Cumbre en Bolivia, cambio climático

A.-La naturaleza

La naturaleza es la principal protagonista en toda actividad realizada por el hombre. Le permite ejecutar sobre ella la acción que a bien tenga. Hombre y naturaleza son entre sí, una y la misma cosa, igual que un volcán, un río, un bosque, el océano, el aire, el fuego, el agua, el movimiento, el espacio, el tiempo, el átomo, o cualquier forma que asuma la materia.

El vínculo del hombre con la naturaleza es tan estrecho, que resulta imposible ignorarlo. Ella prodiga sus bienes y el hombre la utiliza, la disfruta, la manipula. Del uso adecuado pasó al abuso destructivo.

En esa parábola de millones de años descrita por el hombre desde la prehistoria hasta el presente, la naturaleza ha padecido la degradación constante de sus sistemas ecológicos y comienza a mostrar las heridas de la acción depredadora.

Los síntomas indican que los daños son irreversibles.

La bondad de la naturaleza está resentida. El hombre ha contribuido ha tornarla, esquizofrénica. El maltrato recibido la enardece, la torna iracunda, comienza a mostrar sus furias incontrolables, alimentadas por la acción de los fenómenos que actúan sobre las formas naturales creadas en el transcurso de millones de años.

Las formas nacen, cambian, se desvanecen, desaparecen, no son eternas. Eterna, sólo es la materia contenida en múltiples formas. Forma y contenido. El contenido, no puede existir sin la forma.

La dialéctica de la naturaleza cumple un proceso alternativo, entre, equilibrio aparente y cambio constante.

Los grandes cataclismos (terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, inundaciones), que rompen el equilibrio aparente, crean realidades nuevas.

En la naturaleza, la evolución es la constante.

El equilibrio o estabilidad es aparente.

¿Qué equilibrio puede haber si todo evoluciona?

Hablar de equilibrio es negar la evolución de la materia.

Teoría muy propia del idealismo metafísico.

Cuando algún fenómeno natural, por causa de la evolución o permanente movimiento de la materia, crea el caos, la naturaleza retorna a la situación anterior o se adecua a la nueva realidad. Así ha ocurrido durante millones de años.

Control de la natalidad.

No sucede igual con los daños causados a la naturaleza por el hombre, como consecuencia de acciones “contranaturales”, que por acumulación y extensión a todo el planeta, provocan fenómenos irreversibles, como, la desertificación; la desaparición de bosques y selvas; la contaminación de las aguas; la sedimentación de valles y praderas; la desaparición de especies animales y vegetales; y la más preocupante de todas, el indetenible crecimiento poblacional.

El verdadero origen del “calentamiento global o cambio climático”, está en el crecimiento poblacional. Fabrica de pobres a escala mundial, que para sobrevivir, deben vender como esclavos o con salarios de miseria, su única mercancía, el trabajo, a las mafias mercantilistas que destruyen la fauna y flora en todo el planeta, ante la desidia o complacencia de los gobiernos en África, Indonesia (las selvas de Kalimantan), Brasil (la Amazonia), Rusia, Canadá y países del llamado Tercer Mundo, donde las mayorías nacionales viven sumidas en la pobreza. El 70% del mercado mundial de maderas es de contrabando. Maderas extraídas de parques nacionales y zonas protectoras de fauna y flora. Especies maderables amenazadas de extinción llegan a los mercados de Europa, China, Australia, Arabia Saudí y Emiratos, para atender la demanda de la burguesía opulenta. La destrucción de manglares y arrecifes de coral. Ningún recurso natural escapa a la rapiña de las mafias que se imponen por el terror. Oro, plata, piedras preciosas, “diamantes de sangre”.

Igual ocurre con especies animales sometidas a veda: ballenas, tiburones (para sólo quitarles la aleta), elefantes (para sólo quitarles los colmillos), rinocerontes (para sólo quitarles el cuerno), martas, caimanes y cocodrilos (para sólo quitarles la piel). Todas estas actividades depredadoras las realizan los ejércitos de pobres organizados por las mafias terroristas de contrabandistas. Mientras estos se enriquecen, aquellos se hunden cada día más en la miseria, al contribuir de manera inconciente a la destrucción de su habitat natural. Con su trabajo alimentan la miseria de hoy, para recibir como herencia la ruina del mañana.

