La Tecla Fértil

Bolsonaro, el giro que la derecha necesitaba para opacar trayectoria del grupo Podemos

La derecha internacional regresa al pasado y coloca a sus líderes en el tiempo y en su sitio. La idea central es arrinconar a José Luis Rodríguez Zapatero, quien en su interés de captar algunas pesetas y dólares se ha dedicado a crear movimientos de cierta insurgencia en Centro y Latinoamérica, como en algunas islas del Caribe. De allí que ahora, todos apuestan a José María Aznar, líder del Partido Popular, (PP), resurgiendo políticamente con una agenda política propia y nada envidiable por su documentación y estrategias a seguir. Ahora, el PSOE, debe hacer un nuevo fichaje y hacer recomendaciones a Pablo Iglesias por los errores cometidos en Sudamérica y, de esta manera, sobresalen nuevas burbujas que pueden estallar y gotear a todos por la incongruencia y nuevo estilo de mandar, al dejar a empíricos la dirección de los partidos políticos que le apoyan.

Ya no habrá milagros económicos, las ofensas a Donal Trump llegaron a su punto culminante y, Vladimir Putin rediseña su panorama para Occidente para no cometer ningún error. Lo demás lo hará el remarcaje de España, como tierra de reyes para respetar al Rey y la Monarquía.

La derecha se ha desacomplejado precisamente de ser de derechas. En la época en que Aznar se hizo con el partido su obsesión fue el viaje al centro al tiempo que aglutinaba a toda la derecha, pero el discurso oficial era el centro. Fue así hasta su primera legislatura. Ahora Casado ha protagonizado un giro a la derecha del PP que rescata a Aznar y exhibe con naturalidad su real posición ideológica, estimulado seguramente por la presencia de Ciudadanos con el que compite por el mismo espacio sociológico. Por eso tanto Casado como Albert Rivera han sido respetuosos con los simpatizantes de Vox porque pueden ser suyos, a fin de cuentas.

Los Boys Scouts de Venezuela fracasaron, como lo hicieron en Brasil y Nicaragua, un mal paso para los asesores del presidente, Nicolás Maduro Moros.

La política cambia de manera acelerada. Nadie pensó a principios de 2018 que esto iba a pasar: triunfo de una moción de censura inesperada y viraje del PP con defenestración de Rajoy y la exvicepresidenta. Rajoy, guarda silencio, entrego los archivos y se fue a sus esencias originales y Casado, vuelve a retomar el camino y, los resultados ya están a la vista. De la noche a la mañana, en el campo político puede suceder de todo. Nadie se perderá del camino de nuevo.

Es preocupante, el avance de la extrema derecha por toda Europa, incluida España -donde el despertar de esta corriente ha sido más tardío que en otros países, pero está llegando-, es un caldo de cultivo que empieza a dejarse sentir en muchas comunidades. El que muchas de estas opciones, hayan alcanzado el poder en países del entorno, con su discurso xenófobo y racista, empieza a dar alas a los ciudadanos que comulgan con estas ideas y así nos encontramos con capítulos como el sucedido esta semana en un avión de Ryanair que hacia la ruta entre Barcelona y Londres y en el que un pasajero insultó y humilló a otra pasajera por el hecho de ser negra.

Pero, la izquierda, también ha despreciado a muchos de sus dirigentes y los tiene pasando hambre y sin empleo fijo, es un puje de lado y lado.

No es la primera vez que se dan situaciones de este tipo, sobre todo en el mundo del deporte, en el que son habituales los comentarios racistas. La hemeroteca está llena de ejemplos. Pero ahora es distinto. Hace unos meses fue en un vuelo entre Tenerife Norte y La Palma donde un pasajero insultó con un desprecio absoluto a una azafata por el hecho de ser negra.

Los partidos de extrema derecha empezaron a resurgir hace unos años en un contexto de la grave crisis económica que dejó a muchas personas sin hogar, sin trabajo, sin ilusión, sin futuro... La izquierda no los atendió. Ellos se convirtieron en los salvadores con recetas con un denominador común: parar la inmigración. Los inmigrantes son el enemigo, el que viene a quitarnos el trabajo, al que mantenemos con nuestros impuestos por los subsidios, los que roban, matan y violan. Y el mensaje del miedo y el odio está calando. Austria, Italia, Suiza, el brexit en el Reino Unido, incluso Alemania que, durante años parecía blindada por su pasado nazi y su esfuerzo por superarlo, tiene un partido de extrema derecha que empieza a crecer... y si miramos al otro lado del Atlántico, la cosa está igual o peor. La primera potencia mundial está gobernada por un hombre -Donald Trump- que levanta muros contra la inmigración y se prodiga con insultos racistas sin ningún problema. Está por encima de todo.

