorreaccionarios y su mal cálculo, lo va a conducir al más estruendoso fracaso.

MARÍA ALEJANDRA DÍAZ MARÍN

Abogado constitucionalista y defensora DDHH

Colombia 27 01 2026



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María Alejandra Díaz

Abogada constitucionalista y representante del Estado ante la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Vicepresidente de la Comisión de Justicia y Tutela Efectiva de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela (2017).

 @MariaesPueblo

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