Vuelven las civilizaciones

El estrechamiento de relaciones entre los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) puede llegar a ser una condición indispensable para la superación y abandono progresivo de la ONU y demás instituciones obsoletas, ineficaces o claramente alineadas con el hegemón norteamericano.
En fecha reciente –el día de año nuevo de 2024- ha aumentado el número de países integrantes, lo cual hace inviable el cambio o ampliación del acróstico, y el BRICS ampliado puede designarse como BRICS+. Los nuevos países incorporados forman parte del mundo musulmán y africano. Estaba prevista la incorporación plena de Argentina, situada al margen de esas coordenadas y de enorme potencial de unirse a su vecino Brasil, pero el fenómeno Milei ha venido a desbaratarlo todo.

Entre los países fundadores y los de nueva incorporación hay varias potencias regionales medias, que ocupan posiciones estratégicas (Irán, Arabia Saudi, Brasil, Sudáfrica), y hay también potencias con posibilidades globales –no sólo regionales- como Rusia, China, India. Aun gozando de una posibilidad de influencia global, estas tres grandes potencias no han mostrado deseos de convertirse en "el hegemón", tal y como hoy es hegemón unipolar los Estados Unidos. La vocación de todos los BRICS, grandes, medianos o pequeños, viene constituida por el desarrollo de un mundo diferente, el mundo multipolar.

Todas estas potencias poseen dificultades en su desarrollo, arrastran con "asignaturas pendientes", incluso experimentan entre sí no pocas tensiones y muestran rivalidades por distintos temas, pero hay en ellas un telos o causa final: liberarse del yugo del "hegemón". El hegemón norteamericano, empeñado en conservar –a sangre y fuego- su unipolaridad, sólo admite colonias o estados sumisos. Los estados sumisos se hacen por un tiempo la ilusión de ser "socios y aliados", vocablos estos que parecen remitir a una relación de igual a igual y a una participación proporcional o equitativa en los beneficios del saqueo del resto de la humanidad. Pero se ha descubierto que todo era mentira.

Durante demasiado tiempo, desde el término de la II Guerra Mundial, la opinión pública y algunos gobiernos occidentales o pro-occidentales creyeron en toda esta narrativa. El "mundo libre" garantizaría a los sumisos paz, derechos humanos, estabilidad democrática y una sociedad opulenta para unas clases medias cada vez más numerosas.

La narrativa del "mundo libre" comenzó a venirse abajo con la crisis económica mundial de 2007. En ella se hizo evidente que los métodos especulativos norteamericanos y, en general, de la Anglosfera, no eran otra cosa que virus altamente peligrosos que podían infectar a cualquier economía capitalista que no preservara ciertos elementos clásicos en sus reglas de funcionamiento: a) alto nivel de control estatal en el ámbito financiero, monetario, productivo, b) alto nivel proteccionista en las industrias y actividad agropecuaria, c) soberanía económica plena que permita la planificación productiva a largo plazo y el cierre relativo y estrictamente regulado de las fronteras.

Los países occidentales fueron, desde 1945, desprendiéndose de todos los mecanismos y reglas que pudieran garantizar su soberanía económica. Ésta, junto con la militar, que necesariamente se encuentra entreverada con ella, garantiza toda posible soberanía. El "Occidente colectivo" ha caído en una desgraciada situación colonial: sus economías se encuentran expuestas a todas las infecciones posibles que provienen del sistema norteamericano, un sistema progresiva y peligrosamente alejado de la realidad, basado en burbujas especulativas que tienden a estrangular la producción.

