El retorno del lobo feroz

Los síntomas evidentes de una profunda crisis del sistema económico mundial, la cual se presenta en principio con la brutal caída de las bolsas de valores de todos los continentes, nos obliga a darle una mirada reflexiva a, por lo menos, la ultima de las crisis económicas mundiales, la cual tuvo su epicentro en los EE UU a partir de 1929. Quizás, en esta mirada al pasado consigamos factores concordantes básicamente en el aspecto de la sintomatología, esta pudiera darnos pistas acerca de los posibles desenlaces fundamentalmente en el mediano y largo plazo.

LA GRAN DEPRESIÓN DE 1929

“Hoy, en EEUU estamos más cerca de ganar la última batalla contra la pobreza que nunca antes en la historia de cualquier país. La casa de asistencia esta desapareciendo de nosotros” (proclama de Herbert Hoover en Agosto de 1928, poco antes de ser electo presidente). Tan sólo quince meses después, éstas volverían para atormentarlo, pues el país se desplomaba, cayendo en La Depresión económica más grave y prolongada de su historia, una depresión que, de una forma u otra, duraría un decenio entero, no solo en EEUU sino en gran parte del mundo. En 1929 el colapso financiero repentino fue un golpe especialmente duro, porque se presentó justo después de un periodo en que parecía que la “Nueva Era” estaba realizando una serie de milagros económicos.

A partir de Junio de 1929 el mercado empezó hacerse pedazos, el 21 de Octubre y nuevamente el 24 de Octubre, los precios de las acciones registraron una caída alarmante aunque, en los dos casos, hubo recuperación temporal. No obstante el 29 de Octubre, el “Jueves Negro” todos los esfuerzos por salvar el mercado fueron inútiles. Se negociaron dieciséis millones de acciones, el índice industrial bajó 43 puntos, barriendo de un plumazo toda la ganancia del año anterior, las acciones de muchas empresas perdieron virtualmente todo su valor. En cosa de un mes, las acciones habían perdido la mitad del valor que tenían en Septiembre y siguieron bajando muchos años después de ésto. En Julio de 1932, el índice industrial (que era de 452 en septiembre de 1929) tocó fondo bajando a 58. El mercado continuó profundamente contraído durante más de 4 años y no se recuperó del todo en más de un decenio.

Ha sido difícil que economistas, historiadores y estudiosos, desde La Depresión hasta la actualidad, llegaran a un acuerdo en cuanto a cuales fueron las causas de La Gran Depresión. Sin embargo la mayor parte de ellos está de acuerdo en varias cosas, a saber: en primer lugar, fue la posición de EEUU en el comercio internacional. Cuando en el año 1918 la guerra llegó a su fin, todas las naciones europeas que se habían aliado con EEUU debían fuertes cantidades de dinero a los estadounidenses, cantidades de dinero demasiado grandes para ser reembolsadas por sus destrozadas economías. Esta fue una de las razones por la que los aliados habían insistido en que Alemania y Austria pagaran reparaciones. En su opinión, las reparaciones les proporcionarían un medio para rembolsar sus propias deudas. El gobierno de EEUU se negó a eximir o a reducir las deudas, aparte de haber aprobado una Ley de Aranceles que elevaba los intereses e impedía el ingreso de bienes europeos haciendo casi imposible la recuperación económica de Europa y con ello de EEUU. En segundo lugar, una estructura crediticia de la economía, que estimulaba una exagerada existencia de la economía especulativa (de papel), sin respaldo en la economía real (productiva). En tercer lugar, la mala distribución del poder adquisitivo y, en consecuencia, la debilidad en la demanda de consumo. Aunque la producción industrial y agrícola iba aumentando las utilidades que llegaba a manos de campesinos, trabajadores y demás consumidores era demasiado pequeña como para crear un mercado adecuado para los bienes que estaba produciendo la economía. Y en cuarto lugar, lo poco diversificada que estaba la economía de EEUU en los años 20. La prosperidad había dependido, demasiado de unas cuantas industrias básicas, primordialmente la de la construcción y la automotriz.

EL NUEVO TRATO

Como era de esperarse Hoover fue incapaz de atinar en soluciones que aliviaran el impacto de La Gran Depresión, quizás en razón de su mentalidad impregnada en las ideas de “La Nueva Era”. Así pues, le correspondió a Franklin D Roosevelt, quien triunfa cómodamente en las elecciones, con 57,4 % del voto popular ante el 39,7 para Hoover, capitanear al país y sacarlo de la crisis en que se encontraba. Era un triunfo amplio y convincente, pero todavía no estaba claro lo que pretendía hacer Roosevelt.

Para finales de la década de 1930 el Nuevo Trato (como se llamo al gobierno de Roosevelt) había establecido muchos de los lineamientos generales del mundo político que conocemos hoy. Había sentado las bases de un sistema moderno de bienestar. Había impuesto la regulación federal sobre nuevos campos de la economía. Había presidido el nacimiento del movimiento obrero moderno. Había convertido al gobierno en un motor central de la economía agrícola y establecido una poderosa coalición en el partido demócrata que denominaría la política de EEUU durante la mayor parte de los siguientes 30 años.