Para que hablar de emisión de gases de efecto invernadero, planteamiento hipócrita, ante el verdadero problema de la humanidad, “el crecimiento poblacional”: fabrica de pobres.

En estas cumbres del “calentamiento global o cambio climático”, no se toca el tema del control de la natalidad, causa primaria, por cuanto crea mayor presión sobre los Recursos Naturales Difícilmente Renovables.

Fenómenos naturales

La desaparición de los glaciales en las cordilleras de nieves eternas; el derretimiento del agua congelada en los polos, con el inevitable aumento del nivel de los océanos; el calentamiento global; la creciente furia y aumento en número de los huracanes; las inundaciones o las sequías; son procesos normales de la naturaleza que se suceden desde hace miles de años, y forman parte de nuevos ciclos geológico o la adecuación necesaria a los cambios propios de la evolución permanente de la materia. Los fenómenos naturales provocados por la pérdida de protección de los suelos debido a la deforestación de los bosques tanto en zonas templadas como en selvas tropicales, dejan aciagos efectos. El bosque ejerce acción en el clima. Se dice que el fenómeno de la corriente del Humboldt en el Pacífico (mal llamado fenómeno del niño), tiene su agudización en la destrucción de las selvas de Indonesia (Kalimantan) que provoca mayor calentamiento de las aguas del Pacífico.

Es algo similar a lo que ocurre con los cambios sociales (revolucionarios), y la adecuación a las nuevas realidades que ellos mismos originan, y se conoce, como, la “Ley de la Correspondencia de las relaciones de producción con el carácter de las fuerzas productivas”.

La naturaleza se adapta por si misma a las nuevas realidades, con una dinámica constante. Lo hace por sus propios mecanismos.

En ese proceso el hombre no puede intervenir.

El hombre es ínfima parte de la naturaleza en la unidad que existe entre uno y lo múltiple. La unidad de lo singular, lo particular y lo universal.

El hombre no tiene solución para los procesos naturales.

La naturaleza, como centro que es de todas las cosas, recibe la acción del tiempo, el espacio, el movimiento, los fenómenos mecánicos y químicos, la evolución de la materia, y en ínfima medida, la acción depredadora del hombre que, por extensión y acumulación a escala planetaria, ha llegado a interferir o acelerar procesos normales de la naturaleza. Los últimos doscientos años de extracción de biomasa y de combustibles fósiles para transformarlos en CO2 y lanzarlos a la atmósfera, ya acumuló sus efectos.



De la prehistoria a la modernidad.

El hombre en la prehistoria por desconocimiento de los fenómenos naturales, se refugió en mitos. Los creó como abstracción de la realidad. Mitos sustentados en el temor. Hoy de nuevo, ante al dilema en que se encuentra frente a la naturaleza, trata de evadir el problema de fondo, con propuestas falsas. La diferencia actual con la prehistoria está en que ahora el hombre tiene a su disposición el inmenso caudal de conocimientos que le depara la Ciencia.

En su larga trayectoria de millones de años, el hombre comienza por golpear una piedra contra otra (homo ergaster un millón ochocientos mil años). A medida que seleccionaba la calidad del material, perfeccionaba también el golpe certero para crear una arista, formar un filo, aguzar una punta, que le servían para rasgar, raspar, cortar, perforar (industria del silex). El instrumento fabricado tenía cada vez más usos prácticos. Y en ese proceso de millones de golpes en millones de años, creó el trabajo, tomó conciencia del conocimiento empírico que paulatinamente lo condujo al momento actual del desarrollo científico y tecnológico. En millones de años, del golpe al guijarro pasó a la desintegración del átomo y el cohete interplanetario.

El primer golpe para transformar el silex, le da al hombre la primera herramienta elemental, punto de arranque para la variada y compleja gama de herramientas de que hoy dispone y le permiten el dominio sobre los recursos naturales. La historia de las herramientas es la historia del trabajo. Y la historia del trabajo es la historia del hombre. El proceso fue lento, paulatino, indetenible .Hoy disfrutamos de los beneficios que ha dejado ese largo trajinar por la historia.

Pero así como el desarrollo alcanzado en millones de años le ha dado al hombre una riqueza acumulada de conocimientos útiles; en contrario, hubo también la acumulación de daños a la naturaleza, que por acumulación y extensión global, se han tornado irreversibles. A mayor desarrollo y perfeccionamiento de las herramientas, mayores daños a la naturaleza, mayor agresividad contra sus formas naturales.

