De la reapertura del limbo! Y en él, está el salario. ¿Qué es del tipo aquél de PDVSA, en el limbo?

En el año 2007, el entonces Papa Benedicto XV, cerró el limbo o mejor lo eliminó; sitio donde iban "los niños fallecidos sin bautismo". En esos días, mi viejo amigo Vladimir Acosta, de quien llevo tiempo sin saber nada, a quien imagino por lo menos como yo, limpio, olvidado por todos, menos por sus amigos de siempre, pero mirando con bastante claridad lo confuso, escribió y habló en radio acerca del significado del limbo. Demás está decir que, deseo para él, "El Chivo" Acosta, aquel que caminaba "escorao", como decía nuestro común hermano Moisés Moleiro Camero, goce de buena salud.

En aquellos días, motivado por mi amigo, escribí y publiqué en Aporrea un artículo titulado, "¡Qué broma, nos quedamos sin limbo!"

https://www.aporrea.org/oposicion/a33940.html

En la creencia común, "el limbo", no sólo era la "guardería" de los niños fallecidos sin bautismo, sino de todo inocente bajo observación, como deberían ser los espacios donde se detienen a los indocumentados, dado que serlo, no es prueba o muestra de maldad o de ser pecador, más ahora, cuando poseer los "documentos de identidad", suele resultar de un proceso donde para obtenerlos, el ciudadano es sometido, allá y aquí, en la mayoría de los casos, a un proceso donde resulta víctima de persistentes pecadores. Es decir, tener los documentos en regla, puede resultar de uno o varios pecados. Pues tenerlos, puede resultar, no es extraño, de un proceso sumergido en un mar de pecados y pecadores. Entonces "la tortilla se vuelve", como decía la canción republicana española, y envían al infierno, dado no hay limbo, a inocentes víctimas. Y la sentencia la dictan los pecadores que forman una extensa red.

Digo todo lo anterior, porque, pese el limbo no existe para la iglesia católica, pues el Papa que lo eliminó, lo creyó algo imaginario, inexistente, sobre todo innecesario y por demás exigente, hasta se atribuyó así mismo, la suficiente capacidad de eliminar algo que, de alguna manera, sí existía y existe, aunque sea en quienes imaginamos, por necesidad de hacerlo, razones propias de la existencia y la realidad, pues en esta la imaginación tiene cabida. Y hay un limbo, para quienes andan en "la luna", nada de lo que les dicen o acontece entienden; viven entre la luna y el limbo. Pues en verdad, el limbo sería como la luna, dado que está entre el cielo y la tierra; la realidad y la imaginación.

Tanto es así que yo, aunque hay un montón en lo mismo, pero ellos tendrán que reconocerlo, pues el limbo es como una propiedad individual, existencial e imaginada al mismo tiempo, por millones de personas que dudan, tengo mi limbo y en él me guarezco a meditar; pues ese limbo, es el espacio donde las dudas se aposentan y desde donde a uno, insistentemente molestan y le ocupan tiempo, como para darnos idea convincente que, él, el limbo, si existe.

Hay un personaje, quien según la realidad pasada existió, tuvo vida. Según dijo mucha gente, hizo cosas indebidas con cuantiosa parte del ingreso nacional y la metió en el torrente circulatorio, ese donde se mueve el capital, que es como un limbo aparte, más discreto y dinerario. Pues es bastante común, para la gente que no vive en el limbo, los demasiado "vivo y avispaos", meter en una caja o un hueco, cientos o miles de paquetes de billetes de dólares que desde allí giran y giran, desaparecen a la vista pública pero no mueren. Pues para eso, hay un limbo especial, como eso que llaman "Paraísos fiscales". Quienes estos usan, los tienen como su limbo, uno real para ellos y desapercibidos para quienes les conviene.

A él, nadie le nombra; o mejor, dejaron de nombrar; es un delincuente sin proceso o este se desarrolla en la luna, en un limbo. Pero todo el mundo habla del Cartel de los Soles y a Maduro, según Trump, jefe de esa cosa que al parecer está en el limbo, el 3 de enero, secuestraron, para lo que mataron a una buena cantidad de personas, cuya cifra está en el limbo. Maduro, ahora está en New York, esperando por un juicio que, pese al poco tiempo transcurrido, ya ha sido pospuesto dos veces. Posposición que parece acorde con lo dicho por su defensor, Barry Joel Pollack, el mismo que defendió con éxito a Edward Snowden, que en el tribunal no hay "acusación alguna"; no habló de pruebas, que es otra cosa, sino simples acusaciones. Es hasta ahora, según eso, un juicio "vacío", como propio para estar en el limbo. Quizás las dos posposiciones tan seguidas, se deban a eso; el tribunal espera que la acusación empiece a hacer su trabajo y a ellos, los del tribunal mismo, les saque del limbo.

