A vueltas con Greenpeace

Pero ¿qué cree que va a conseguir Greenpeace (a menos que sean suscripciones lo que busca en cuyo caso debiera hacerlo directamente, estamos hartos de indirectas), sobrecogiendo al mundo con estampas atroces del Ártico deshelado y de los osos polares depauperados ya en vías de extinción?

El deshielo del Ártico y el sufrimiento progresivo de su fauna es un síntoma. Pero es un síntoma más. que se une a decenas de síntomas de la degeneración biológica que padece el planeta y ya grandes partes de la humanidad: regiones del globo donde ya no hay agua y las consiguientes migraciones de sur a norte por otras causas pero también por ésta; en el Sudeste asiático y en la Amazonía deforestados; en los océanos, lagos, bosques, ríos y montañas donde ya no caben el detritus y la porquería... El fin próximo e inevitable del hielo en el Ártico es otra manifestación más del desastre global.

Por esta razón, Greenpeace debiera dirigir sus llamamientos a los gobernantes del mundo, no a nosotros que nada podemos hacer. Ya sabemos que los gobernantes del mundo se conducen por un sentido opuesto al nuestro, pues en lugar de potenciar al máximo la energía solar de una insolación que parece haberse ya enseñoreado del planeta, lo que hacen es repartirse los depósitos de petróleo que hay en el Ártico. Pero en tales condiciones, por muy loables y nobles que sean sus propósitos, ya nos dirá Greenpeace qué podemos hacer 7 mil millones que no contamos ni en esto ni en casi nada...

Los miles o millones que deciden en todas las naciones, y los centenares que rigen los destinos de las grandes potencias, ni ven ni quieren ver lo que ve Greenpeace ni lo que vemos nosotros. Los que deciden el apocalipsis prematuro principalmente por acciones y políticas descabelladas y necias, nos obligan a presenciar la extinción del oso polar del Ártico en el que ha puesto el foco Greenpeace, pero también el desastre general. Esos que se van sucediendo en el ejercicio del poder sin límites a esta escala, son los responsables...

Clame Greenpeace contra ellos, agite la conciencia de los gobernantes desde la bandera de la paz verde que enarbola. Atraiga la atención de esos miles o millones de locos de los que depende el destino del mundo, por si aún estamos a tiempo. Pero déjenos de amargarnos la vida como una mosca cojonera, pues nosotros, el común de los mortales, a quienes va dirigida su alarma, nos sentimos impotentes para hacer frente a los desmanes que han provocado la agonía del Ártico, los mismos que han percutido los demás desastres...



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Jaime Richart


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