La desigualdad del petróleo

La totalidad de las guerras desarrolladas desde hace más de un siglo y las cuales llegan a esta hora sobre el planeta tienen su causa en el control del petróleo. Este fenómeno mundial se ha arraigado de manera profunda al modelo de vivir que por eso todos los precios de los productos de consumo son arrastrados hacia descontroladas inflaciones, tal y como se demuestra en los desbordados casos en Europa y Estados Unidos.

Aun cuando la inflación norteamericana es exagerada y descontrolada la misma le corta integralmente la gestión a Joe Biden. Por eso sale de casa y envía emisarios a recorrer el mundo productor de crudo. Las visitas y los mensajes van dirigidos a Irán, Arabia Saudita y Venezuela. Kuwait, Irak y Libia le han dicho a la Casa Blanca que estos momentos no son de sobre producción.

Para el 11 de febrero cuando no había comenzado la guerra entre Ucrania y la Federación Rusa los precios del tonel de crudo caían producto de una descontrolada inflación sufrida desde meses atrás, pero muy marcada en enero en Norteamérica la cual por disímiles factores económicos se situaban en 7,5%, la más alta hasta ahora. Queda en segundo lugar esta crisis en comparación con la sufrida en febrero de 1982.

Pero cuando los precios del crudo se reducían y se complacen las perspectivas de aumento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal al mejor estilo de sus películas, entonces EE.UU. iniciaba el sacrificio de los países productores los cuales ya advertían desde el 2014 el efecto rebote o el más reciente efecto bumerán. Pero cómo los oídos de muchos se tapan, sabían que lo peor estaba por venir en los días finales de febrero del 2022.

Los diferentes precios de referencia internacional como el estadounidense West Intermediate (WTI) y Brent comenzaron a variar al alza, aun cuando habían tenido leves caídas, ya las proyecciones eran alarmantes.

En suelo norteamericano el riesgo de los inversores disminuyó y esto ha sucedido antes del primer trimestre del 2022. La alarma ante la posibilidad de un anuncio por parte de la Reserva Federal de aumentar las tasas de interés en 50 puntos antes de finalizar el mes de marzo sería el detonante.

Ahora, Europa y Norteamérica se ven atrapadas tras los errores de sus opiniones las cuales mantuvieron en contra de Irán, no quedándoles más remedio que invocar su ayuda entre los medios mientras envían comisiones hasta el país persa para reanudar sus colocaciones. Ahora no les queda sino negociar el acuerdo nuclear iniciado en Viena, Austria, a cambio los suministros de crudo iraní deben llegar a los mercados mundiales para controlar su precio.

Mientras en la conferencia de política económica de la Asociación Nacional de Economía Empresarial no le ha quedado más remedio a Jerome Powell presidente de la Reserva Federal norteamericana y han tenido que tomar la decisión de aumentar sus tasas de interés para tratar de evitar lo inevitable, el precio del petróleo no ha dejado de subir. Estos 50 puntos en aumento de las tasas de referencia no subían desde el año 2000.

Para EE.UU. es incómodo vivir con la amenaza en los precios del crudo pues esto ha disparado toda su economía y por tanto los arrastra hacia una inmensa inflación y la misma se acentúa tras la ola de bloqueo sobre China sobre todo con los efectos vividos aún con el coronavirus en el primer trimestre del 2022. Así lo afirmó el mismo Jerone Powell el 4 de mayo del 2022.

Al salir del Banco Central —Jerone Powell— y justificar la subida de las tasas de interés sorprendió a todos con su declaración: Las presiones de los precios se han extendido a una gama más amplia de bienes y servicios. El aumento de los precios del petróleo crudo y otras materias primas que resultan de la invasión rusa a Ucrania están creando una presión alcista adicional sobre la inflación. Y para rematar afirmó lo que ya era un hecho: Es probable que el bloqueo relacionado con la COVID-19 en China exacerbe aún más las interrupciones de la cadena de suministro.

Inmediatamente la medida fue catalogada de violenta pues la inflación en Norteamérica se disparaba. Las tasas de referencia que luchaban contra la inflación se fueron a los cielos. De 0,25% pasó a 0.50% y de allí fue indetenible al 0,75% hasta estallar en 1%. Con esto la promesa de restaurar la estabilidad de los precios se esfumaba.