Es preocupante lo que está pasando y también la falta de acción política y social contra esto. El pasajero del avión, por ejemplo, no fue sancionado ni mucho menos. Se salió con la suya y dejó destrozada a una persona cuyo único error fue coincidir con un desaprensivo.

El triunfo del derechista Jair Bolsonaro, lo dice todo, es el nuevo presidente de Brasil, según ha declarado el Tribunal Supremo Electoral. Sin duda, Bolsonaro se ha alzado con la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil.

Bolsonaro (Campinas, Estado de Sao Paulo, 1955) lideraba todas las encuestas de intención de voto de cara a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, haciendo gala de un discurso totalmente alejado de lo políticamente correcto. La campaña del candidato ultraderechista, defensor de la familia tradicional, y tildado de machista, racista, militarista y homófobo por sus detractores, tuvo un antes y un después el pasado 6 de septiembre, cuando un perturbado mental de 40 años le apuñaló en el abdomen con un cuchillo de cocina. Fue entonces cuando su figura traspasó las fronteras brasileñas y su fotografía apareció en los medios de todo el mundo. ¿Quién era ese polémico político que había sido apuñalado mientras hacía campaña y que los analistas brasileños comparaban con Donald Trump? Bolsonaro parece haberse granjeado las simpatías de los brasileños decepcionados con la política tradicional, la corrupción, los problemas económicos y la violencia, que dejó en 2017 al menos 63.880 homicidios, batiendo el anterior récord por tercer año consecutivo. Aglutina, especialmente a quienes repudian al Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, que gobernó el país entre 2003 y 2016. Y llevo al fracaso las expectativas progresistas de América Latina, al encontrarse ligado con Odebrecht una constructora muy poderosa de Brasil.

Es que las estrategias últimas, tomadas por el Grupo Podemos- España contra la figura del Rey, la institución monárquica y lo que representa, los ha llevado a un fracaso rotundo y, al ligarse a Zapatero, aún más.

Es ya evidente que asistimos a una campaña por parte de determinados grupos políticos contra la figura del Rey, la institución monárquica y lo que representa. Los partidos independentistas, Podemos y los comunistas han tomado a la Corona como el principal objetivo de su estrategia. Las mociones de reprobación en el Parlamento de Cataluña y en el Ayuntamiento de Barcelona, sostenidas por estas siglas, tendrán su continuidad en otras similares en los más de mil ayuntamientos en los que los comunistas de Alberto Garzón tienen representación por residual que sea, que lo es.

Resulta obvio que estas formaciones, que son las declaradas enemigas de la España constitucional que nació de la Transición, han entendido que el Rey es la pieza clave que se interpone en su objetivo que no es otro que destruir el Estado como lo hemos conocido en estos 40 años y que es el depositario del legado histórico de la nación más antigua del mundo para a continuación instaurar una república modelo bolivariano.

El Rey es hoy el objetivo a batir porque el Gobierno de la Nación, que debiera ocupar ese espacio en un reparto normalizado de deberes y obligaciones en una democracia liberal y representativa, se dedica a cortejar los votos de ese frente popular que amenaza la estabilidad y con ello la libertad y la seguridad de los españoles. El Ejecutivo de Pedro Sánchez, cautivo de su ínfima minoría parlamentaria y de su obsesión por mantenerse en el poder a cualquier precio, está desatendiendo obligaciones capitales en el amparo firme de los símbolos del Estado y con ellos de su legitimidad y vigencia frente a quienes lo atacan para minarlo, desactivarlo y desmontarlo.

Los socialistas se han esforzado en toda clase de gestos –casi los que le han exigido– hacia los separatistas y, por supuesto, ya cuentan con la extrema izquierda populista como socio y aliado preferente de su acción de gobierno. Se es por tanto complaciente, afín y generoso desde La Moncloa con quien ataca al Rey, insulta a España y amenaza a los españoles, como hizo Torra. Tanto que se llega a apoyar incluso la despenalización de la injuria a la Corona. No hay grandeza ni decencia en esta actitud, sino únicamente miseria política, pues la voluntad que lo alienta no es, no podría serlo, una causa mayor y trascendente, sino un fin personal que no converge con el bien de los ciudadanos.

