Alegato contra la vacunación

En primer lugar, dejando a un lado la cirugía, a la que recurro sólo in extremis, ante el trance de la vacunación masiva a la que está sometida o semi sometida el mundo, alego urbi et orbe en uso de mi libertad cívica, sanitaria y personal que soy contrario a la medicina convencional; una medicina basada casi exclusivamente en la administración de fármacos en la mayoría de los casos dirigidos a corregir las disfunciones orgánicas consecuencia de una alimentación habitual insuficiente o desequilibrada respecto a los nutrientes y oligoelementos ordinariamente ingeridos, y en la administración de vacunas; fármacos, por otra parte, de los que salvo únicamente los corticoides y excepcionalmente los antibióticos. La mayoría de los restantes no pueden ser si no placebos.

En segundo lugar, es de dominio público entre las personas de edad que una vacuna no se improvisa en cuestión de meses. La ciencia médica fiable no funciona así. Y si se afirma la fiabilidad de una vacuna concreta en prevención de una enfermedad concreta causada por un virus concreto es, bien porque se habría experimentado mucho antes no sólo en cobayas sino también en humanos, hecho que se descarta por sí solo, bien porque quienes han lanzado las vacunas manipularon antes el virus en cuestión e incluso lo liberaron de un laboratorio con fines inconfesables y distópicos.

En tercer lugar, en el supuesto de que un repentino sentimiento de deber hacia el rebaño social en materia de salud me aconsejase someterme a la inoculación de antígenos de composición desconocida,

1- la trayectoria seguida por el avatar de un virus al parecer muy contagioso pero que no deja de ser otra variante más de la gripe común,

2- la vacilante decisión en un principio de declarar la pandemia por un organismo difuso como la OMS, virtual o efectivamente en manos privadas que es tanto como decir los Laboratorios mundiales.

3- el confinamiento durante meses que sometió al encierro permanente a la población y a una atmósfera viciada, en lugar de promocionar los poderes públicos una alimentación equilibrada y rica en vitaminas, y una oxigenación potente preservadora del contagio

4- la subestima de las consecuencias de medidas radicales preventivas del contagio.

5- la asimetría manifiesta entre la obsesión por el cumplimiento tajante de las medidas, en contraste con la concentración masiva de humanos en transportes públicos, trenes y aviones que hace imposible por el contrario la filosofía de la prevención en los mismos términos.

6- los efectos adversos, tanto los publicados como los no publicados localmente, habidos en todas partes, consistentes en fallecimientos más o menos repentinos, trombosis y otras complicaciones en la salud integral tras la vacunación.

7- las continuas rectificaciones acerca de la eficacia de las distintas vacunas que compiten en el mercado de la Salud, rectificaciones que ahondan más y más la desconfianza inicial hacia la vacunación en general.

8- la asombrosa y deleznable tesis divulgada entre la población, de que el beneficio de todos está por encima del riesgo particular; siendo así, además, que el tanto por ciento medido en riesgo ha de afectar precisamente a la población más vulnerable, es decir la población anciana, a su vez la más proclive al contagio por sus disminuidas condiciones inmunológicas a causa de la edad.

Por último,

9- la opinión, diagnosis y dictámenes de numerosos científicos de distintos países, que no forman parte de los equipos de "expertos" de todos los gobiernos, en cuanto a su interpretación del hecho en sí de la llamada pandemia y de la campaña mundial de vacunación de todo el mundo que se oponen o contradicen prácticamente la tesis oficial, las medidas político-sanitarias y, sin especificar, sospechan de todo el proceso de principio a fin,

Por todo lo expuesto en el presente alegato, declaro, en mi nombre y a buen seguro en el nombre de millones de personas de este país y de todo el mundo, que no deseo, no deseamos someternos al proceso de vacunación masiva que se han propuesto los gobiernos de las naciones, con toda probabilidad en complicidad con la OMS, con los Laboratorios que dominan el mercado farmacéutico y con personajes en la sombra que, según las últimas noticias impiden que revistas científicas muy acreditadas, como Lancet, publiquen libremente todo lo que no se avenga a la posición, tesis y relato oficiales de la gobernación mundial.



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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