"Belleza" y banalidad: Batalla pendiente

La historia de la humanidad está colmada de verdades encubiertas por grandes mentiras; la cultura dominante siempre ha impuesto el cristal y los colores con que deben verse las realidades.

Como resultado de tal óptica, las etnias originarias que poblaron nuestros suelos a lo ancho de la geografía mundial, han sido presentadas como especies exóticas cuya desnudez es producto de la incivilización, y por tal, una desnudez árida, insípida, antiestética, desprovista de sensualidad. Claro, de una sensualidad asociada a artificios y atavíos para vender la sexualidad y un erotismo que se confunde con lo porno, cuyo ofrecimiento complementario, son los productos de belleza que hacen presa-esclavas a nuestras mujeres.

Y es así como han virado las cosmovisiones de nuestras culturas ancestrales, parcializando la puesta en escena del desarrollo histórico a concepciones reduccionistas de grupúsculos de poder. Por eso, cuando Osmel Sousa, principal promotor de la “belleza” clasista venezolana dice: “las negra venezolanas no son bonitas”, nadie debería impresionarse y menos preocuparse, sobre todo aquellos que propugnamos la reivindicación de la mujer como sujeto histórico constructora del pensamiento que deberá orientar nuestros destinos.

Esta debe ser la oportunidad, y de hecho es la oportunidad dada la coyuntura que vivimos, de ponernos en la acera de enfrente ante esa dislocada y alocada concepción de lo “bonito”. De destronar los concursos cuyo valor agregado fundamental es seguir enganchando a nuestras jóvenes y viejas generaciones a modelos de comportamientos hedonistas y fetichistas que imposibilitan abrir los senderos de los valores de fraternidad y solidaridad.

Por eso, es tiempo de ser creativos. De realizar sistemáticamente eventos que eleven la estima de la mujer por encima de los artificios publicitarios que la subyugan y la colocan (al no poder acceder a la silicona, al bótox y a otros engaños que se les ofrecen), en condición de desigualdad, y aun peor, en minusvalía con respecto a los modelos de belleza que se les presentan. Es hora de que en el marco de la “revolución del conocimiento” se empiece por eliminar los mal llamados concursos de reinitas en las escuelas y se promueva la noción de que todas las niñas son bellas, de que en definitiva, todas las mujeres lo son. Que entre sus rasgos fundamentales están la personalidad, la simpatía, la gracia, la inteligencia, la integridad, que cada día deben potenciarse.

No obstante, estoy convencido de que esta, es una batalla difícil, pero que impostergablemente se debe empezar a librar.


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Aquileo De Jesus Narvaez


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