El Plebiscito colombiano, gente de la MUD y los pueblos del mundo

Sobre los resultados de ayer domingo, referentes al plebiscito colombiano por la paz, hay mucho que hilar. Vamos a intentar decir algunas cosas que me llaman la atención y más que eso, prenden las alarmas.

            Esta mañana, estando en la caja de una panadería de Lecherías, espacio donde vive en gran medida gente de clase media acomodada, término más adecuado que ahora se me ocurre, y con preferencias políticas muy marcadas a favor de la MUD, tanto que el Alcalde del Municipio es militante de Primero Justicia, observé a la joven que debía atenderme, leyendo con cierto interés el titular del diario EL País, de los Poleo. Puse atención y leí más o menos lo siguiente:

            COLOMBIA SE SALVÓ POR UN PELO AL GANAR EL NO.

            En verdad, aquello me sorprendió. No esperaba que en Venezuela hubiese gente ganada para la guerra y en disposición de decirlo sin tapujos. Generalmente los guerreristas ocultan esos feos sentimientos y cuando desatan una guerra, se ocultan tras cuanta excusa encuentren, como que se limitaron a responder a una agresión aunque no tengan pruebas o inventan causas nobles, como las libertades, la democracia, armas de alto poder destructivo en manos del agredido por ellos.

           Es verdad, lo es, tanto que decirlo es una perogrullada, que en Colombia, no la mayoría, hay un buen número de personas que defienden la guerra, tanto como que ganó el NO en los votos depositados. Esos son aquellos que siguen las prédicas de personajes como Álvaro Uribe Vélez, la mafia del contrabando de drogas, terratenientes opuestos a que la Paz conlleve a la vuelta atrás a la actual forma de posesión. Es curioso, y muy importante, tomar en cuenta que según las cifras y estadísticas, en las zonas de guerra y sus cercanías ganó el SI. Pero perdió en aquellas muy alejadas del escenario bélico. En buena medida, las víctimas directas clamaron por la paz,

           Pero hay otra verdad inmensa que es un discurso largo, profundo y hasta alentador. Otra vez, como es costumbre, en Colombia se impuso la abstención. Según las últimas cifras, llegó al 63% de los nacionales con derecho a voto. O lo que es lo mismo, apenas votó un pírrico 37 por ciento. Estos números ponen en duda la legalidad de aquella votación y permiten afirmar o pensar que la mayoría de los colombianos pudieran estar por el NO. Esa mayoría silenciosa la forman los pobres de Colombia, víctimas de la guerra misma, de los terratenientes, traficantes de droga, comerciantes de la droga y la miseria y hasta del uribismo, que en fin de cuentas recoge todo lo anterior. Una mayoría que todavía desconfía y razones tiene para ello. Una insignificante cifra, alejada de la guerra o aprovechadora de ella, dijo No a la paz.

            ¿Cómo puede caber en la cabeza de alguien racional, que en verdad la mayoría de un pueblo opte por la guerra y no la paz? Se sabe que más de 4 millones de colombianos dejaron de votar a causa de los efectos del huracán que azota al Caribe. En esos espacios no se instalaron las mesas de votación.

            Pero aun así, a uno le Asaltan malos presagios. ¿No fue la FARC víctima de una trampa? Firmó unos acuerdos y adquirió unos compromisos que empezó a cumplir antes del plebiscito, como la entrega de armas y desmovilización de combatientes. Actuó como si ya todo estuviese consumado, sabiendo que habría de producirse el plebiscito. Menos mal, que el presidente Santos ha declarado que lo acordado, como el cese al fuego bilateral y definitivo sigue vigente. Pero hay otros asuntos como la seguridad de quienes depusieron las armas amparados en esos acuerdos, que parecieran quedar a la buena de Dios o la buena fe. Ojalá no se repitan viejas historias y Santos, por lo menos mientras esté en la presidencia, honre sus palabras, Deseo que no es muy animador.

            Ayer mismo, ya en Colombia se empezó a debatir en altos círculos políticos y judiciales acerca de sí el resultado del referendo es vinculante o no con lo acordado entre el gobierno y el alto mando guerrillero. La experiencia de los hechos ocurridos anteriormente, como acuerdos precedentes, terminaron en el asesinato masivo de quienes apostaron a la paz.

            Nosotros, pese a la presencia a última hora de la diplomacia gringa en jornadas relacionadas con el fin de la guerra entre la FARC y el gobierno, como la recientemente realizada en Cartagena donde se firmó el acuerdo de paz, oportunidad que también permitió a Maduro reunirse con Kerry, hemos venido diciendo que no creemos que EEUU o mejor el Departamento de Estado y el alto mando militar de ese país, compartan la fiesta de la paz. La pacificación en Colombia amplía las fuerzas revolucionarias por el cambio. Ese 60 por cientos de abstención, es el resultado, entre otras causas, de una política que no permite a la mayoría identificar una opción que la represente. Así pasó en Venezuela hasta que Chávez tomó el camino electoral, porque es un simplismo decir, que la mayoría de verdad-verdad en Colombia está con la paz, si no tendríamos que pensar absurdamente que se trata de un pueblo masoquista. Esto no es ni siquiera parecido a la verdad. Y esa ampliación de las fuerzas democráticas, por el cambio, sustentada en aspectos de los acuerdos de paz, daría respaldo en el futuro inmediato a lo que Evo Morales clama, la salida de las bases militares en América del Sur y el Caribe. Los gringos no pueden, por razones obvias, decir que quieren guerra; aunque la quieren y por ello, por debajo de cuerda, hasta utilizando a Uribe, alentaron a los enemigos de la paz y hasta pudieron amedrantar a contrarios a la guerra.

            ¿Qué pasará ahora? Esperemos para ver y volvamos a la caja de aquella panadería en Lecherías.

           Insistentemente, más del 70 por ciento de los venezolanos, lo que revela que en todas partes hay desquiciados, clama por la paz en su país. Pero aun así, el diario El País, reveló su estado anímico, carga de odio, cuando tituló como señalamos arriba. Es decir, según ese diario, alcanzar la paz sería una pérdida y desgracia para Colombia. Lo que los gringos no se atreven a confesar, tanto que como ya dije, Kerry estuvo en el acto de la firma, lo que implica un espaldarazo a aquella aunque sea de manera hipócrita, en Venezuela, por lo menos un sector de la oposición, el más radicalmente de derecha, lo confiesa sin pena ni temor alguno, en un país, donde según ellos mismos afirman, hay una dictadura.

            Cuando la joven dejó de prestarle atención al titular, me limité a preguntarle:

            ¿Estás de acuerdo que en Colombia o Venezuela haya guerra? ¿Crees que la guerra es buena y opción para mejorar nuestra vida?

            Me miró de frente, ignoró a la gente que estaba a nuestro alrededor, tres o cuatro personas que escucharon, y respondió con seguridad, sin evasiones:

            -“Para mí la guerra es lo peor que puede haber”.

           Esta expresión identifica el estado ánimo de la aplastante mayoría de los venezolanos. El titular de El País, de los Poleo, identifica el deseo de contribuir a desatar una guerra en Venezuela, mientras ellos ponen de por medio miles de kilómetros entre donde ahora residen y lo que sería el escenario de guerra. Desean entonces que nosotros nos matemos para ellos venir a recoger lo que quede tirado por allí.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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