La dinámica de cambios propios de la propia naturaleza, y en mínima parte la acción del hombre, tiene a la humanidad ante un dilema, sin solución posible

El dilema está en: continuar el desarrollo sin freno ni medida o “ponerle un parado” y aceptar los “límites del crecimiento”, enunciados hace cincuenta años por El Club de Roma (MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts)

El socialismo como solución.

¿Podrá el hombre revertir “el calentamiento global”?

Se dice que el socialismo puede contribuir a la salvación del planeta. La alternativa es clara: o desaparece el capitalismo y se implanta el socialismo auténtico, pero, sometido a los “límites del crecimiento” (cuya praxis en parte está en la filosofía de las comunidades aborígenes); o desaparece la especie humana junto con muchas especies animales y vegetales.

Ahora bien, hasta dónde este discurso sobre la responsabilidad del capitalismo en la destrucción del planeta, que busca la salvación en el socialismo ¿Es la solución? ¿Hasta dónde este discurso es creíble?

En uno u otro sistema económico (socialismo, capitalismo), la presión sobre los Recursos Naturales Difícilmente Renovables está presente, es idéntica:

En el capitalismo, para satisfacer la avaricia y opulencia de una minoría ahíta: el capitalista.

En el socialismo, para satisfacer las necesidades elementales de las mayorías nacionales.

Sea cual fuere el propósito: acumulación de riqueza, por parte del capitalista o satisfacción de las necesidades de las mayorías nacionales, la presión sobre los Recursos Naturales Difícilmente Renovables es igual. El propósito no desvirtúa el daño, no amortigua la degradación del recurso natural, no impide el agotamiento de los recursos, mientras persista la actividad extractiva.

Decir que el capitalismo, en su desaforado afán de enriquecimiento individualista, ha introducido prácticas productivas, patrones de vida y de consumo, que han colocado en riesgo al planeta y por tanto produce un desarrollo insostenible para la vida misma, es un discurso cierto, pero, carece de sentido cuando dicho discurso se contrapone al socialismo como solución, por cuanto en los intentos socialistas habidos en el siglo XX, ha ocurrido exactamente igual, con el deterioro ambiental, el crecimiento demográfico, la conservación y defensa de la naturaleza. Es lo que decía Marx,

“el socialismo no es la antítesis del egoísmo”

Los hechos quedaron a la vista en la Unión Soviética y continúan mostrándose en China, donde el desarrollo industrial, minero, agropecuario, urbanístico, comete los mismos crímenes contra la naturaleza.

El desarrollo en el capitalismo y en los intentos de socialismo habidos, son exactamente iguales, en cuanto al problema ecológico se refiere.

En el caso de la Unión Soviética, basta citar lo ocurrido con el Lago Aral, de agua salada, de 67.000 kilómetros cuadrados, alimentado por los ríos Sir Daria y el Amú Daria. Hoy, se ha secado de tal manera, que su orilla original ha penetrado 80 kilómetros en el interior del lago, que ha quedado reducido a una charca de escaso volumen hídrico. Toda la actividad pesquera que originaba y daba vida a las poblaciones establecidas en sus orillas, ha desaparecido. Casos como éste, son numerosos en el desarrollo socialista que se intentó en la Unión Soviética.

Resulta innecesario relatar lo ocurrido en Chernobil.

En China, el desarrollo socialista (capitalista) de la minería, de la industria, del crecimiento urbanístico, ha elevado a tal punto la contaminación de las aguas y de la atmósfera, que en el campo no hay agua potable para el consumo ni para el regadío de los cultivos. En las ciudades la capa de “smog” impide ver el sol, la luna o el cielo poblado de estrellas. Contaminación atmosférica que amenazó el éxito de los juegos olímpicos realizados en Pekín en el año 2.008.

El desarrollo “socialista” chino, que tiene el maoísmo como adorno, como evocación heroica y patriótica de “La Gran Marcha”; ha retornado a la lucha de clases y hoy, 30 millones de millonarios y 300 millones de burgueses, están enfrentados a mil millones de campesinos pobres y obreros que deambulan por todas partes en busca de trabajo. China tiene la población flotante más numerosa del mundo: doscientos millones de obreros y campesinos pobres. Población cuyo deterioro de la salud va en aumento, con enfermedades, como, el cáncer, deformaciones genéticas, enfermedades de la piel, digestivas, pulmonares, todo por causa de la contaminación ambiental.