Pero al personaje que antes aludí, al cual no se le vincula a cartel alguno, por lo menos que yo sepa, nadie le nombra. No lo hacen los del gobierno que supuestamente le tienen preso y tampoco lo hace la oposición. Y esto, o mejor este silencio, habla de un limbo. No es tampoco esté preso, como aquel de la vieja canción mexicana, que cantaba, "preso estoy, cumpliendo la condena que me da la sociedad". Uno que se ocupó, él mismo, de cuidar no quedar en el limbo, sino en el recuerdo de todo el mundo y dejar constancia que "bien estaba preso". Después de la condena, se cuidó de confesar su culpa en una canción que se oyó en todas las rockolas del mundo.

Y hay algo curioso, Trump, supuestamente interesado por "higienizar" Miraflores y mostrar las culpas de quienes allí estuvieron apoyando a Maduro, a ese personaje, le dejó, si no en el olvido, si en su muy particular limbo. Y no sólo Trump, todos de él se olvidaron. Ojalá, por decir esto, a mí no me saquen del limbo, donde he vivido siempre y antes de tiempo, sin que la parca por su disposición venga a buscarme, no me manden directo al infierno, sin proceso legal ni religioso alguno. Los billetes, pese su delgadez y fragilidad, tanto que hasta el más leve viento los levanta, tienen una fuerza descomunal, nada oculta que, pueden, cuando quieren, estremecer al mundo y levantar montañas.

Y en el limbo estoy, más no yo sólo, hay un montón, sólo que entre quienes están, no lo dicen por diferentes razones, como que "ni quiero mirar lo que mirado a través del cristal de la experiencia"; otros como yo, porque la realidad me demuestra que hay aconteceres que ella impone y no habiendo salidas, opciones diferentes, debo asumirlos hasta con entereza, saliéndome del limbo.

No observo, desde un rincón de mi limbo, razones contundentes para hablar de entrega, pese si tengo muchas dudas, y de esas, me tienen en el limbo. La modificación de la Ley de Hidrocarburos, una derivada de una realidad diferente, que, por serlo no puede ser "un rezo" o principio inviolable, siendo esta realidad de ahora otra, en su totalidad, no me provoca dudas. Sólo algo de ella me empuja hacia el limbo, como aquello que EEUU se abroga el derecho de administrar los ingresos derivados a Venezuela por la producción y venta de petróleo, alegando su disposición a que sean correctamente invertidos, "poniendo a un potencial ladrón de policía a cuidar otro tal como él".

Uno que, de vez en cuando, sale del limbo, entiende esto como aquello de "cachicamo llamando a Morrocoy conchúo"; aparte que en eso confuso que llaman soberanía, si cabe el derecho que seamos nosotros quienes manejemos lo nuestro, aunque sea corriendo el riesgo, haya quien confunda su bolsillo con el del erario público y alegue luego que, en ese momento, estaba en el limbo.

La soberanía no es una palabra hueca, pero tampoco mágica, como que, por estar en la constitución, tal que principio para orientar la acción y la conducta, nos da la fuerza, el poder para serlo en cualquier contingencia. Si eso fuese cierto, de esa palabra hubiésemos sacado las fuerzas para inhabilitar las sanciones; y ella misma, haría de los venezolanos todos de mentalidad soberana y no diese espacio, base para que no uno, dos o tres, sino miles de ciudadanos, hayan estado anhelando que EEUU nos invadiese y nos convirtiese en colonia suya.

La sola palabra soberanía, entendida como una fuerza material invencible, hubiese servido a Bolívar para evitar que los ingleses nos arrebatasen parte del territorio venezolano desde los tiempos de la Capitanía General. Y así no hubiésemos perdido Trinidad y sus espacios aledaños y tampoco el territorio Esequibo. Menos lo que perdimos posteriormente, al negociar límites con Colombia.

Ese imaginar, es el mismo de los viejos ortodoxos del mundo que creyeron y creen que, el socialismo se construye con sólo poner en la constitución un artículo que diga, "la nuestra es una sociedad socialista". Esto no es más que estar en el mero centro del limbo, lejos de las fronteras de la realidad y sin oportunidad de escape.

Pero más me voy hacia el centro del limbo, me alejo de las fronteras, las líneas de escape, cuando leo que, con cada funcionario de EEUU que nos visita, de esos que están llegando por montón y muy seguido, se firman o simplemente se llegan a acuerdos y compromisos* de parte y parte que podrían ser interpretados de una manera u otra, pues lo ortodoxo y deseado pueden, no es extraño, colidir con la realidad, pero en materia salarial, el gobierno no suelta prenda alguna, pese los acuerdos hablen de ingresos significativos, hasta enormes y sean administrados desde allá. Claro, esta preocupación mía por el salario, que los viejos ortodoxos para su satisfacción llamarían economicista, es propia de un viejo que, por serlo, de verdad "vive en el limbo", un espacio cerrado, sin acceso a la gente, pues la edad misma, tira un cerco que no deja a uno salir y a los demás, amigos y hasta familiares, no les evita, pero les justifica, no entrar.

*Suelo comentar, cómo el gobierno, desde los tiempos de Chávez, ha firmado tantos convenios con China y Rusia que, si por eso fuese, estaríamos "en el limbo", de lo encantador que sería nuestra vida.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com      @elidamas

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