Honduras resucita dinosaurios

El zarpazo que el crimen organizado en Centroamérica ha dado a la democracia hondureña, ha despertado a dinosaurios, que dormían en sus gélidas cavernas y que ahora salen desbocados a intentar calentar las calles, pero con el mismo error, olvidando o ignorando al pueblo,que no está dispuesto a ceder ni un milímetro de las conquistas alcanzadas y si no que se miren en el espejo de Honduras, donde el soberano tiene contra la pared a los padrinos de la apocalíptica alianza de: Cúpulas de las iglesias católicas y protestantes, narcotráfico – burguesía y  los matones formados en la Escuela de las Américas, bajo las órdenes del Comando del Sur, que el 28 de junio de manera cobarde asaltaron y ametrallaron la residencia del presidente Manuel Zelaya y en ropa de dormir lo abandonaron en la pista del aeropuerto de Costa Rica. Por cierto algo capcioso, porque según lo confesó el señor Oscar Arias,el se enteró porque le llamaron y le comunicaron que habían dejado en la pista al señor Zelaya. O sea que allí entran y salen las aeronaves, sin permiso ni control

Esa “hazaña”, que está condenada al fracaso, porque sus cabezas visibles comenzaron a abandonar el barco, le ha dado bríos a la robótica oposición venezolana, que está llamando a fomentar acciones de calle en todo el país. Está provocando la reacción del rrreeegimen, para que les meta la fuerza pública y poder ir a la ONU, a la OEA y a la corte celestial a denunciar la violación de sus derechos humanos.

Aquí  es donde se impone recordar y poner en práctica las enseñanzas del Ché,que decía: “Lo único que creo es una cosa, que nosotros tenemos que tener la suficiente capacidad como para destruir las opiniones contrarias sobre el argumento o si no dejar que los opiniones se expresen. Opinión que haya que matar a palos es opinión que nos lleva lleva ventaja a nosotros”.

Frente a estos embates de la oligarquía, que en  ocasiones logra arrastrar a compatriotas que emocionalmente están con el proceso, pero que no tienen convicción, conciencia y dignidad proletaria, sin eso no hay revolución .Por eso debemos hacer de la autocrítica la fuerza endógena del proceso y ser honestos a la hora de identificar  lo que tenemos que revisar, para aplicar los correctivos y continuar avanzando en la consolidación del ideario revolucionario. Como revolucionarios tenemos que hacer de la calle, la fragua para templar el acero de la revolución,  que no es otra cosa que la conciencia popular, columna vertebral de todo movimiento social y a la que tenemos que fortalecer a través de la educación y formación política, que debe tener  como bastión, la organización, el fortalecimiento de consejos comunales y comunas, para desde allí extrapolar el poder popular que ponga fin a las alcabalas heredadas de la IV República, instancias donde todavía sobrevive la maluca práctica del maletín, el sectarismo y el individualismo.

 Aunque parezca mentira, todavía encontramos en nuestras filas al “Líder” que monta en ira, si los peones no le convocaron las masas, para que le aplaudan en su visita al barrio, a la fábrica y o al caserío. Otro es el  “pendejo” que se desvela porque el candidato va a su comunidad y no tiene medios para llenarle el caney, el galpón o la plaza, donde va a pronunciar “la palabra orientadora”. Esa pendejada tiene que acabarse, es hora de que el líder se haga a través de su poder de convocatoria, de convicción, que obviamente tiene que ser producto de su capacidad de llegar a las masas, de confundirse con el pueblo, de hacerse querer por su identificación con los colectivos,  por su comprensión y honestidad en su interacción con el soberano y no mediante la oprobiosa práctica del maletín y la formación de castas serviles que le tiendan la alfombra a su paso.

El Comandante Hugo Chávez, es ejemplo vivo de que lo que representa un líder. Basta con que anuncie a través de cualquier medio, que va a visitar X sitio, para que el pueblo salga a la calle a recibirlo, a oírlo,  a tocarlo, a saludarlo aunque sea de lejos, sin que haya mediado el soborno o la presión.

Ese es un líder, porque un líder es pueblo y conciencia en acción . Es necesario poner al trote la formación ideológica de nuestro pueblo, para que no continúe actuando y votando de oído y no  de conciencia o de corazón, porque no está claro ideológicamente.  Es decir no hemos convencido y entonces cabe acuñar aquí ese pensamiento del gran Víctor Hugo: “Nada es tan estúpido como vencer, la verdadera gloria está en convencer”. Entonces, no basta con vencer, necesario es convencer y para eso tenemos que emplearnos a fondo y revisar las diferentes estructuras, porque los vicios que nos matan entre ellos la ilusión y la emoción irracional, no nos permiten advertir cuan débil somos, producto del egoísmo, el individualismo y el engreimiento. Lo más grave es que  estas debilidades las encontramos hasta en las nacientes universidades populares, donde al parecer no funciona el filtro de los perfiles, el conocimiento y el compromiso de la responsabilidad que se adquiere al aceptar un cargo de orientación o dirección en esas instituciones y entonces quienes debieran ser animadores, facilitadores, se convierten en obstáculo para el desarrollo de tan bello proyecto, porque quien quiera participar allí tiene que ser complaciente o monedita de oro para caerle bien al cogollo de la institución, donde nunca faltan los revolucionarios de nuevo cuño, que llevan la boina roja puesta,  pero la verde y la blanca en los bolsillos traseros del pantalón, porsiacaso una vaina.

Es posible que alguien al leer estos conceptos se vaya de bruces y me catalogue de contra revolucionario, porque para muchos es lo más fácil, antes que pararse a reflexionar sobre determinados planteamientos, que tiene fundadas razones.

La gente tiene que cambiar su manera de pensar, pero eso no podemos lograrlo por decreto, ni dejándoselo únicamente al Comandante Hugo Chávez Frías, a través de sus extraordinarias cátedras de,  Aló Presidente, en sus dos versiones, sino que cada cuadro revolucionario debe ser un multiplicador, porque la gente, el colectivo tiene que cambiar su manera de pensar por convencimiento propio, pero la mejor forma de lograr fomentar esa convicción, esa conciencia,es demostrando la capacidad de sacrificio de los verdaderos revolucionarios, la capacidad de solidaridad, de ayudar al compañero, la capacidad de hacer cosas concretas por la colectividad y por el individuo, como bien lo enseña el Ché Guavara, en sus reflexiones sobre el socialismo en Cuba. Tenemos que repetir con el guerrillero heroico, que quien ingresa a una organización revolucionaria, no adquiere privilegios, sino compromisos y deberes que cumplir.

Las victorias electorales que hemos obtenido tienen que ser un incentivo para redoblar la lucha por la conciencia y la dignidad proletaria, porque no podemos olvidar a Víctor Hugo: “La gloria verdadera está en convencer”. Sino veámonos en el espejo de Manuel Zelaya..¿Le bastó con ganar elecciones?...La desgracia que vive hoy Honduras nos indica claramente que no. Es necesario formar al pueblo para convencer, para que a parte de oído, tenga corazón y de esta manera sea un líder.

El despertar de los dinosaurios, no lo podemos desdeñar y mucho menos caerles a palos para que vuelvan a sus cavernas.. Nada de eso, tenemos que enfrentarlo con la capacidad de razonamiento dialéctico de los verdaderos revolucionarios. Si el relámpago de Honduras despertó a los prehistóricos, encendamos la luz del conocimiento de nuestro pueblo para devolverlos a su invernaderos. 

*Periodista

cadiz2021@yahoo.es.



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*Cástor Díaz

Periodista CNP 2414

 cd2620@gmail.com

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