En China, ésta creciente lucha de clases hace crisis ¡estalla! Se agudiza en los viejos enfrentamientos de minorías étnicas (1)

1.- Ya ocurrió en julio del 2009 en la región de Uiguren Xinjiang.

Los 70 millones de militantes del partido comunista chino, cumplen la función de vigilar a la población; en tanto el ejército rojo y la policía reprimen todo conato de protesta popular que, día a día, son más frecuentes por el regreso del capitalismo explotador y alienante. Enfrentamientos étnicos que habían sido abolidos por el maoísmo.

Situación parecida se observa en Venezuela, donde la destrucción de los Recursos Naturales Difícilmente Renovables se acentuó en los diez años de la Revolución Bolivariana.

Zonas que deben ser intocables, como, los páramos, donde crece el frailejón, donde existen los humedales y las nacientes de agua que alimentan las redes hídricas, han sido aradas y dedicadas a una agricultura imposible, por cuanto la altitud, el viento frío, helado, de los ventisqueros, impide todo proceso de descomposición de la materia orgánica, función elemental para el proceso agrícola.

Como ejemplos de la devastación de los páramos andinos, están las nacientes de los ríos Uribante y Mocotíes, así como la zona de Tuñame. Y como ejemplos de contaminación ambiental: la de Jajó, Mesa de Esnujaque, La Puerta (Estado Trujillo); Pueblo Llano, Timotes, Chachopo, Mucuchíes (Estado Mérida). En el trayecto de las carreteras andinas que cruzan estas zonas de cultivos hortícolas, persiste en el aire el olor a fungicidas, insecticidas, clorados, fosforados, etc. Es un turismo aromatizado con pesticidas de alta peligrosidad, que no sólo están en las vías de tránsito, penetran en las posadas u hoteles turísticos.

Y que decir de Bailadores, en donde el Alcalde, con todo y ser médico de profesión y haber ejercido dos períodos continuos el cargo, nada hizo por el manejo y defensa del suelo agrícola, al permitir el urbanismo desenfrenado ni prohibir el abuso en el uso de pesticidas, causa creciente de cáncer en los niños, deformaciones genéticas, labio leporino, enfermedades de la piel, brazos que en lugar de manos son simples muñones sin falanges, falanginas ni falangetas, cirrosis hepática, enfermedades pulmonares y otras patologías que se desarrollan por la contaminación con pesticidas.

Estas enfermedades se vuelven endémicas en las zonas nombradas sin que el gobierno de la Revolución Bolivariana haga el menor intento por vigilar, prohibir los pesticidas, cuyo uso, obedece a las recomendaciones de los expendedores o de los agentes vendedores de las transnacionales que los fabrican (Monsanto, Bayer, Hoechst, etc.)

Vemos, como, la propuesta de socialismo como solución al capitalismo, en la práctica, resulta una ¡propuesta falsa!, igual a la propuesta de “control de gases de efecto invernadero”, muy similar a la explicación mítica de los fenómenos naturales que inventó el hombre de la prehistoria.


B.- Propuesta falsa.

En atención a los conceptos expuestos, la propuesta de control de “emisión de gases de efecto invernadero”, que en las cumbres mundiales de presidentes, constituye el centro de la discusión, no es una propuesta sincera ¡es falsa! aun cuando signada de optimismo, al pretende encontrar solución al llamado “calentamiento global o cambio climático”, no ya en el socialismo, sino, en el “Protocolo de Kioto” o la fracasada reunión de Copenhague. El hombre, ante la impotencia que le crea el temor de lo desconocido, inventa pretextos, propuestas falsas..

En la prehistoria, la ignorancia, desconocimiento, falta de explicación de los fenómenos naturales y el temor que le infundían, lo llevó a crear dioses a su imagen y semejanza, como pretexto, como fuga, como huida de si mismo, como quimérica abstracción de la realidad. La consecuencia de tan nefasto invento, durante miles de años lo ha sumido en la tragedia, en la desolación, en la desesperanza. Con sólo derogar su invento solucionaría el problema de vivir suplicante, temeroso y de rodillas ante soluciones míticas.