La evidencia más notoria de la situación neocolonial ha venido de la mano del caso "Nord Stream" (2022)m el sabotaje muy posiblemente llevado a cabo bajo órdenes norteamericanas. El hegemón, en su lucha desesperada por conservar su poder incontestado y mantener al mundo en la unipolaridad, no solamente ha declarado la guerra a las potencias declinantes y a los países del Sur Global. Los norteamericanos también despliegan desde hace décadas una guerra encubierta contra sus "socios, aliados y amigos", esto es las pequeñas potencias de Europa Occidental. Le es imprescindible, a este avaricioso Tío Sam, que, fuera de la Anglosfera (su primer cinturón de esbirros y compinches), todo el Occidente no anglosajón sea sumiso y funcione como colonia y campo de batalla.

Los norteamericanos se rieron en la cara de los abúlicos e impotentes alemanes al cortarles de manera tan brutal el suministro de un gas barato y próximo como el ruso. Se amputó la muy natural y necesaria cooperación euroasiática, que incluye la inserción de lo ruso en Europa (los rusos eslavos son europeos, aunque también hay una Rusia asiática, mientras que los yanquis no) así como la inserción de Europa en Asia, de la cual somos, en el fondo un apéndice. Cuando las autoridades germanas aceptaron sumisamente el hecho brutal del sabotaje, así como la prohibición chulesca yanqui, propia de matón de barrio, de comprar libremente el gas ruso y aceptar el mucho más oneroso venido de Norteamérica, el neocolonialismo del hegemón mostró al mundo su terrible faz.

Y es que el resto del mundo fue testigo. El Sur Global vio cómo trata el Amo a sus esbirros, a los esbirros del tercer nivel, como puedan ser los alemanes y franceses, y demás perritos ladradores de la Unión Europea que están a punto de echar a pique los restos de su "Estado del Bienestar" para apoyar al dictador Zelensky y a su camarilla corrupta y neonazi.

El Vietnam de Europa Central que es Ucrania, el Afganistan a tiro de piedra de Alemania y Francia, la Ucrania ultranacionalista, de donde siempre salen los "marines" y los "colaboradores" con el rabo entre las piernas, pretende ser ahora un problema transferido a una Europa indigna. Los americanos le dejan "la patata caliente" a los "socios" europeos, a una UE otanizada que acepta una tras otra las imposiciones del Pentágono, y que permite que personajes siniestros o serviles, como Borrel, Úrsula o el doctor Sánchez (conocido como "doctor Muerte" durante sus confinamientos con la COVID-19) se hagan llamar "europeos", cuando en realidad no son sino los chicos de los recados del Partíido Demócrata de los yanquis, esto es, la facción más belicista y criminal del stablishment americano, ya de por sí muy belicista y criminal.

En España, nuestro Doctor Muerte local ha comprometido esta misma semana unos 1100 millones de euros al dictador ucraniano, otro artista cómico metido a carnicero. Tal millonada se dedicará a armas, y eso en un contexto crítico para España como es el siguiente: a) desmantelamiento progresivo de la poca industria y del sector agrario del país, rendido a los lobbies marroquíes que controlan Madrid y Bruselas, b) debilidad extrema del Ejército español, incapaz de repeler cualquier anexión unilateral o cualquier nueva "Marcha Verde" de los marroquís en Ceuta, Melilla, Canarias o Sur de España en general, c) desguace y erosión progresiva del ya de por sí precario "Estado del Bienestar" español, donde aumenta sin cesar el número de brazos caídos y bocas hambrientas, debido a la falta de inversión productiva y a la acogida ilimitada de población africana y de otras latitudes.

En España está aumentando la pobreza infantil, el número de hogares rotos (debido en parte a las políticas de presunto "empoderamiento" de la mujer y a la ideología LGTBIQ+). Paralelamente la Escuela se ha deteriorado hasta niveles preocupantes, extendiéndose la ignorancia y el fraude hasta los niveles superiores. Triunfa la "cultura" del hedonismo, la abulia, la ideologización de las aulas y la falta de rigor a la hora de conceder los aprobados y las titulaciones. Se ha creado una sociedad muelle, enferma moralmente, descompuesta y emputecida en el mismo tuétano. Procesos muy parecidos se están registrando en otros países de Europa Occidental. Sólo se vive del sector servicios, del turismo (gran destructor de la diversidad productiva), de la especulación. Se mutila el talento y se vive en fuerte desconexión con la realidad.