Aquella esperanza de un crecimiento del 5,5% del año anterior (2021) se perdió pues la actividad económica general disminuyó apenas con el primer trimestre del año. Inmediatamente esto causó que en marzo 2022 el índice de precios de gastos de consumo personal estacionara una inflación en 6,6% sobre su base anual.

Las esperanzas se esfumaron cuando inesperadamente desde el comité se declaró la posibilidad de un aumento de tasa de interés en 75%. A partir de allí la inflación comenzaría a enloquecer. Irónicamente se afirmaba: Diríamos que tenemos una buena oportunidad de hacer un suave aterrizaje.

Quedando establecido como probable que en la futura agenda del 2022 permanecía la clara sensación entre sus miembros que los 50 puntos básicos adicionales de aumento en las tasas de interés iban a estar presente en las próximas dos reuniones.

Y para rematar aceptan que la guerra entre Rusia y Ucrania restringirá las actividades económicas en el extranjero pues con los días las cadenas de suministro quedarán técnicamente cerradas. Todo esto aumentará el crecimiento de un efecto indirecto en la economía de EE.UU. pues su comercio ya está seriamente afectado.

Por eso Estados Unidos junto a Alemania arremeten contra las petroleras tras los altos precios de los combustibles. Mientras un perdido Biden en una declaración ingenua convocaba a los dueños de estaciones de gasolina a bajar los precios del galón de combustible el cual llegó hasta los 7$.

Pero occidente es torpe y aún cree que va a sortear el aumento exagerado de la inflación. La causa que mantiene el alza es el intento de boicot a los productos rusos en especial gas y petróleo. Alemania y EE.UU. creen que los países productores se aprovechan de sus anunciadas desgracias.

Los precios de las gasolinas serán para Europa y EE.UU. un verdadero dolor de cabeza. Y esta situación es tan crítica que se ha extendido al resto del mundo sobre todo por el aumento de los fletes en los tanqueros y metaneros además del aumento de materias primas importantes como los diluyentes.

En esto poderosas firmas se aprovechan tras el escándalo de la guerra y hacen de esto un inusual acontecimiento mundial de sensibilidad en el planeta: el miedo. Esto unido a los precios de los productos hace para muchos mandatarios un riesgo frente a lo que serán las demandas de las grandes masas de población las cuales son ahuyentadas hacia el terror y la desconfianza.

Argentina y el Reino Unido, dos naciones enfrentadas desde hace décadas, buscan sacar el mayor número de ganancias frente al espectáculo mundial de la guerra. Han pechado a las compañías que se han visto más beneficiadas en lo económico por trabajos realizados en medio del conflicto y de lo cual buscan tener ganancias adicionales por intermedio de nuevos impuestos adicionales.

Para finales de mayo (2022) Boris Johnson impuso un impuesto de 25% a las inesperadas ganancias en los productos que involucren gas y petróleo. Por su parte Alberto Fernández hizo lo mismo con las empresas exportadoras de granos igualmente beneficiadas por el aumento de precios tras la guerra. Cuando el gobierno de Ucrania y la OTAN declaran a cada rato el supuesto riesgo que atraviesan las materias primas de Ucrania aludiendo que son granero de Europa es porque detrás de esto hay grandes intereses en colocar nuevos precios para después de una lejana paz sus costos incrementados sean mantenidos. La guerra es un juego de ganancias extras.
Pero el más beneficiado tenía que ser el rey petróleo por eso con la guerra sus precios acostumbrados a estos acontecimientos han subido tan dramáticamente. Los precios del crudo no han podido estar en un mejor escenario, ese es su terreno: la guerra.

El gobierno alemán de Olaf Scholz —sin consenso para gobernar— ya ha emprendido la forma de establecer nuevas estrategias para introducir impuestos adicionales dándole más poder a su oficina antimonopolio y que esta tome decisiones muy fuertes en contra de las petroleras.

