El reciente canto de Pablo Milanés entristeció mi Alondra

Faltan diez minutos para una de la tarde. Hoy domingo, desde tempranas horas de la mañana, como es habitual, mi compañera ha estado distrayéndose escuchando su música preferida mientras realiza labores comunes a un ama de casa y lee ligeramente la prensa. Apaga su aparato de sonido, por el tiempo necesario, para ver sus dos programas favoritos de la televisión dominguera que van uno tras de otro como, ligaditos; sólo tiene que cambiar de canal.

A los diecisiete años, cuando todavía esperaba por entrar al Pedagógico de Caracas, del viejo edificio al frente del hipódromo del Paraíso y donde por esos días crearon el Liceo de Aplicación, era asidua concurrente a los conciertos domingueros de las orquestas Sinfónica Nacional y Municipal, en cualquier espacio donde tocasen. El resto del tiempo libre le utilizaba oyendo a los clásicos en un vetusto aparato que llevaba a cualquier parte donde se mudase. Por escuchar o ver, mientras oye, a grandes cantantes como Pavarotti, es capaz del mayor sacrificio, subliminal las mayores dificultades y viajar lejos, hasta intespectivamente.

Paralelamente a esa conducta, desde muy joven, ha sido admiradora hasta un límite donde me despertó celos de Alfredo Sadel. Afortunadamente también lo he sido.

Escuchar a los grandes maestros es su mejor forma de pasar el tiempo fuera del trabajo y ocuparse de su linda familia. Pero también le agrada el folclore, o arte musical popular, y los grandes cantistas y trovadores.

Mercedes Sosa, Soledad Bravo, Atahualpa Yupanqui, Silvio Rodríguez, Chico Buarque, Alí Primera, Angel Custodio Loyola, Juan Manuel Serrat y detengámonos aquí, con el perdón de un montón porque nos falta espacio y tiempo, forman parte de sus preferencias y con quienes pasa horas y horas deleitándose. Hasta María Rodríguez, la sirena cumanesa, tanto con su canto como su forma pícara y elegante de bailar el estribillo, le emociona. Y fue amiga y admiradora del poeta y cantista de Canchunchú Florido, Luis Mariano Rivera.

Mientras estoy frente a esta máquina, escucho con ella la música que con su buen gusto ha estado seleccionando. Hoy no puso “Yolanda” con Pablo Milanés, como le solicité, aunque tampoco nada respondió.

Soledad Bravo le decepcionó, tanto que pocas veces, para no decir nunca, la hace sonar en su aparato. Y eso es trascendente, si sabemos el grado de placer que le producía aquella cantante y la sensibilidad de mi alondra. No le escucha, por lo menos que yo sepa, con la insistencia de antes. Tampoco le censura y menos menciona. La cantante, que ganó fama y otras cosas, cantando a la “Nueva Trova Cubana”, o lo que es casi lo mismo a Silvio y Pablo, a la revolución de la isla antillana, pasando por los elogios al Che Guevara, sencillamente se calló los domingos en mi casa.

Pablo Milanés, como Silvio Rodríguez, son imágenes de la revolución cubana. Para ellos, es como muy tarde, echar la partida “pa´ atrás”, al decir de los venezolanos. Parece bueno aquello de definirse como “un luchador por cincuenta años por la perfección del socialismo”, tal cual dijese Pablo a Radio Galicia. Pero no mucho la forma de criticar y sobre todo el espacio que escogió para hacerlo. Y menos si lo hizo a través de “El Mundo”, diario español que está como “caimán en boca e´ caño”, esperando por esas ligerezas o debilidades para sacarle punta contra Cuba y Venezuela.

Si Pablo se cree respaldado por la razón y por “el nivel de información que maneja”, como dijo, lo que le haría invulnerable frente al régimen cubano como sugirió, con lo que pareció darle razón a quienes a éste critican de violar los derechos humanos y más si lucha por la “perfección del socialismo”, debió decir aquello en Cuba u otro sitio, pero no en España y menos a través de “El Mundo”. Así se empieza hasta llegar al otro lado del camino, distinto a ese de la “perfección” del cual habló. De eso, mucho sabemos. Por lo que cualquier venezolano diría, “hemos visto demasiados muertos cargando basura”.

Mi alondra está triste. Pablo es el culpable. El aparato de sonido de ella, este domingo y muchos domingos, no sonará Yolanda.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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