… ¡Realidades espantosas!…

Orígenes mercenarios y balcanizantes del estado colombiano, filón de los imperios en A.L. …

  1. En 1829, los coroneles José María Obando e Hilario López (asesinos de Sucre y quienes luego habrían de ser presidentes de la Nueva Granada) se alzaron contra Bolívar, y ofrecieron sus hombres en armas al Perú para invadir a la Gran Colombia. Obando y López desintegraron la unidad grancolombiana para llevar al poder a Francisco de Paula Santander. De ahí proviene esa oligarquía monstruosa, impuesta a sangre y fuego que para aferrarse al poder tenía que mantenerse arrastrada a los imperios gringo y europeos, tal cual como nos sucedió con el tirano Juan Vicente Gómez durante décadas. Un carácter, pues, alevoso del poder santanderista que sería el elemento distintivo de esa clase política sustentada sobre el crimen, el robo y la mentira. Por lo que luego, ese estado, por fuerza, fue evolucionando hacia una mafia gobernante que acabaría siendo el mayor filón de mierda de los referidos imperios esclavistas.
  2. A los imperios de Estados Unidos, Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda,… les convenía tener en América Latina ese foco mercenario colombiano, como apoyo para sus enclaves colonialistas en la región. Este estado mercenario santanderista, ahora incorporado como excrecencia abominable de occidente en la Guerra Fría, en 1951, va a poner su grano de arena en la guerra de Corea. No le basta con que los gringos le hayan arrebatado Panamá sino que para ir a Corea, ofrecen al Tío Sam tres fragatas, un batallón de infantería, que llegaría a sumar unos 4.750 efectivos, y cual gloriosa carne de cañón mercenaria, terminan por dejar en aquellas lejanas tierras unos doscientos colombianos entre muertos y desaparecidos, y más de 400 heridos.
  3. Por eso ahora ese estado mercenario colombiano se muestra orgullo de haber tenido a sus militares en la guerra de Irak, Afganistán, Libia y Siria… Ahora metiéndolos en Haití y Venezuela.
  4. Ese estado mercenario colombiano, en su obsesión por hundir a Venezuela en sus desquicios de sangre y eterna convulsión social, acabó participando en el asesinato de nuestro presidente Carlos Delgado Chalbaud al oponerse éste rotundamente a enviar soldados a la guerra de Corea. Ante esta decisión soberana del general Delgado Chalbaud, Estados Unidos le negó vender armamentos a Venezuela, en una negociación que estaba en curso. Por su parte Betancourt, quien en ese momento trabajaba para Rockefeller, llegó a considerar la decisión de Carlos Delgado Chalbaud de muy preocupante. Dijo Betancourt que nosotros no estábamos siendo solidarios con la política globalizadora del imperio; con la política defensiva de nuestros benefactores. En el fondo, toda esta preocupación también se remontaba, a las iniciativas de Delgado Chalbaud por establecer relaciones de amistad y cooperación con programas nacionalistas petroleros en el Medio Oriente; una posición que fue muy bien acogida por el propio Marcos Pérez Jiménez.
  5. Cuando Francisco de Paula Santander regresaba a la Nueva Granada de su exilio dorado, y los que habían asesinado a Sucre (los entonces generales José María Obando y José Hilario López), le tenían preparado el mando para que gobernarse a su país con la inmensa sabiduría, que según ellos, Bolívar les había negado. Había dicho Santander en Europa y en Estados Unidos, que los colombianos querían demostrarle al mundo que se podían gobernar sin Bolívar, que el Libertador se había convertido en un obstáculo para la libertad y para la propia soberanía de Colombia. Lo dijo ante muchos filósofos y políticos, lo difundió por la prensa y lo voceó en parlamentos y ante los hombres que escribían las enciclopedias y los hechos de la historia reciente de la humanidad.
  6. Corría el año de 1833 y Santander se pavoneaba con su gobierno creyéndose un Augusto, un Pericles o un Sofocles. Entonces sucedió que un alcalde de la provincia de Cartagena, borracho y pendenciero, por puro arrebato de macho y "liberal", ofendió y arrestó al cónsul de Francia. Francia exigió reparos y Santander previendo un peligroso castigo de esas potencias a las que él toda la vida les temió tanto, intentó guarecerse bajo los ritos de su Constitución, leyéndoles a los emisarios extranjeros largos párrafos sobre la justicia y el derecho de los pueblos libres ¡Y ya Bolívar no estaba vivo para que a Colombia se le respetase! No estaba el hombre que él llamó el de "las malditas correrías"). Entonces, Santander esgrimió ante el jefe de los acorazados franceses que él sido declarado El Hombre de las Leyes, y que le agradecería a los soberbios y prepotentes franceses que debían aceptar sus reparos y explicaciones.
  7. Los franceses estaban seguros de que podían humillar como quisieran al susodicho presidente de la República, puesto que Bolívar ya no estaba en Colombia, ya no estaba vivo. Burdo y cursi, Santander, como todos los melodramáticos y débiles presidentes latinoamericanos del siglo XIX y lo que serían los del siglo XX y XXI, comenzó a temblar y a pedir que por favor entendieran. Francia echó a la mar algunas goletas de guerra, con la orden de ser severos frente al "miserable paisito de la Nueva Granada" que había vejado a uno de los suyos. Fue cuando "El Hombre de las Leyes", angustiado, sacó de su sombrero de mago, para dirigir el dialogo con los corsarios y asesinos franceses, al gran payaso y general José Hilario López (de los más ardorosos asesinos del Mariscal Sucre).
  8. Los navíos franceses los comandaba un tal contralmirante Mackau quien, como gran corsario al servicio de los colonialistas de su país, exigió sin andarse por las ramas las siguientes reparaciones:

