El nuevo rostro del éxito

"Si los ávidos apetitos de los jefes del comercio de la guerra y de todos los vinculados a ellos, son más importantes que sentir y los intereses vitales de cientos de millones de seres en todo el mundo".

¿Señalan estos cambios el fin del capitalismo del desastre? Cuando se dieron cuenta de que no necesitaban construir un nuevo país a partir de cero, de que era más importante proporcionar trabajo al pueblo y compartir los millones de dólares reunidos para la reconstrucción para la industria, los dólares ya se había gastado.

Mientras tanto, en medio de la oleada de epifanías fue golpeado el pueblo con el peor atentado desde el estallido de la crisis. Algo inaudito en países como Venezuela, con el petróleo tan asequible, y una sentencia de pobreza perpetúa en un país donde el 70% de los ingresos del gobierno proceden del petróleo.

Resulta difícil exagerar lo escandaloso de este intento de apoderarse de los recursos. Los beneficios del petróleo de Venezuela suponen la única esperanza de financiar su propia reconstrucción cuando regrese algo parecido a la paz. Reclamar esa riqueza futura en un momento de desintegración nacional es capitalismo del desastre en su versión más vergonzosa.

El caos en Venezuela trajo otra consecuencia de la que se ha hablado poco: cuanto más tiempo transcurría, más se privatizaba la presencia extranjera hasta el punto de llegar a crear un nuevo paradigma de guerra economía y de respuesta a las catástrofes humanas.

Los desastres eran períodos de nivelación social, momentos poco frecuentes en que las atomizadas comunidades dejaban las divisiones a un lado e iban juntas. Cada vez más, sin embargo, los desastres son su opuesto: se abren puertas a un futuro cruel sin piedad en que el dinero y la raza compran la supervivencia.

Al principio pensábamos que las zonas de seguridad eran un fenómeno único en la guerra de Siria. Ahora, después de pasar años en otras áreas de desastre, nos damos cuenta de que las zonas de seguridad surgen en cualquier lugar en el que complejo del capitalismo del desastre aparece con las mismas duras particiones entre los incluidos y los excluidos, los protegidos y los condenados.

En otras palabras, un mundo de zonas residenciales de seguridad. En lo que respecta a aquellos que estén fuera del perímetro de seguridad, "se las tendrán que ver con los restos del sistema nacional. Gravitarán en torno a las ciudades donde estarán sujetos a la ubicua vigilancia y a los marginales o inexistentes servicios. Para los pobres, no habrá otro refugio.

Aunque el complejo del capitalismo del desastre no conspire deliberadamente para crear cataclismos de los cuales luego se alimenta, hay muchas pruebas de que el pueblo trabajan muy duro de hacho para asegurarse de que las actuales tendencias desastrosas no van cambiar.

"Esta es la razón por la que consideramos que "la pelota no se encuentra en la mitad del campo de los venezolanos", como afirman los heraldos de palabra fácil de la Casa Blanca, sino en la mitad norteamericana; despreciarlo y ponerlo en otro plano, son bastante característicos".

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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