Para ello desde el primer día de junio (2022) activó recortes significativos de tres meses como parte de un paquete más extenso de medidas que van desde boletos baratos para el transporte público local cosa que impacta en los precios de los productos que se transportan y que van a ir reflejados en los consumidores. Por otra parte, los precios se han incrementado en los productos elaborados por las compañías petroleras pues la reducción de impuestos las ha utilizado para hacerse de ganancias extras y hasta el mismo Joe Biden se ha quejado de esta práctica.

Se escuchan las expresiones sin empacho de Biden contra ExxonMobil las cuales no se han hecho esperar, señalando que han tenido más beneficios que Dios en lo que va de año. Esto lo afirmó durante su discurso en el puerto de Los Ángeles al margen del fracaso de la IX Cumbre de Las Américas. Y es que efectivamente las ganancias de la multi corporación petrolera del primer trimestre de 2022 frente al mismo tiempo del año anterior han sido de 5.500 millones de dólares. Apenas en el primer trimestre facturan una súper ganancia que pudo haber sido el cierre de un año completo.

Pero Joe Biden no termina allí y les da su estocada final al afirmar que Exxon Mobil, la petrolera más grande de Estados Unidos, no está usando terrenos que tiene alquilados para producir petróleo con el objetivo de mantener la producción baja mientras la demanda se mantiene y los precios aumentan. Sus críticas llegaron justo dos días antes de que la gasolina en ese país registrara un nuevo máximo histórico de 5,1 dólares por galón, casi el triple de lo que costaba hace un año, de acuerdo con la Asociación Automovilística del país (AAA, por sus siglas en inglés).

Por eso se dispara la inflación en EE.UU. Solo en mayo la misma se ubicó en 8,6%, la más alta de los últimos 40 años y la misma es presionada principalmente por los excesivos aumentos en los precios de combustibles y alimentos. EE.UU. desea ignorar que su verbo aniquila cualquier acuerdo con Moscú y financia con más dinero a Ucrania y busca sancionar más a Moscú. En el periplo de sus visitas para tratar de ahogar a Rusia, Biden busca obtener la elevación de sanciones antes que unir fuerzas militares para aumentar el número de combatientes.

El nivel general en cuanto a los precios en los bienes y servicios durante un tiempo el cual ya es exagerado es la inflación. Pero la situación será aún más grave si la demanda comienza a superar las compras que el público desea hacer y ese querer comprar estará por encima de lo que se pueda producir, entonces los precios de bienes comenzarán a subir, es decir comenzará a padecer una situación de inflación en la economía.

Las empresas no podrán mantener sus beneficios en todo momento ya que el aumento en cualquiera de sus cadenas desatará feroces inflaciones el cual estará reflejado en el precio del bien o final de servicio. Esta es la causa de la inflación sufrida y como el impacto de precios sufre por causas políticas, estos se verán reflejados en los productos. La única salida hasta la presente es que sean las empresas quienes coloquen drásticamente el precio a los bienes para compensar los costes.

Como la costumbre de las empresas es la especulación, se produce una subida en los precios de manera inesperada y brusca, es decir una inflación autoconstruida lo cual es contraproducente pues los compradores se ven obligados a comprar menos y por lo tanto las ventas en las empresas caen.

Inmediatamente han procurado una política fiscal expansiva, es decir aumentar la cantidad de dinero en circulación. Esto ha provocado un aligeramiento en los consumidores y esa acción ha superado el inventario en los bienes y servicios trayendo como resultado más inflación.

Para Norteamérica siempre ha sido una fórmula la impresión de billetes con cada crisis, pero esta vez ha traído más inflación de la esperada pues la demanda acorta la producción de sus bienes.

Por eso varios analistas económicos afirman que en Estados Unidos hay una crisis estructural pues su sector industrial está en serios acuerdos en sus procesos productivos y esto genera inmediatamente graves cuellos de botella en la demanda trayendo como graves consecuencias subidas en sus precios lo cual tiende a instalarse en el resto de la economía.

Para Europa y EE.UU. el fantasma de la inflación está claro y muy cercano a una recesión. La inflación inercial es el detonante de alta probabilidad de inflación y como todos lo ven nada se está haciendo por evitarla. Pues tanto las largas crisis como las guerras son el escenario buscado por EE.UU. y Europa para luego imponerse y ganar más terreno, este escenario es el de la llamada posguerra.