No exageramos si decimos que el país atraviesa un tiempo muy preocupante e impredecible con certidumbres limitadas y confianzas firmes, pero menguadas. El Rey es hoy a los ojos de una inmensa mayoría de los españoles, el baluarte más consistente y entero en la defensa de nuestra democracia amenazada por un movimiento golpista en Cataluña y por una corriente de deslealtad a su alrededor. Es por ello que los españoles experimentan una empatía y cercanía crecientes con quien ha sabido estar siempre en su puesto y a la altura del momento histórico que le tocara vivir como en las dramáticas jornadas de octubre del año pasado. Y en ello sigue. Quienes pretenden debilitar y orillar al jefe del Estado con una grosera interpretación de sus actuaciones y responsabilidades y una lectura mendaz de lo que es y supone hoy, la Corona en nuestro país.

Están condenados al fracaso y además merecen la más contundente censura. Gastan mucho tiempo y dinero en intentar intoxicar y envenenar a la opinión pública para crear un caldo de cultivo adecuado para sus planes, pero la verdad es la que conocen y sienten los españoles. Al igual, el conocimiento de la razón principal de que muchos centroamericanos fueron motivados por fuerzas oscuras del izquierdismo para apurar una gran marcha hacia los Estados Unidos de Norteamérica.

El Rey ejerce la Jefatura del Estado Español, por mandato popular refrendado no sólo en la votación constitucional sino además en el día a día de un país que valora su servicio al bien común. La Monarquía constitucional ha sido promotora y protagonista principal de la etapa más próspera y benéfica de la historia de España, con las mayores cotas de libertad, con unos estándares de calidad de vida notables, hasta conformar una de las pocas democracias plenas del mundo. No hace falta ser monárquico de nacimiento para sentir inquietud ante el aumento de los ataques al Rey desde partidos políticos e instituciones de representación popular. Hasta el Parlamento de la nación, con el visto bueno del Gobierno socialista, se dispone a despenalizar, en el peor momento, las ofensas a la Corona. Asistimos a una ofensiva en toda regla promovida desde Podemos y las fuerzas secesionistas de Cataluña, de clara vocación republicana, que ponen en un serio compromiso al gobierno encadenado. No estamos ante una simple discusión intelectual sobre la forma de Estado, que eso es siempre interesante, aunque suele resultar estéril porque se imponen los viejos prejuicios. De lo que se trata es de cargarse el «régimen del 78», asentado formalmente en la Monarquía parlamentaria y que ha demostrado, en cuarenta años de vigencia, regir la etapa de más nivel democrático de la Historia de España. A los soberanistas catalanes además les estorba el Rey porque es el principal símbolo y aglutinante de la unidad de España, que ellos pretenden romper unilateralmente. Unos y otros han querido ver que este es el momento oportuno para dar el zarpazo ante la debilidad manifiesta del Gobierno español, que, por si faltaba algo, es su cautivo y baila según venga el viento. De ahí la gravedad de lo que está pasando.

Mientras tanto y ante la delicada situación, Felipe VI aparece relegado, ocupando en apariencia un segundo plano. Su presencia en el exterior ha caído en picado suplantado por el presidente Sánchez, y en España su actuación se reduce a los actos protocolarios acostumbrados y a las presencias obligadas, como si se le quisiera preservar, inútilmente, de los ataques y como si aquí no pasara nada. No puede decirse que el Rey no se comporte con prudencia. Puede que excesiva. Desde luego, en ningún momento ha sobrepasado, en su breve reinado, los límites constitucionales del 3 de octubre de 2017. Es lo que estos enemigos de la Constitución no le perdonan. Como declaró Carrillo, cuando pactó el reconocimiento por parte del PCE de la Monarquía, «lo importante no es Monarquía o República, sino democracia o dictadura». Los que han traicionado ahora este pacto histórico que facilitó la concordia deberían tenerlo en cuenta. Defender la Corona hoy es defender la Constitución y la democracia. Y, por supuesto, defender a España de los nuevos bárbaros.

Jair Bolsonaro, abre un nuevo surco de contradicciones al Grupo Podemos- Iglesias y a la izquierda clásica latina, conducida por imberbes y que han llevado nuestra economía venezolana ha un colapso total de quiebre.

Los mercados comienzan a mostrar lo que parece evidente: la economía sufrirá un frenazo durante el año que viene. Las caídas de las bolsas en torno al 10 por ciento en Europa y de más del 20 por ciento en Asia son un mal presagio. Las crisis bursátiles suelen adelantar el comportamiento de la actividad económica entre seis meses y un año. Los descensos, si no se recuperan en la recta final de año, apuntan a que 2019 sería un año de transición hacia un período de contracción de la economía. Así que las recomendaciones de Serrano Alfredo del Grupo Podemos, fracasaron, simplemente, deben irse del Continente Sudamericano.



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Emiro Vera Suárez


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