La barbarie del capitalismo: la muerte de la Amazonía

El Amazonas es el bosque tropical más grande del planeta, tiene un papel trascendental en la regulación de la temperatura de éste y su humedad. Es un gran emporio que acoge una variedad de seres vivos sobre la tierra y los patrones naturales que la conforman, aloja el 20% de las especies vegetales del mundo, como resultado de miles de millones de años de evolución según procesos naturales y también de la influencia creciente de las actividades del ser humano. Este regalo de la pacha mamma libera oxígeno y almacena dióxido de carbono; es decir, un gas que atrapa el calor, es una de las principales causas del calentamiento global. Se estimaba que el Amazonas tenía aproximadamente la mitad del tamaño de Estados Unidos. Es muy difícil que en esta zona ocurran incendios de forma natural, sucede en su mayoría por la mano del hombre. En este sentido, desde enero de 2019 han ocurrido más de 74.000 incendios forestales, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales en Brasil equivalente a un aumento de 83% con respecto al año pasado. En este mes de agosto se ha producido la peor catástrofe ambiental contra la Amazonía, se ha consumido en llamas mucho más rápido que en los últimos seis años, iniciándose este incendio en Brasil y extendiéndose hacia Bolivia, Perú y Uruguay. Decía Chávez en la XV Conferencia Internacional de la ONU (año 2009), sobre el cambio climático, en la ciudad de Copenhague (Dinamarca), la tala indiscriminada y la falta de consciencia del ser humano sobre la conservación no del medio ambiente, sino de todo el planeta, hacen mella en la pachamama. Decía el comandante "no cambiemos el clima, cambiemos el sistema, y cambiaremos el planeta. Los gobernantes, los dueños de empresas, están destruyendo al planeta y no podremos reducir el consumo material a nivel global si no hacemos que los poderosos bajen varios escalones".

No se imaginaría el comandante bolivariano que un presidente de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro, prometiera destrozar la reserva indígena de Raposa Serra do Sol para dárselo a los terratenientes, porque la Amazonía es una fuente de acumulación de riqueza para las grandes compañías capitalistas que ocupan ésta como fuente de insumos. Jair Bolsonaro y Donald Trump han cometido en este siglo la peor barbarie del capitalismo: la muerte de la Amazonía. Según expertos, su recuperación puede demorar unos 300 años, pasarán muchas generaciones después de la nuestra en ver el "milagro" que el sistema aniquiló. Empresas transnacionales como Cargill, ligadas al imperialismo, están devorando la Amazonía para plantar soya, junto a Archer Daniels Midland (AMD) y Bunge controlan el 60% de este rubro. A esto se suma, más de 800 concesiones mineras que se otorgaron en áreas protegidas y 6.800 solicitudes por aprobar. Además, existen concesiones mineras y contratos para la extracción de petróleo y gas; entre otras tantas industrias que amenazan la armonía de la Amazonía, el flujo natural de los ríos, el equilibrio de la flora y la fauna, el hábitat de nuestros hermanos originarios, los servicios básicos para las comunidades indígenas y la energía natural de la selva que permite la conexión con la vida de todo el planeta. La destrucción de este emporio natural tiene que ver también con marcas capitalistas reconocidas que utilizan sus productos como consecuencia de esta barbarie: Adidas, BMW, Ford, Honda, Nike, Toyota, Kraft, Tesco, entre otras empresas que merecen el repudio mundial por ser fuente de consumo para el planeta con la mirada complaciente de sus gobernantes y del imperio, en detrimento de la humanidad. Su ignorancia hace pensar que el daño ambiental solo va a afectar a la lumpe, a los marginados, a los pueblos indígenas, a los pobres de la Amazonía. Aun protegiéndose en una bola de cristal, los efectos serán irreversibles para toda la humanidad, no hay ni habrá nadie que pueda escapar de este genocidio. Lo que nos queda es volver con nuestros hermanos indígenas, con los protectores ambientales, con todo ser humano que sienta el deber de proteger la Amazonía. Al mismo tiempo exigir la destitución del repudiable de Bolsonaro como presidente de Brasil por entregar la Amazonía al imperio, instar a su inmediata detención y juzgarlo por este crimen de lesa humanidad y contra el medio ambiente.

Recordando aquel pasaje de la historia cuando Jesús de Nazareth iba a ser crucificado, le seguía una multitud del pueblo, mujeres que se lamentaban por su padecimiento. Jesús les dijo "no lloreís por mí, llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos, porque llegarán días en que se dirá: dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron. Se pondrán a decir a los montes, caed sobre nosotros; a las colinas, cubridnos, porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará? Dos mil años después aquellas palabras de Jesús se materializan. Hoy lloramos por la Madre Tierra, por los árboles que murieron porque ya no darán frutos, por esa aniquilación contra nuestros animales, por la monita que no pudo salvar a su bebé de esta depredación; al mismo tiempo por esta generación que morirá por falta de oxígeno, por la generación que viene que sufrirá las consecuencias de esta barbarie sin ser culpables, pero que tendrán que ayudar a salvar el planeta si sobreviven. Jesús como gran Maestro fue un gran visionario que nos alertó de los daños que el sistema nos impondría: si con el leño verde, con el pulmón verde más grande del planeta hicieron esto; entonces, ahora, ya seco, muerto, árido ¿qué más harán estos asesinos? ¿Van a exterminar toda la raza humana para ellos crear especies de laboratorio para controlar el mundo? ¿Nos matarán con sus alimentos procesados, transgénicos, para que sus empresas sobrevivan a costa de una masacre? ¿Venderán sus marcas Adidas, Nike, a una generación zombi, o con un chip para controlarnos? El Hercolubus o planeta rojo, que amenaza con aproximarse a la tierra, aceleraría su llegada por la barbarie cometida contra la Amazonía, su gran poder gravitatorio provocaría en nuestro planeta movimientos sísmicos, erupciones volcánicas, maremotos, que afectarían más al planeta, gracias a bárbaros como Bolsonaro, Donald Trump, a terratenientes y empresarios capitalistas, que creyeron que un mundo mejor sería posible con un sistema depredador. Me disculpan los cristianos si creen que esto es un "castigo de su Dios", o si piensan que esto es cosa de religión. Si los pueblos del mundo conscientes hoy de esta terrible realidad no protestamos, no nos unimos para derrotar el poder económico que yace en manos de unos mercenarios enemigos de la humanidad y de la naturaleza, no solo no estaríamos llorando por nosotros y nuestros hijos, sino que estaríamos dominados otra vez, por muchos siglos, como nos dominó el imperio español. Nuestra especie está en peligro de extinción, es fundamental avanzar en esta lucha para terminar con toda forma de explotación y opresión. Si el capitalismo se resiste, estamos obligados a dar la batalla y abrir los caminos de la salvación de nuestra especie, con las banderas de la igualdad, la justicia, del humanismo y del amor.

Fecha: 25/08/2019

 



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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración Articulista

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