Y pensar que todo fue por una "rata" británica

En 1660, reinando en Inglaterra Carlos II Estuardo, una rata grande, gris y peluda bajó de un barco. La rata no era una rata cualquiera; era portadora de las pulgas que transmiten la terrible peste bubónica.

A los pocos días el sucio Londres de entonces, lleno de callejuelas y de horrendas casuchas, era un solo llantén. La gente moría como moscas. Las ratas londinenses a su vez se infestaron y propagaron la enfermedad por doquier. Carlos II, desesperado y consciente de que sólo el incendio de los barrios marginales, que eran los más afectados, podía salvar a Londres, hizo que los quemasen.

El viento, asociado con el fuego, hicieron caso omiso de la real voluntad y, además de quemar las casas de los pobres, arrasaron con la casi totalidad de la capital del reino. Terminado el incendio, Carlos II exclamó con pena: Ya terminó la peste, pero Londres no existe; tendremos que reconstruirlo. Pero, ¿de dónde sacaremos tanta madera? Se necesitarían bosques enteros para rehacer los miles de casas que arrasó el fuego…

Embajador de España: Si su graciosa Majestad me lo permite, os hago una sugerencia como Embajador de España que soy; dirigíos a vuestro augusto primo, mi rey y señor Carlos II, y solicitad su venia para que explotéis alguno de los inmensos bosques del Nuevo Mundo, muchos de ellos deshabitados…

En ese entonces Inglaterra atravesaba una peliaguda crisis política y España era su aliada. Carlos I Estuardo, padre del gobernante y católico de uña en el rabo, había sido decapitado años antes por los reformistas capitaneados por Oliverio Cromwell.

Repuesto en su trono su hijo mayor, Carlos II, impuso por la fuerza la religión católica, haciendo otro tanto su hermano y sucesor Jacobo II.

Para España y Francia era cuestión de vida o muerte mantener en el trono de Inglaterra a los católicos Estuardo, quienes estaban además, estrechamente vinculados a sus reyes por razones de parentesco.

De ahí que Carlos II de España, quien además era imbécil, se dejó persuadir muy fácilmente de que se le concediese a su primo inglés un permiso de explotación maderera con el propósito de que reconstruyese la devastada Londres. La zona elegida fue Belice, frente a Guatemala, de cara al mar Caribe.

Londres fue rehecha de punta a punta con madera guatemalteca; los Estuardo desaparecieron como dinastía, y ocuparon su lugar los protestantes Hanover; se acabó el corto idilio entre España, Francia e Inglaterra; volvieron a las andadas; se hicieron múltiples veces, hasta nuestros tiempos, la paz y la guerra; pero Belice continuó siendo provincia británica, para indignación de nuestros hermanos.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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