Venezuela y España

Entre Venezuela y España hay bastantes más paralelismos de los que muchos empecinados de entre políticos y periodistas afines quieren ver, pues la obsesión es manifiesta. Y como toda obsesión, ésta la de fijarse en Venezuela como foco de los males, contiene los ingredientes del complejo del espejo. Es decir, no se comprende cómo teniendo en España la pobreza y demás problemas agudísimos que sufre la ciudadanía, se permiten esos telepredicadores acusarla de todo con la que está cayendo por aquí...

Venezuela, como otrora Libia y en general los países cuyos dirigentes tratan de profundizar en el socialismo, tienen demasiados enemigos y muy activos entre la gente acomodada como para que el socialismo pueda desarrollarse armónicamente con las libertades formales que a tantos entre nosotros, en España, no sirven más que para morirse de asco. Por eso muchos y muchas, que solemos estar al lado de los perdedores, nos unimos a la idea y no a los resultados de la idea. Pues los resultados de un propósito que trata de aminorar la desigualdad para que sea un hecho mayores cotas de justicia social, dependen del apoyo o del entorpecimiento de toda la colectividad con que tropiece el propósito político. En Venezuela es evidente que unos cuantos grupos nutridos y agitadores no están dispuestos a dar facilidades. Por eso no hay paz, una paz que sería posible si esos grupos elevarán el listón de su conciencia un poco más. En España, la idea de sus gobernantes, la neoliberal que predomina es la contraria a la de los gobernantes de Venezuela. Y sin embargo, los resultados en cuanto a la paz y a la justicia social no son muy diferentes. No obstante, ¡ojalá -seguro que dicen esos tres millones de almas que deben refugiarse en la filantropía para subsistir- tuviéramos nosotros cartillas de racionamiento!

Por lo que se refiere a las estadísticas sobre violencia física, tampoco por aquí deben estar muy lejos de las que se cuentan para el país caribeño. Porque la violencia moral, madre de la violencia física, generada por estos gobernantes españoles y sus acólitos, tampoco es probable que diste mucho de la que los alborotadores venezolanos y sus compadres españoles propalan, pues es patente que cada vez se hace más insoportable...

¡Menudo otoño de 2014 nos espera si los movimientos sociales precisamente, no son capaces de contener las iras del pueblo español en estado de ebullición y a punto de reventar!



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Jaime Richart


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