A - Destitución del gobernador de Cartagena, bajo cuyo mando actuó groseramente el alcalde.

B -Castigo de los funcionarios subalternos, que no protegieron al diplomático francés debidamente.

C -Excusas al señor cónsul.

D -Pago de una indemnización de diez mil pesos, y reintegro de sus funciones bajo el saludo de la bandera francesa con veintiún cañonazos.

  1. El ridículo de José Hilario López, tratando de hacer maromas dilatorias, se presentó a bordo de la nave del contralmirante corsario, con toda la parafernalia de sus edecanes, farfullando un francés grandilocuente, ininteligible y torpe. El pirata Mackau, escueto y soberbio, le salió al encuentro acompañado del señor cónsul, el que había sido "maltratado". Aceptando todo lo que dispusiesen los colonizadores franceses, López bajó a tierra y accedió a que se izase la bandera francesa en tierra colombiana. López, muy humillado, escuchó la salva de los veintiún cañonazos, cada una de las cuales horadaba la sublime majestad del ínclito presidente de Colombia que seguramente la estaba escuchando en su interior en su residencia de Hato Grande. Aquellos extranjeros, literalmente se cagaban en la patria del señor Santander como luego lo harían los norteamericanos. Los navíos y su contralmirante regresaron a Europa con todos los reparos exigidos, siempre sintiendo que Bolívar estaba muerto.
  2. Poco después este incidente, se presentó otro similar con Inglaterra. En esta ocasión, Santander quiso realizar un ingente movimiento militar para tapar las vagabunderías de otro de sus funcionarios borrachos y sin control, esta vez en Panamá, pero salió igualmente trasquilado. Era que el viejo Bolívar, el de las "malditas correrías", no se encontraba para resolverles todas las canalladas que los imperios solían hacernos del modo más impune y descarado.
  3. Estos dos inmensos dislates ponían a las claras que Santander, con el sacro manto de la legalidad quería envolver a todo el mundo, incluso a las mayores y más degeneradas potencias de Europa, y con los mismos trucos y argucias con los que había intentado traicionar a Bolívar. Pero aquellos países, de los cuales míster Santander había copiado leyes y pensamientos, todas sus pavosas y burdas estrategias, no aceptaban sus cómicas poses y ante el grupo de los "liberales" que vivían suspirando porque los gobernara un "Paine" tan maravilloso como Sandemonio, recibió entonces de aquellos sus ídolos, una soberana patada por el trasero.
  4. De allí en adelante la Nueva Granada entró en relajamiento general. Uno de los genios mayores del santanderismo, don Florentino González, ante el caso horrible de la desintegración de su país suplicaba a Estados Unidos que de una buena vez se anexase a su tierra. El otro genial santanderista don Francisco Soto rogaba a Estados Unidos porque se apoderase de Panamá e hiciese a su gusto un canal interoceánico.
  5. Y ya, para principios del siglo XX sumergida Colombia en una cruenta guerra civil, dejó de existir el Estado y para 1920, Estados Unidos con sus compañías, la tomó bajo sus leyes sin agregarla como Puerto Rico en un estado más, sino como una inmensa cochinera sin reparo ni orden alguno.
  6. Ahora, ahí está, esa inmensa productora de mercenarios, de coca, de masacres, de falsos positivos, de maldición toda para América Latina, tal cual como en realidad don Francisco de Paula Santander la deseaba desde el momento mismo en que el 25 de septiembre de 1928, atentó contra Bolívar. Ni más ni menos.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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