Esta inflación inercial no es más que la subida en bienes y servicios donde los más vulnerables pierden poder adquisitivo. Esta vez la causa está en las consecuencias de la guerra lo cual es poco probable que los gobiernos causantes de la misma controlen sus agresiones.

Para ambas regiones el aumento de la inflación ya es letal. Esto ha llevado al derrumbamiento de gobiernos en Europa y a la despolarización de otros y lo más seguro para Joe Biden antes de culminar su mandato será verse envuelto en un proceso de destitución vía impeachment.

Las causas de los aumentos están estacionadas tras las graves demandas en los dos factores que han quebrado técnicamente al planeta, primero la pandemia del coronavirus y segundo la guerra en Ucrania la cual amenaza con prolongarse y extenderse a otras regiones no exactamente europeas sino a China e Irán.

Las consecuencias de la inflación reflejadas en el Índice de Precios al Consumo han pasado en Estados Unidos a ser uno de los más altos en los últimos 40 años ubicándose en 8,3%. Sus principales causas son los costos en alimentos y energías.

Por su parte el Índice mensual de precios de los alimentos del organismo de la FAO dependiente de la ONU ha establecido que en el planeta se ha registrado un aumento del 12,6%. Esto solo entre febrero y marzo del 2022 pero uno de los más altos desde 1990 y esto por supuesto que envuelve a Europa y EE.UU.

Los cereales se vieron comprometidos en más de un 17%. Unido a esto está la torpeza de haber impulsado más de seis mil sanciones en conjunto en contra de Rusia. Es más, el odio que la sindéresis política de sentarse a negociar y las mismas levantan antiguos anhelos de destrucción sobre este importante territorio.

Paul Donovan autor de La verdad sobre la inflación en su análisis sobre el aumento de la inflación no duda en catalogar que la misma ha alcanzado su punto máximo el cual a su parecer ya es histórico.

Cuando se decretó en muchos lados de Europa y EE.UU. una especie de convivencia con la pandemia muchos salieron a utilizar sus ahorros, pero lo que nadie se esperaba fue la inusual provocación por parte de EE.UU. en contra de la Federación Rusa. Aquellos gritos de Biden al tratar a Putin de perro de guerra, que lo iba a sacar del Kremlin, que vamos a una tercera guerra mundial, y la más estrepitosa; vamos a una gran hambruna mundial con dimensiones desconocidas hasta ahora. Todo esto endureció los precios de los principales marcadores de crudo elevando el tonel por encima de 130$.

El principal problema de todo esto aparte que la oferta es limitada es que la guerra altera el suministro y por eso los precios vuelan. Allí está su causa, pero también allí están sus grandes culpables.

En la demanda y oferta hay un ambiente engañoso el cual oculta la verdadera causa de la tormenta económica. Sin dudas para cualquier analista norteamericano ha habido un empuje hacia el aumento de la demanda de bienes haciendo que la inflación —tormenta— se desvanezca ya que con esto se ha presentado una oferta en los bienes. Pero esta demanda de bienes no fue tan inusual y superó la oferta, es decir la demanda fue superior a la oferta y las mezcló a ambas haciendo que el aumento de la demanda hiciera subir los precios. Como era de esperarse los ahorros de los consumidores bajaron y tras ella igual bajó la demanda.

En Estados Unidos el precio de un televisor ha bajado pero los mismos consumidores no se atreven a comprarlos primero porque sus ingresos a futuro han bajado, es decir sus expectativas de obtener dinero están amenazadas por la inflación que se extiende y lo segundo el futuro por la guerra se ve muy incierto.

Pudiera parecer que, aunque Rusia no fuera tan importante en la economía mundial si lo es en materias primas y eso la hace muy significativa a la hora de concertar una estabilidad presente y futura en lo económico. Y Ucrania, aunque aporta solo una parte de trigo, la guerra la hace parecer como que fuera la gran abastecedora mundial y esta amenaza falsa igual impacta.

