Jeanine Añez o “yo tengo una bolita que me sube y me baja”

Celia Cruz hizo famosa una canción, no sé si llamarla guaracha u otra cosa, pues de eso no sé nada, habría que preguntarle a Lyl Rodríguez, cuya letra, bastante larga por cierto dice, entre tantas cosas:

Yo tengo una bolita que me sube y me baja

¡Ay! Que me sube y me baja

Yo tengo una bolita que me sube y me baja

¡Ay! Que me sube y me baja

Esa bolita, por lo que uno sabe, por haber vivido tantas experiencias, como por ejemplo saberse expiado, vigilado por alguna circunstancia y en consecuencia sentirse bajo peligro, sube y baja desde los testículos, en el caso de los hombres, hasta la garganta. En veces, se le siente en la órbita de los ojos y hasta en la nariz.

Es ese el momento en el que uno aprende aquello de, "no debes saber más de lo debido ni interesarte en saber lo que no te atañe en menesteres de la política clandestina". Porque en esas circunstancias, lo que más preocupa, no es siquiera que a uno le detengan, pues eso "no es mal de morirse", sino primero, el dolor físico que le causen y la angustia del pensar hasta dónde podré soportar y lo que es peor, ¿tendré el aguante necesario ante la tortura y no vender a mi gente? ¿esos compañeros que trabajan y se arriesgan por uno, por lo que creemos una causa justa y noble?".

¿Qué dolor puede ser más hondo, intenso que el sentirse rechazado, repudiado por los compañeros de lucha, de una justa, honrosa y hasta milagrosa como la que se cree?

En la moral de los viejos militantes clandestinos no cabía perdonar a los "soplones", pese estos incurriesen en aquello a fuerza de tortura. Quien se doblegase, era repudiado y tildado de traidor e inmoral. Por eso, era frecuente que, quien en aquella debilidad incurriese, optase por pasarse al enemigo, donde al poco tiempo, olvidado aquello, se le tendría como de los dignos de respeto y solidaridad, sobre todo sabiendo que quienes eran fueron sus amigos y compañeros de lucha, le rechazaban y odiaban más que a quienes siempre les estuvieron persiguiendo.

Por eso, al militante clandestino, bastaba que, en algún sitio, alguien extraño le mirase más de dos veces fijamente y hasta con disimulo, la vaina era igual o quizás esta segunda forma era peor, para que la "bolita", a uno le bajase y le subiese. E iba ella, unas veces rodando, pegada de las paredes del estómago, el esófago hasta llegar a la garganta y allí, como si se fragmentase, se irradiaba a los ojos y luego bajaba por la nariz.

Y uno pensaba quedamente:

"Yo tengo una bolita que me sube y me baja"

Y a la letra de la canción que cantaba Celia, saliendo como alma que se lleva el diablo, uno le agregaba, "Mejor me voy de esta vaina ya."

Cuando se es joven, generalmente, uno no sabe qué es eso de hipertensión, con lo que no quiero decir que, por tener poca edad, no se sea hipertenso, sino que no lo sabe y si se lo dicen, porque de alguna manera alguien lo percibió, uno no le para y si anda metido en esas vainas, por el susto que genera cualquier incidente, noticia, la tensión sube, atribuye todo al susto. El sofocón en la cara, los sonidos de los oídos y el aturdimiento de la cabeza, no es la tensión sino el susto. Cuando este se vaya, todo volverá a su nivel y el estado de ánimo será recuperado. ¿El medicamento? No es cosa de tomar Losartán potásico, ni nada de esa vaina, sino coger su "cachachá" e irse lejos, muy lejos de donde ahora estamos, para quitarnos a ese tipo que nos vigila de encima.

"Yo tengo una bolita que me sube y me baja". Cuando me ponga lejos, me asegure que despisté al individuo, que ya no anda cerca y, sobre todo, tres o cuatro días después, no vuelvo a verle, la bolita me baja.

