No nos equivoquemos, el odio no es de unos pocos

No son pocos los funcionarios del alto gobierno a quienes hemos escuchado
afirmar que el odio mostrado en los últimos días por los militantes de la
derecha es la expresión de un grupo minoritario.

Creemos que lamentablemente están equivocados, al igual que lo están
cuando creen que los crímenes cometidos por los fascistas son
consecuencia única del llamado de Capriles.

Capriles irresponsable y cobardemente se convirtió en el detonador de ese
odio y de esa violencia con sus mensajes; pero en el fondo cada uno de
los fascistas rogaba por ese llamado para juntar fuerzas y drenar el odio
acumulado en sus almas enfermas.

Allí, en el odio acumulado en sus almas enfermas está el origen del brote
de violencia, de las muertes, de los ataques a centros de salud, de los
ataques contra urbanismos de la Misión Vivienda. No hay ninguna
diferencia entre la reacción de la derecha venezolana y aquella asumida
por los alemanes ante los crímenes contra los judíos en la Alemania Nazi.
Estos dejaron en claro que lo único que quieren es asesinar a cualquier
chavista que encuentren en su camino

Ahora, el análisis tampoco puede quedarse en la identificación del odio
como causa de la violencia. Necesario es profundizar e investigar quien
sembró ese odio en el alma de un pueblo en el que han convivido por
siglos diferentes religiones, razas y nacionalidades, sin que se
generaran cacerías (por lo menos por parte de ciudadanos comunes).
El desprecio por los humildes y por los hombres y mujeres de izquierda ha
sido siempre una característica de las oligarquías. Allí están, como
muestra, las condiciones a las que han condenado a vivir a millones de
seres humanos y allí están los asesinatos cometidos vilmente contra miles
que se han opuesto a su dominio, explotación y privilegios. Sin embargo,
en el pueblo llano no hay mayores antecedentes de demostraciones de ese
tipo de odio y menos a grandes masas

Por ello es que el caso Venezuela debe ser visto y estudiado con mucho
detenimiento. En nuestro país la oligarquía perdió el poder en 1998 y
poco a poco ha ido perdiendo espacios en el control y la dirección de
muchas actividades de la vida nacional. Ante ello optó, desde hace ya
varios años, por hacer creer a miles de venezolanos que ellos son
oligarcas o que pueden llegar a serlo, razón por la cual deben
enfrentar con todas las armas a su alcance una revolución y unos
revolucionarios declarados enemigos de la oligarquía. Allí comenzó a
nacer el odio fascista.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA OLIGARQUÍA, ante la mirada pasiva de un
gobierno que creyó que un canal de televisión podía contrarrestarlos,
fueron inyectando un odio irracional contra un gobierno y sus seguidores.
Gota a gota ese odio se ha ido acumulando y hoy alcanza niveles
alarmantes.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE LA OLIGARQUÍA han transformado a millones
de seres humanos en verdaderos monstruos capaces de celebrar la muerte de
un ser humano, de asesinar a un hermano o familiar por ser chavista, de
destruir un centro de salud del pueblo, de atacar niños.

Las expresiones de odio y violencia no son, entonces, producto de un
resultado electoral con el que no se está de acuerdo, son el resultado de
un odio inoculado que sólo necesitaba un argumento para explotar en toda
su dimensión.

Ahora, si el gobierno revolucionario sigue creyendo que con programas
como Dando y Dando, La Hojilla o Cayendo y Corriendo va a derrotar el
odio y el fascismo, está equivocado y lo peor, está poniendo en serio
peligro la revolución y los revolucionarios.

¿Cuál es el medio que marca la pauta en la inyección de odio y promoción
de la violencia? ¿Cuál es el medio que diseña las matrices de opinión que
luego son replicadas por todos LOS MEDIOS DE LA OLIGARQUÍA?

¿Sabemos la respuesta? Pues tomemos las acciones que hay que tomar para
sanar el alma de millones, acabar con la inyección de odio y salvar la
revolución.

arellanoa@pdvsa.com


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Alexis Arellano


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