Almagro preocupado porque Rusia no rompa el equilibrio se echó un espelongón

¡Me gustan las palabras que no aparecen en el diccionario! Este verbo, "espelongarse", no aparece y me encanta pues es el apropiado para tratar el tema sobre Almagro. Que mejor manera de hacerlo usando una palabra de las nuestras, como una prueba que existimos de manera independiente, que somos nosotros. Cosa por cierto que para Almagro no tiene importancia alguna pues no significa nada en su entender.

La lucha por la "descolonización" está inserta en el mismo punto, punta o hasta alcayata, donde lo está la misma contra el imperialismo. Por eso la tarea es la misma; encontrarnos a nosotros mismos supone luchar contra el imperialismo por la sujeción que ese modo de relacionarse supone para los más débiles, como también deslastrarnos en la medida de lo posible del viejo y pesado saldo dejado por la cultura colonial.

Por lo mismo me gusta espelongarse. Pues es un verbo inventado por nuestra cultura, una de esas muestras de querer ser uno mismo y entonces es como un grito, aunque sea discreto de independencia.

-"Cuando ya bajaba de aquella mata, estando guindado a una de sus ramas, me espelongué y vine contra el suelo."

Así hablaban los muchachos de mi tiempo, allá en las riberas del río Manzanares o a la orilla de la playa de Castillito. Espelongarse entonces es caerse pero sobre todo desde lo alto.

Y eso, un espelongón fue lo que sufrió Almagro, cuando el Frente Amplio uruguayo, por decisión unánime de sus filas, optó por expulsarle.

"Según un informe del TCP (Tribunal de Conducta Política) del Frente Amplio, Almagro incurrió "en la violación más grave de los principios que caben imaginar" al haber dicho, en una visita en la frontera entre Venezuela y Colombia, que no se debe "descartar ninguna opción" en cuanto a la "intervención militar para derrocar al régimen de Nicolás Maduro."*

Almagro, según sus ex compañeros, porque a partir de esa decisión ya no es militante del Frente Amplio, "incurrió en la violación más grave de los principios". No hace falta hacer otra calificación sobre el personaje quien hasta ahora ocupa el cargo de Secretario General de la OEA y pretende seguir siéndolo.

Y eso es un espelongón, no es una caída común y corriente, esa de cuando un se cae o resbala por culpa de una concha de cambur o un poco de agua regada en el piso. No. Es una caída desde arriba, de lo alto, de esas que producen efectos graves y hasta demasiado dolorosos. Tanto como casi para que le llamen traidor, pues violó "gravemente los principios" más allá de lo que "cabe imaginar".

Almagro es de esa misma derecha, pero no de aquella tradicional, casi casta, egoísta, que privilegiaba sus intereses materiales por encima de otros valores y donde la acumulación y hasta la ganancia excesiva que pasa por la explotación al máximo eran sus banderas. Pero en ella usted podía encontrar algo del orgullo nacional o regional que se sobreponía ante lo que le era extraño. No. Almagro es de la de ahora, la de estos tiempos, envuelta en los valores y principios de los poderosos de más allá; de esa que perdió hasta la virginidad y todo orgullo y se arrodilla desvergonzadamente ante quienes por medio de los más novedosos procedimientos nos invaden, les seducen y someten. Es de esos que es capaz de ofrecer sus hijas al todopoderoso como muestra de su sometimiento y "lealtad" a cambio de unas migajas.

Almagro es de esos que se inventaron que en nuestro espacio existe un "equilibrio" que pasa por admitir que en él no tiene cabida, sin importar las intenciones, nadie de más allá que no sea EEUU. Si alguno de nuestros países, es el caso venezolano, por razones de su soberanía y conveniencia opta por establecer relaciones y buscar acuerdos pertinentes en los distintos campos con naciones fuera de nuestra área, estaría rompiendo lo que ellos llaman el "equilibrio". Y esa pretendida ruptura es como un grave pecado y hasta delito que autorizaría a EEUU a aplicarnos drásticas medidas como la invasión militar o promover un golpe de Estado. No importa, porque eso no es la esencia, haya dictadura o democracia, representatividad o protagonismo popular. Es decir, esa derecha de la cual forman parte Almagro y unos cuantos sigüíes – palabra esta que tampoco aparece en el diccionario - revive aquello del "patio trasero". Es una aceptación que somos colonias norteamericanas. Y por serlo, nos está impedido invitar a nuestra casa a quien creamos necesario y merecedor de ello.

Según ese criterio, que no es creación de Almagro y otros tantos como él, dignos del calificativo que le fue dado por el Frente Amplio al actual secretario general de la OEA, estamos obligados a negociar sólo con EEUU y siendo así, pues también a aceptar las condiciones que sus empresarios e inversionistas impongan. Pues al no haber otra opción no nos queda si lo que ellos digan. ¡Tómalo o déjalo! Eso justamente es lo que plantean y ofrecen Almagro y todos esos que eufemísticamente hablan de "ruptura del equilibrio", como dando a entender subrepticia y hasta tramposamente que no hacerlo es como una declaración de guerra o un salirse de unas normas que ellos inventaron.

En programas de televisión producidos en EEUU hemos escuchado a gente pronunciando esos discursos que inmediatamente encuentran quienes aquí repliquen, como quienes tienen la verdad en la mano y toda la sabiduría del universo, cuando sólo dicen cosas viejas y sin fundamento alguno y menos dignidad; sobre todo si quienes así hablan son de las nacidos entre nosotros, sólo que en ellos el pesado fardo de la colonización bajo el cual siempre se habían cubierto se reforzó, como quien pone una nueva capa por arriba, con el del imperialismo, toda su cultura y formas para facturar los negocios, donde la dignidad y el respeto se pierden y cuando mucho cambian por unos mendrugos.

Eso que un avión ruso nos visite, al margen de las intenciones que se pudieran alegar, verdaderas o inventadas, porque no hay nadie más inclinado a suponer mala fe en los demás que quienes siempre con ella proceden, es un acto destinado a "romper el equilibrio" y es dar por verdad que entre nosotros, en esta parte del mundo, existe un equilibrio que como tal está sujeto a que nos reconozcamos como colonias de EEUU y por ello sin competencia para establecer relaciones de ningún tipo con países fuera del área. Como también, que en una tradicional zona de paz como la nuestra, admitamos que EEUU monte sus bases militares para "imponernos su equilibrio". El equilibrio" es un supuesto, es una realidad y existe en la medida que cada quien respeta a los demás y no es de su incumbencia "quien venga a cenar esta noche" con uno. Cuando ese equilibrio se pierde uno se espelonga como le aconteció a Luis Almagro.

* https://www.aporrea.org/internacionales/n335771.html

 

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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