La gran esperanza de los BRICS+ consiste en que esta red o sistema de potencias llegue a funcionar como una ONU alternativa en la cual, de veras, se gesten verdaderas leyes internacionales y no simplemente "reglas". El matón pone reglas, pero el Derecho y la Soberanía promulgan leyes. El establecimiento de transacciones desdolarizadas, la inmunidad ante sanciones arbitrarias del hegemón, la posibilidad de volver a financiar de forma justa –no usurera- el desarrollo de los países más faltos de tecnología, talento y dinero, abre un horizonte humanista. Tras el rosario de invasiones, golpes de estado, guerras híbridas y de conquista, asesinatos selectivos, bombardeos "humanitarios", etc., etc., cometido por los yanquis, la humanidad casi había perdido la esperanza en que algún tipo de institución internacional pudiera alzarse con autoridad y prestigio y fuera capaz de encauzar las relaciones entre naciones soberanas, y aún entre civilizaciones, de una manera solidaria, cooperativa y anticolonialista.

La Organización de Cooperación de Shanghái (上海合作组织, Шанхайская организация сотрудничества), una de las mayores del mundo por la población y la extensión del planeta que ella representa, puede ser también un valladar eficaz la agresividad depredadora del hegemón yanqui. Este tipo de marcos institucionales abren la puerta a la cooperación leal en todos los terrenos: a) transferencias comerciales, financieras, tecnológicas…b) intercambios culturales y educativos, c) construcción de entornos seguros, en donde el terrorismo financiado por los EUA y la OTAN, así como las ONGs injerencistas y demás unidades de guerra híbrida queden debidamente neutralizadas.

Es una tarea urgente para nosotros, habitantes de un Occidente colonizado, ciudadanos de una Europa postrada, crear todo tipo de asociaciones culturales, humanitarias, comerciales, estudiantiles, profesionales, así como plataformas mixtas de encuentro virtual y presencial con estos países no otanistas y no esbirros del hegemón, países que están dando pasos decisivos hacia la des-americanización, la des-dolarización, enfrentándose al neoliberalismo y al militarismo agresivo que le es inherente. A los españoles nos corresponde iniciar una movilización ciudadana masiva en contra de la OTAN y en contra de toda involucración en una guerra suicida contra Rusia. Debemos abogar por la inmediata celebración de conferencias de paz para resolver el conflicto ucraniano y debemos empezar a organizar una política común de los europeos a favor de una mayor integración eurasiática. Es urgente que las naciones europeas se reindustrialicen y se abastezcan de los productos de sus propios campesinos, que orienten sus fuerzas armadas a la defensa de su propio territorio (como es el caso sangrante del sur de España, expuesto a invasiones) y no a la guerra contra Rusia. Es preciso colaborar con la potencia tecnocientífica del siglo XXI, que es China, incorporando nuestros países a su "nueva ruta de la seda" en aras de un beneficio recíproco.

Desde España sabemos que los norteamericanos han crecido a nuestras expensas. Tras robarle a México gran parte de su territorio, poco tiempo antes, territorio español, acabaron con los nativos de América, y después robaron a España sus provincias de Cuba, Puerto Rico, Guam, Filipinas, causando grandes genocidios. Desde entonces el imperio yanqui ha sido el imperio de la muerte, el dolor y la esclavitud. Como dice A. Dugin, y no pocos filósofos chinos actuales, el imperio yanqui es sólo un paréntesis. Ha sonado la hora de las civilizaciones, en plural, de mundos autocentrados pero colaborativos, grandes espacios imperiales que ponen orden dentro y cooperan sin colonizar, fuera. Los viejos imperios tradicionales vuelven, vestidos con los trajes del futuro, mientras que la brutal, anti-tradicional y artificial talasocracia yanqui retrocede.



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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