Digo todo esto por la señora Jeanine Añez, una joven a quien su hija exhibe como una vieja y como tal digna de piedad, por sus 53 años, quien en estos momentos, allá en Bolivia, en una celda y cárcel, seguro que no, bajo las condiciones que Gómez, Pérez Jiménez, Raúl Leoni y ella misma, solían alojar a sus enemigos, siente:

"una bolita que me sube y me baja".

Pero esto no es nuevo ni cosa para llamar la atención. La señora Añez, en eso de subir y de manera drástica, como a esos hipertensos que estando en un momento dado tranquilo, con la tensión en 13 ó 14, bajo control, de repente por algún sofoco, como que alguien pasó y se lo quedó mirando como diciéndose para sus adentros, a "este carajo como si le conozco", de repente siente dolor de cabeza, ruidos en los oídos y la cabeza como si le fuese a reventar, porque los valores le llegaron a 24 la de arriba y 16 la de abajo .

No hace mucho. Apenas un año y un poco más, nadie le había oído nombrar. A cualquiera, por muy bien informado, hasta en Bolivia mismo que le hubiesen preguntado por ella, ¿quién es la señora Jeanine Añez?, después de pensar largamente, poniéndose el dedo índice pegado a la sien, terminaría diciendo, "yo como que la conozco, pero en verdad, no me acuerdo". Y de ese estado de anonimato, como tener la tensión entre 12 y 13, la de arriba y la de abajo en 7, de repente, todos esos valores le subieron hasta casi provocarle un daño irreparable.

Cuando Evo ganó las elecciones, le reeligieron, en buena ley, con el apoyo y promoción de Luis Almagro y la OEA, bajo el patrocinio de Trump y Pompeo, le dieron un golpe de Estado; y de inmediato se pusieron a buscar, dentro de la formalidad, lo constitucional, para que aquello no se pareciese a un golpe, quien sustituyese al presidente derrocado y detenido. De acuerdo a legalidad, habiendo en Bolivia dos Cámaras, "justificada", hasta en la ilegalidad misma, la violencia, la destitución del presidente, el sustituto estaba en el orden de quienes presiden aquellas dos. La señora Añez, si mal no recuerdo, que creo no recordar mal, era la vicepresidenta de la segunda cámara; es decir, en orden de prelación, era la quinta en el orden al bate.

Pero dio un salto, del 5to. puesto de partida, al primero. Como quien le sube la tensión de 12 a 24. Desde el presidente, los dos vicepresidentes de la primera cámara y el presidente de la segunda, por no prestarse para aquel atropello y algún otro que de hecho ignoraron por inconveniente ni apropiado a los planes, llegaron a la señora Añez, quien ni corta ni perezosa, como Celia Cruz, entonces toda entusiasmada y alegre, por aquel "hecho sobrevenido" que la llevó de un salto descomunal al Palacio Quemado, canto:

"Yo tengo una bolita que me sube y me baja".

Y hubo muertos en Bolivia, en las calles de la Paz, Sucre, Santa Cruz y en los pueblos todos donde se manifestó contra el golpe y la usurpación "legalizada" con la anuencia de la señora Añez. Al pueblo todo le subió la tensión y este, por la calentera", nada del contento que ponía Celia Cruz al cantar, exclamó en las calles, en los campos, con rabia:

"tengo una bolita que me sube y me baja".

Y se desató la persecución, el exilio obligado, las detenciones, atropellos, torturas y hubo a quienes les quemaron sus casas como a la hermana de Evo y le subió la tensión a mucha gente ante todo aquello.

Ahora, en la cárcel, seguro en la comodidad que se le garantiza en regímenes como el de ahora en Bolivia, sin tortura, a la señora Añez se le disparó la tensión, lo que nunca le sucedió en el sofoco que significa presidir un gobierno como el suyo, donde a nadie se le respetó sus derechos y todo el mundo que le adversase, en plena calle, no cantaba, sino exclamaba como en lamento y terror:

"Tengo una bolita que me sube y me baja"



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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