Leyendas eróticas indígenas

Nuestro guía kichwa Otorino nos contó historias aborígenes del Yasuní. Eran leyendas, fábulas, muchas de ellas de contenido erótico y sexual, pues la sexualidad para la cultura kichwa no es un tema tabú, como sí lo es entre blancos y mestizos. Por ejemplo el de la rana “tu-tu”, que enamoró a un joven cantándole desde un hueco del árbol: tu-tu. Y el joven ardiente creyó que era una mujer que le llamaba para tener sexo con él. Así que le dijo que bajara, que tenía un pene muy grande para complacerla.

La rana bajó y ya en el suelo se convirtió en una hermosa mujer, y le dijo “ya que te consideras tan hombre, enséñame el pene que tienes”. Pero él tenía vergüenza y no quería enseñárselo y le pidió que ella muestre primero, entonces ella le mostró la vagina. Al hacerlo el joven no tuvo más remedio que enseñarle su miembro, que la rana, ahora mujer, encontró bastante reducido, saltando de nuevo al árbol. Pero como el joven insistía en llamarla para tener una relación con ella, bajó y le agarró el pene, que produjo un líquido pegajoso y de un salto le estiró el miembro hasta arriba del árbol.

Una vez arriba la rana iba dando saltos de árbol en árbol y el pene del joven se iba liando, estirándose cada vez más y más. Al fin, después pasar por veinte árboles, la rana le dijo que si quería hacer el amor con ella se aferrara de su pene como una liana y subiera al árbol. Pero el joven no podía subir porque le dolía mucho. De pronto una mujer vieja, que era la misma rana, apareció junto a él y le preguntó qué quería. El joven le dijo que le cortara el pene y se lo dejara del mismo porte que lo tenía antes, y así lo hizo la vieja. Pero al encogerse, estaba tan estirado que se convirtió en vagina. La moraleja no nos la dijo Otorino. Cada cual puede sacar la que guste.

Otra historia que refieren es el árbol “consolador de la selva”. Se trata de un árbol que tiene unas raíces en forma de pene. También le llaman el pene del diablo. El árbol es una palmera muy alta y de gran dureza su madera, las raíces salen de la parte inferior del tronco en forma de penes y a medida que crecen se van enterrando y penetran la tierra. Son esos consoladores que sostienen la palmera, que van creciendo del tronco hacia la Pacha Mama, para satisfacerla. Nada pues más natural, dice Otorino. Cortar los árboles es dejar a la tierra sin amor. La tierra sufre y muere.



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Alfons Bech

Militante obrero, y revolucionario marxista. Miembro de de la CCOO, la federación sindical más grande de España. Activista político de L?Aurora y EUiA.

 albech12@gmail.com      @alfonsbech

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