El “calentamiento global” es un fenómeno de la naturaleza que comenzó hace doce mil años, con el final de la última glaciación. Escapa al dominio del hombre. Se le atribuye a “los gases de efecto invernadero”, para lo cual se propone como solución, el “control de las emisiones de gases de efecto invernadero”, en algún porcentaje, producidos por los combustibles fósiles (petróleo, carbón). El aporte del hombre a la producción de “gases de efecto invernadero”, es mínimo, frente al aporte de los fenómenos naturales. Por ejemplo, en este momento, la erupción de un volcán en Islandia, forma una columna de dióxido de sulfuro que los vientos empujaron hacia Europa y las autoridades aeronáuticas prohibieron los vuelos comerciales y de toda aeronave. La verdadera molestia no está en la prohibición de los vuelos comerciales de las aeronaves, sino, en el envenenamiento del aire de las ciudades, lo cual puede provocar la muerte de miles de personas. La erupción de volcanes en diferentes regiones del planeta, produce elevadísimo porcentaje de gases de efecto invernadero. Entonces ¿En qué queda la propuesta de “control de las emisiones de gases de efecto invernadero”? ¿Cómo controlar la emisión de los volcanes?

Como podemos ver, es una propuesta falsa.

Si la propuesta fuera sincera, resulta más fácil disminuir la extracción, producción de combustibles fósiles (causa), que controlar la emisión de gases de efecto invernadero (efecto). Pero, ocurre lo contrario, los países productores, de una parte y los consumidores de la otra, buscan aumentar la extracción de petróleo y carbón para atender la creciente demanda. Venezuela planifica pasar en los próximos años de 3 a 6 millones de barriles diarios. Brasil explora el fondo del océano, frente a sus costas, en busca de grandes yacimientos de hidrocarburos. Los planes de exploración y extracción se extienden por todo el planeta. En caso de cumplirse dichos planes ¿En qué queda la propuesta de “control de gases de efecto invernadero”?

Si se revisa la propuesta socialista de desarrollo, de Venezuela y de Bolivia

*

- país éste en el cual se realiza la cumbre mundial de los pueblos como respuesta al fracaso de la cumbre de Copenhague - encontramos que es “más de lo mismo”. En Venezuela como en Bolivia los planes de desarrollo económico conllevan a mayor agresión de los Recursos Naturales Difícilmente Renovables. El discurso de la “pachamama” es muy conmovedor, sentimental, pero, carente de contenido práctico y además pletórico de contradicciones.
*

La propuesta sincera debe contener:

Primero, campaña mundial de Control de la natalidad. En ninguna cumbre se toca ese tema.

En segundo lugar, inventar formas diferentes de desarrollo a las conocidas, las cuales se sustentan en combustibles fósiles. ¿Es esto posible?

En tercer lugar, la producción no puede ser para el “consumismo”, sino, para satisfacer necesidades elementales de la población mundial.

En cuarto lugar, en vez de pretender “controlar las emisiones de gases de efecto invernadero”, controlar su causa, la extracción de combustibles fósiles.

¿Es esto posible?

La división internacional del trabajo, en la forma como está concebida, no lo acepta.

Al analizar estas variables ¿Es o no hipócrita la propuesta de “control de emisión de gases de efecto invernadero” ¡Efectos! En lugar de control de la natalidad y reducir la extracción de combustibles fósiles ¡Causas!?

El control de la natalidad y reducción de la extracción de combustibles fósiles es una propuesta sincera.

No hay duda, el hombre moderno se encuentra perplejo ante la naturaleza de idéntica manera al hombre de la prehistoria. Allá, ante la ignorancia sobre los fenómenos naturales, inventó dioses, se hundió en la abstracción de la realidad para crear un mundo sobrenatural a su imagen y semejanza. Aquí y ahora, de nuevo, ante el temor, fundamento de la creencia: inventa apocalipsis, juicios finales, armagedones, interpreta de mil maneras a los profetas bíblicos del desastre y del temor o las necedades de Nostradamus.

Es a la Ciencia, con su caudal de conocimientos, a la que le corresponde buscar las explicaciones y soluciones ¡si las hay!

Resulta paradójico que, a estas alturas del conocimiento científico, el hombre actué con la misma mentalidad que tuvo en la prehistoria al buscar la solución en propuestas falsas, frente a un mundo inmensamente hermoso, pero, abrumadoramente misterioso.

leonmoraria@cantv.net




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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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