Tres días después de sumir el mando Roosevelt envió al congreso la “Ley Bancaria de Emergencia”, un proyecto de ley conservador en términos generales, que tendía primordialmente a evitar que los débiles bancos pequeños arrastraran a los grandes en su caída, al siguiente día envió al congreso otra propuesta, la “Ley de Economía”, elaborada para convencer al público de que el gobierno federal estaba en manos seguras y responsables. Igualmente, firmó un proyecto de “Ley para legalizar la Producción y venta de cerveza con un contenido de 3.2 % del alcohol”. Estas medidas iniciales tendían, en gran medida, a tapar hoyos y ganar tiempo para programas más amplios. El primero de estos programas fue la “Ley para el ajuste de la Agricultura”, el cual fue bloqueado en Enero de 1936 por el Tribunal Superior, medida que fue contrarestada por Roosevelt, con la aprobación de la “Ley de la asignación Interna y la Conservación del Suelo”. Como un incentivo a la contracción de la industria presentó la “Ley para la recuperación de la Industria Nacional”. Al principio el Nuevo Trato, a través del ya mencionado paquete de leyes, aumentó la autoridad federal en campos de la economía que estaban poco regulados o no lo estaban en absoluto. La “Ley de Glass-Steagall” de Junio de 1933 otorgaba al gobierno atribuciones para frenar la especulación irresponsable de los bancos, y constituía la Sociedad Federal del Seguro de Deposito” (análogo a Fogade en Venezuela), de igual manera incrementó la ayuda federal aumentando los recursos asignados a los estados para el desarrollo de programas la “Oficina de Obras Civiles”, la cual puso a más de 4.000.000 a trabajar en proyectos temporales, y, para ayudar a los agricultores creó la “Oficina de Crédito a las Granjas”.

Luce evidente que Roosevelt tenía claridad en relación a la necesidad de imponer un conjunto de políticas de choque que sacaran a la economía de la “deflación” (inflación y recesión concurrentes), en que se encontraba, veamos, como prueba de ello, lo dicho en su discurso al congreso en 1933: “Pediré al Congreso el único instrumento que resta para hacer frente a la crisis: amplia facultades para luchar contra la necesidad y poderes tan grandes como los que me serian concedidos si fuéramos invadidos por un enemigo extranjero” .

Sin duda alguna el Nuevo Trato resultó ser un nuevo paradigma no sólo para EEUU sino para el mundo occidental, al dar al traste con la teoría de Adam Smith acerca de la Libertad de Mercado, sin la injerencia del Estado. Digamos, que con la aplicación de los preceptos Keynesianos Roosevelt estimuló la reactivación de la estructura económica de EEUU, medida que a mediano y largo plazo logró su cometido.


LAS VOCES CRÍTICAS

Con el Nuevo Trato Franklin D. Roosevelt propició el inicio de una nueva ideología liberal que regiría las actividades de reforma durante varias décadas después de la guerra. Sin embargo, el Nuevo Trato no pudo acabar con La Gran Depresión. En 1933 se había logrado estabilizar la economía y registrado una ligera recuperación, aunque un tanto errática. No obstante, para finales de 1939 muchos de los problemas básicos de la Depresión aun no se habían resuelto.

Como era de esperarse luego de la aplicación del Nuevo Trato se erigieron movimientos críticos desde la derecha hasta la izquierda. Hacía finales de 1934, estaba claro que la derecha de EEUU, en general, y en particular en gran parte del mundo de las sociedades habían adoptado una actitud hostil e irreconciliable. En Agosto de 1934, un grupo de opositores más grandes (y ricos) de Roosevelt, dirigidos por miembros de la familia Dupont, constituyeron la “Liga de la Libertad de EEUU” que específicamente pretendía fomentar la oposición del público a las políticas “Dictatoriales” del Nuevo Trato y su supuestos ataques contra la libre empresa. Estas contradicciones con la ultraderecha van a pervivir hasta el final del periodo, por ello, Roosevelt decía al finalizar su campaña por la segunda reelección: “las fuerzas del dinero organizado son unánimes en el odio que sienten contra mi persona y yo acepto su odio”.

Las voces posteriores a la aplicación del Nuevo Trato han sido diversas, entre ellas: están la de: Arthur M. Schlesinger, Jr, quien argumentaba que el Nuevo Trato había sido la continuación de la larga lucha entre el poder público y los intereses privados; Richard Hofstadter, quien argumentaba que el Nuevo Trato habría sido otra drástica separación, “ ………., diferente de todo lo que había pasado hasta entonces en EEUU”; y por último James MacGregor, quien afirmaba que los taimados métodos políticos de Roosevelt, lo habían desviado de las metas ideales de la reforma, que no había aprovechado como debía su potencial de líder y que se había ceñido, sin que fuera necesario a los patrones de poder existentes.

En todo caso el acuerdo general de todas las vocerías, es que sin duda alguna con la aplicación del Nuevo Trato surge en EEUU y luego en el resto del mundo occidental, el advenimiento de un nuevo modelo liberal de economía moderna, el cual en nuestra opinión, con diferentes matices, pervivió hasta la implantación del neoliberalismo, aplicado en rigor a partir del gobierno de Ronald Reagan.

BIBLIOGRAFIA


* MORISON, SAMUEL ELIOT. STEELE COMMAGER, HENRY. LEUCHTENBURG, WILLIAM E. “Breve Historia de los Estados Unidos”, Fondo de Cultura Económica, México, segunda reimpresión 2003.


* NEVINS, ALLAN. STEELE COMMAGER, HENRY. LEUCHTENBURG, WILLIAM E. “Breve Historia de los Estados Unidos”, Fondo de Cultura Económica, México, 1982.


* BRINKLEY, ALAN. “Breve Historia de los Estados Unidos”, Editorial Macgraw-Hill interamericana, 3ª Edición, México, 2003.


(*)Escuela de Historia - UCV

henryantonionavas1@hotmail.com


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Henry Navas Nieves(*)


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