Crónicas catalanas14J: Fútbol, turismo y coches: la "nueva normalidad"

Ai algo parece que genera consenso en toda Europa y en el interior del estado español, más allá de diferencias y de la represión nacional contra Catalunya, es el interés de todos los gobiernos por pasar cuanto antes a lo que se está denominando como "nueva normalidad". Los gobiernos neoliberales se ponen de acuerdo. Torra y la Generalitat catalana también. Empiezan los partidos de Liga en cada país (de momento sin espectadores); se empiezan a abrir fronteras para que puedan desplazarse los turistas; y se da un apoyo económico generoso a la industria de la automoción para que pueda remontar la venta de coches, sobre todo eléctricos pero, según El País, también de combustibles fósiles.

Uno de los aspectos centrales que hace funcionar el sistema capitalista es la publicidad. La hay evidente y otra subliminal, que actúa sobre el cerebro humano tanto o más que la primera. Durante estas semanas las principales cadenas de televisión han ido generando una serie de "necesidades" que deberíamos darnos tiempo para reflexionar si son las prioritarias o hay otras que merecen más atención. ¿Qué es lo primero?

En Catalunya hace ya semanas que hay un debate sobre la reapertura de las escuelas en junio "para terminar el curso". En general, todos los sindicatos de enseñanza y también las principales asociaciones de padres y madres de Catalunya, se han posicionado en contra de tal reapertura por no darse las condiciones para hacerlo con garantía de no infectarse: falta de equipos, falta de espacios para ampliar la distancia social, falta de profesores para cubrir ratios de alumnos a la mitad, falta de formación… Y a esto se le añade la denuncia histórica de unos recortes económicos y de plantillas que no se han recuperado desde 2010.

Entre debate y debate en los medios de comunicación, ha ido saliendo cada vez más imágenes de playas y de gente bañándose. Y el mensaje: ya viene el verano, ¿cómo recuperaremos el turismo que ya no vino en las vacaciones de primavera o que venía a primeros de junio?

El fútbol irrumpió en las pantallas hace más de dos meses. En realidad, jamás abandonó su lugar de privilegio como deporte-espectáculo. Siempre, de una manera u otra, ha estado presente: en forma de polémica sobre cuándo se abrirían los campos, sobre si los jugadores millonarios rebajaban una parte del salario, sobre cuándo y quién empezaban los entrenos…Es fantástico ver cómo se pueden llenar minutos y minutos de tiempo hablando de un "deporte" que no existe más que en los proyectos y en un futuro, pero no en lo que todos los aficionados y aficionadas conocían y disfrutaban.

También empezó hace un mes aproximadamente la campaña por la venta de coches, en medio de un confinamiento que impedía aún desplazarse por todo el territorio. Todas las marcas exhibieron agresivos anuncios ofreciendo pagos a la mitad de cuota por uno o dos años, descuentos formidables en modelos y hasta un pago mensual de sólo 20 euros (Renault).

Pero si nos damos cuenta todo esto está relacionado con la creación de un clima colectivo en el que la "nueva normalidad" se va imponiendo como el curso inevitable para salir de la pandemia. Todo es lógico: los padres necesitan dejar a los niños en los colegios y jardines de infancia para poder ir a trabajar. Sobre todo, cuando los abuelos ya no pueden cuidarse de los nietos por ser personas de factores de riesgo. Las playas llenas y la preparación acelerada de espacios más amplios en restaurantes, son necesarias para que el turismo deje si no su 17% económico, al menos una parte. Y los coches han de venderse, como sea, como también están ayudando Francia y Alemania a su industria, pues en Catalunya supone el 7% del volumen de negocio y el 12% de sus exportaciones. En toda España el sector del automóvil representa la décima parte del producto interior bruto, da trabajo a 650.000 persones de manera directa y a unos 2 millones de manera indirecta.