Por otra parte, el mismo ofuscamiento de sanciones en contra de Rusia se ha revertido hacia buena parte de sus impulsores pues ellos mismos han trancado sus caminos y con Biden es difícil rectificar. Ciertamente muchos países no compran gas o petróleo ruso —aunque algunos lo hacen abiertamente— lo que sí es cierto es que casi nadie puede acceder a trigo ucraniano y quien pueda hacerlo no lo compra por sus precios. Los actuales precios son de mercado final ya que el mismo sirve a compradores que hacen labor de intermediarios y con solo la salida de Ucrania ya él mismo lleva el precio como el de un consumidor final y esto es muy costoso pues apenas allí comienza la cadena de distribución y comercialización.

Aquella Europa con ínfulas de desarrollada y sólida donde apenas entre un 15 a un 20% del sueldo de los ciudadanos mejor pagados era destinado a comida se acabó. Todo absolutamente todo está unido al precio del barril de petróleo y esto lo está pagando con creces EE.UU. y Europa.

Todo depende del combustible: comida, tarifas aéreas y terrestres de transporte, gasolina para cualquier tipo de transporte. Todo depende de los precios por los placeres de los derivados del combustible.

Pero nada de esto abriga un arreglo ni de justicia hablamos a la hora de poner las cosas en la balanza de ser justos. Muy al contrario, todo tiende a ser más desigual tras esta situación. La mayor parte de lo que gasta un ciudadano norteamericano y europeo va destinado a los diferentes servicios en mano de obra, es decir quienes se encargan de las diferentes entregas y procesamientos, ventas al por menor, impuestos ya de por sí muy encarecidos y publicidad. Todo es pago por quienes consumen en la mesa sin darse cuenta del gran desbarajuste al que los han llevado la OTAN y EE.UU. mientras un productor va camino a la ruina. Todo esto sucede sin mencionar el terrible cambio climático el cual trae como graves consecuencias destructoras sequías e inundaciones.

La inflación lo ha hecho añicos. Si le preguntamos a un estadounidense él nos afirmará que la inflación ya ha tocado el techo y que ahora justamente está en el tejado, pero de los rascacielos. Atrás quedó toda una sociedad sorprendida como zombis. Su punto más álgido no se hizo esperar a los primeros días de marzo, apenas a una semana de la guerra entre Ucrania y Rusia los precios de los marcadores de crudo volaron a 1304 y amenazaron con llegar a 170% cosa no improbable.

En el Reino Unido la alcanzó meses más tarde pero ya la misma era imparable y en el resto de Europa a pesar de que el verano hace estragos la distracción trata de opacar la situación depende como esté la temperatura. Todo lo que no decida el verano lo sepultará el invierno.

Se ha activado un espiral de salarios versus precios. Para Europa y EE.UU. los salarios representan un camino poco alentador pues el 70% de la inflación está en los salarios y distinguir entre ambos es muy importante pues si un explotado trabajador trabaja más cobra más y eso exactamente no sería lo inflacionario, pero sí plantea una profunda desigualdad pues eso significa que hay menos gente produciendo más. La producción está por encima, pero los niveles de vida están por debajo. Y en esto no tocamos, pero no dejamos de lado la terrible pesadilla de los inmigrantes los cuales sin descansar se mueven por millones hacia los centros que han originado todo este pandemónium mundial: EE.UU. más Europa.

No creo que todo esto tenga una solución. Los gobiernos no van a detener la guerra ni van a firmar la paz con Rusia ni van a finiquitar sus amenazas en contra de China ni mucho menos van a dejar tranquilos a los países productores de Petróleo como Venezuela e Irán y una veintena más de estos.

Los altos precios de los alimentos y del petróleo a esta hora están fuera del alcance de los países consumidores. Los mismos países que han destruido países enteros y sus economías. Ahora mismo Estados Unidos impulsa una ley extraterritorial como casi todas acusando a la OPEP de monopolio, Norteamérica que ni de casualidad ha estado en alguna de las reuniones de este organismo, pero se atreve a esto.

Querían un mundo incierto, bueno, andamos en él…



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Miguel Jaimes

Politólogo, Magister Scientiae en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Gerenciales. Director del Diplomado en Geopolítica del Petróleo. Sitios webs; https://www.geopoliticapetrolera.com y https://www.lamucuy.com.ve

 venezuela01@gmail.com      @migueljaimes2

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