Todo lógico, si es que se trata de volver a la "normalidad" que el virus interrumpió. Pero esa lógica es precisamente la que nos ha llevado hasta aquí. El tipo de economía que requiere un uso y abuso constante de energías fósiles; la movilidad incesante, con transporte de personas y mercancías de una punta al otro del globo; la educación de niños y jóvenes para reproducir el sistema y entrar en sus engranajes mientras sus progenitores no tienen tiempo ni para atenderlos, ni para conciliar su vida familiar con la laboral; el tipo de alimentación-basura cada vez más industrializada y envenenada; el tipo de ocio, de cultura y valores que nos enseñan los medios de comunicación; el control y uso de datos por redes sociales propiedad de multimillonarios sin escrúpulos; el racismo y odio colonialista que impregnan ciertos medios y jueces; el patriarcado que está en la médula de casi todas las instituciones e inunda la lógica de discriminación de la mitad de población…

Todo esto es lo que se pretende reconstruir con la "nueva normalidad". En todos los países. El sistema capitalista, empezando por los mayores monopolios y magnates, empuja a la vuelta al trabajo cuando aún sigue en auge la pandemia en todo el mundo y rebrota en países donde se relajó la cuarentena. Cuando no han llegado siquiera las ayudas prometidas a buena parte de la población. El parón al que nos ha obligado el virus nos ha de servir precisamente para repensarlo todo. ¿Cómo y por qué hemos llegado hasta aquí? ¿no hay que cambiar precisamente este sistema que empuja a la humanidad hacia un abismo? ¿no debemos tomar el covid19 como un aviso para no volver a lo mismo que nos ha llevado hasta aquí?

Si la humanidad quiere vivir, este sistema tiene que morir. Tenemos que dotarnos de otro sistema donde la salud sea pública y no un negocio; donde la educación incluya el respeto y conocimiento de la naturaleza; donde la riqueza personal tenga un límite; donde el derecho a la vida, a una existencia digna, sea universal para todas las personas, de la raza, cultura o religión que sean, desde que nacen hasta que mueren; donde la fraternidad republicana sea el tipo de relación social entre seres humanos y acabe las guerras, el neocolonialismo, las hambrunas y, al revés de lo que es hoy, se acoja a los refugiados por todos estos motivos o por la emergencia y desastres climáticos.

Todo eso pasa, inevitablemente, por una lucha sin cuartel por controlar y someter a los mueven los hilos detrás de las instituciones, electas o no. Son aquellos, como los banqueros y principales accionistas, que hicieron que la gran estafa de los bancos de 2008 la pagara el pueblo. Y que nos dejó una sanidad recortada, sin suficientes médicos ni enfermeras, sin investigación ante este tipo de pandemias, sin camas ni respiradores, ni mascarillas, sin industria ni farmacéutica pública para fabricar las soluciones. Ese 1% más rico es quien está detrás ahora de esa prisa por volver a la "nueva normalidad", porque lo primero que piensan es en sus negocios. Pues ahora que estamos en tiempos extraordinarios, tienen que pagar extraordinariamente.

Y no, no es la solución destinar millones para vender coches. La industria del automóvil tiene que desaparecer como tal. Pero no las personas que trabajan, ni todas sus instalaciones. No tiene sentido un tipo de vehículo personal (pues la mayoría lo usa así) para desplazarse. No tiene sentido el enorme gasto de energía, agua, contaminantes…para su construcción, más luego la contaminación que genera durante su vida útil y finalmente para su reciclaje. Sí puede ser un vehículo pensado más en plan familiar y ocasional. Y, en este caso, ¿hace falta que sea "de propiedad"? Podría ser sencillamente un servicio, un uso, una propiedad pública o público-privada. Esa es una propuesta que está haciendo ya CCOO y otros sindicatos pensando en Nissan. También la de convertir parte de su producción en baterías, no sólo para coche; para camión, patinete, bicicleta.

Nissan ha decidido el cierre de sus plantas, la mayoría de ellas en Catalunya. Pero una empresa pública, o público-privada podría convertir esa desgracia en un verdadero cambio e impulso hacia una salida positiva del covid19. ¿Acaso no puede nacionalizarse Nissan para atender a las 25 o 30 mil familias dando un nuevo enfoque a las personas e instalaciones de esa histórica Nissan Motor Ibérica? Los sindicatos deberían exigirlo de manera unida, al igual que los alcaldes y poblaciones afectadas. Aprovechar la movilización de sus trabajadores. Las instalaciones pueden modificarse y adaptarse a fabricar otros bienes de uso, como bicicletas, camionetas… o tranvías, paneles solares, respiradores… La adaptabilidad ha sido la gran riqueza del ser humano a lo largo de su historia. ¿Por qué una fábrica e industria como el automóvil no podría hacerlo? ¿Acaso no hay suficientes cabezas, experiencia, destreza, que puedan iniciar otro camino que no sea la vuelta a lo mismo, a la misma dependencia de las cúpulas empresariales situadas en otros países?



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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